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lunes, 4 de mayo de 2026

HÁPTICA


 

El tacto, hacer que el mundo digital, etéreo, se vuelva físico.

Una vibración en el móvil, una sensación de dureza cuando un cirujano corta un tejido a miles de kilómetros de distancia gracias a la telecirugía, un simulador de vuelo en el que se notan las turbulencias en los controles…


Y pensar que ya no sólo serán los invidentes los maestros de la háptica sino todos nosotros cuando queramos discernir el mundo “real” del “otro”.


Vivíamos, hasta hoy, en lo macroscópico y, por tanto, en lo sólido, líquido y gaseoso. Sin embargo existimos en lo microscópico donde sólo somos energía (esa que ni se crea ni se destruye).


Pero algo ha cambiado, un nuevo invitado se ha colado entre los tres estados tradicionales de la materia (y además sin pedir permiso) y ahora vivimos entre lo sólido, líquido, gaseoso y ¡digital!


Y ese nuevo “estado” está eclipsándolo todo, haciéndose fuerte, tomando posiciones, abotargando ciertos sentidos esenciales que, hasta hoy, nos conformaban como humanos.


Miramos sin ver, oímos sin escuchar, olemos sin percibir, ingerimos sin saborear y, cada vez, nos tocamos menos. 


En ese estado “digital” de existencia, en el que pasamos cada día una parte muy relevante de nuestra vida, nuestro “olfato” es solamente “intuitivo” y exploramos la háptica muy levemente; la inmersión es auditiva y visual en un 99% y la “realidad” toma formas oníricas y, en muchos casos, falsas.


Si queremos conectar emocionalmente de un modo pleno, como humanos biológicamente sólidos, líquidos y gaseosos, no podemos renunciar al tacto, al abrazo, al beso, al encuentro carnal, a cogernos de la mano; no debemos permitir que una lágrima se derrame por la mejilla de aquél que nos importa sin acercar nuestro dedo pulgar con ternura a su cara y secársela mientras le decimos que todo va a estar bien.


Si ser “humano” es renunciar al “tacto” quizá sea mejor para mí renunciar a esa nueva definición en la que se está convirtiendo la palabra “humanidad”.