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lunes, 9 de septiembre de 2019

NOS TOREAN


    


Capote de brega, de llamativo color fucsia… para hacerte creer que todo va a acabar en un mar de sudor y poco más.

Puyas afiladas a las que crees poder enfrentarte con tus ‘afeitados’ pitones. 

Rehiletes también llamados banderillas, no de las que acompañan vinos y cervezas sino de las que se clavan para siempre en el alma.

Muleta roja para disimular la sangría y enmascarar el final que sol y sombra esperan (y que tú crees que no llegará).

Estoque sin filo, de aguda punta, empuñado con destreza (o no) y siempre clavado con rabia.

Y, por si hiciese falta, preparado el verdugo, también llamado puntilla, dispuesto a cortar la médula espinal por la que fluye la vida.

Parafernalia perfecta para acabar con una clase media española, brava, criada en libertad, convencida de que el futuro era aquello a lo que se llegaba con esfuerzo, trabajo y un poco de suerte.

Ímpetu en el tercio de varas, aguante en el tercio de banderillas y perplejidad en un tercio que nunca imaginaron, el de muerte.

¿Y ahora qué?

¡Nos torean! Con intenciones que serían siniestras sino fuese porque ya conocemos el epílogo sin haber empezado a leer el prólogo.

Vivimos el peor momento de nuestra historia democrática en lo que se refiere al reconocimiento de los valores que han hecho progresar a nuestro país: la libertad de empresa, el esfuerzo por lograr que nuestros descendientes vivan mejor que nosotros y la capacidad para invertir, ahorrar y gastar de forma generosa y según nuestro criterio.

En pro de la defensa de un estado de bienestar igual para todos, se desincentiva a aquellos que no quieren ser ‘iguales’ sino mejores. Personas nada sospechosas de rezumar insolidaridad por sus poros, hombres y mujeres que creen en la posibilidad de que su entorno mejore si ellos logran mejorar (y que el esfuerzo de conseguirlo -aunque los resultados sean inciertos- vale la pena).

Gestionar la escasez es muy complicado, especialmente por la mezquindad humana que nunca ve al otro como igual sino como alguien a ‘batir’, por eso ¿no será mejor permitir la abundancia? 

Vestida de dádiva, disfrazada de limosna, presentada como donativo, la generosidad siempre es mejor que su alternativa. 

Con inyecciones incesantes de miedo, clavadas con sutileza desde los medios de comunicación oficiales y oficiosos, el hombre-masa que Ortega denostaba, se hace fácilmente manipulable y  siempre percibe al diferente como enemigo. Y sin diferencia no hay progreso.

Es urgente (e importante) volver a toriles y, de ahí, -librándonos del matadero- a la dehesa, ese ecosistema donde la libertad no sólo se intuye sino que se respira. Libertad de emprender, libertad de mejorar, libertad de clase media.


Y que el albero lo pisen otros, y que la suerte no sea de varas, y que la última muleta que veamos sea la que nos ayude a caminar mejor hacia esa libertad.

jueves, 30 de agosto de 2018

MI MUNDO



Hoy me he levantado en un mundo que no reconozco. Intento encontrar algo que me resulte familiar y, por más que busco... nada.

Mi mundo no era blanco o negro, tenía miles de matices.
Mi mundo era de personas, no de hombres o mujeres.
Mi mundo era de tomar decisiones y asumir las consecuencias.
Mi mundo tenía cicatrices que nos recordaban sufrimientos pasados que no íbamos a repetir.
Mi mundo era un lugar donde un accidente podía suceder sin culpables.
Mi mundo se podía tocar.
Mi mundo era ese ágora donde las falsedades jamás tenían rango de noticias.

Sigo buscando, miro a través de muchas ventanas y hasta el horizonte me parece finito. 
Estoy descolocado y no creo que pueda llegar a vivir en un lugar que no es mi sitio.

Veo mucha más caridad que solidaridad, y no me gusta.
Veo minusválidos emocionales por doquier, atiborrados a pastillas de falsa seguridad, y no me gusta.
Veo buenas personas pero muy pocas personas buenas, y tampoco me gusta.
Veo héroes muertos que nunca lo fueron.
Veo mediocres vivos que pretenden lo que jamás serán.
Y no me gusta.

Si alguien tiene la culpa de mi situación sólo puedo ser yo mismo, estoy en una dimensión desconocida sin saber cómo he llegado hasta ella.

La opción de regresar al refugio de mis convicciones no es viable si tengo que deambular por aquí.
La opción de convertirme es menos tolerable todavía.

No se trata de ser optimista, realista, pesimista, fuerte o débil, se trata de intentar conservar hielo en el corazón del sol. No acabo de verlo.

Sólo me queda esperar sin saber a qué o a quién, y escuchar voces en mi interior esperando que alguna me diga por dónde.

Mañana me levantaré, de nuevo, en un mundo irreconocible (quizá un poco menos) y pasado mañana lo volveré a hacer y así cada día hasta que ese mundo sea mi mundo. 

Ahora es el momento de tomar la gran decisión: acostarme ya, para despertar cada día en un nuevo mundo que cada día será más mío sin que yo lo desee, o seguir despierto viviendo mis últimas horas añorando lo que fue pero nunca más será.

Se me cierran los ojos...




miércoles, 14 de febrero de 2018

Comedia y Tragedia 'emprendedora'

Nos estamos disfrazando de ‘idiotas’ y nos va a costar quitarnos la máscara después del carnaval.

Dicen que la crisis ya ha pasado y a mí me da la sensación de que sí, de que ‘nos ha pasado por encima’ y nos ha dejado ‘atontados’ a la mayoría.

Pongamos en contexto estas reflexiones: “la gente habla de la feria como le va en ella” y yo, hablando con unos y con otros, al único que veo que le va bien en esta ‘feria’ es a Roche Farma,  la multinacional farmacéutica fabricante del Lexatin.

El optimismo obligado, siempre fingido, está pasando factura (y fractura) a los autónomos y pequeños empresarios. Hay que mentir a diestro y siniestro sobre la verdadera situación financiera de nuestros negocios y, lo que es peor, sobre nuestro equilibrio emocional y sobre el nivel de ilusión que tenemos puesto en lo que estamos haciendo (en muchos casos ninguna, ya que no sabemos ni nosotros mismos ¡qué cojones hacemos haciendo lo que hacemos!).

Sería cómico si no fuese trágico: nos mentimos a nosotros mismos ¡qué es todavía peor! Y lo hacemos sólo por miedo, el de reconocer que nuestro negocio no funciona, que nosotros no estamos haciendo las cosas como el mercado demanda, que el mercado ya no es el que era y que sólo estamos en posición de sobrevivir hasta que alguien nos rescate (un trabajo de m…, una pensión de m…, un ataque al corazón… cojonudo).

Nos hemos metido tal cantidad de ansiolíticos en el cuerpo estos últimos años en formas tan variopintas (autoayuda, gurús, cursillos varios) que nos han afectado al cerebro, ya no tenemos criterio empresarial, nos hemos vuelto adictos a la peor de las drogas: la esperanza.

Y la esperanza es lo único a lo que jamás debe ‘engancharse’ un autónomo. 

El único asidero de un pequeño empresario (si éste lo es de verdad) es ‘ingresar siempre más de lo que gasta’. El resto ¡m… !  

Pero nos da vergüenza reconocer que la mayoría de nosotros, los emprendedores, de nuestro negocio, stricto sensu, apenas obtenemos un dinerito mensual, limpio de polvo y paja, similar al salario mínimo (si es que llegamos a eso).

Por eso vivimos chapoteando en un magma que ya no se llama crisis pero al que nadie se atreve a llamarlo por su verdadero nombre: ¡m…!

Tragedia y Comedia, dos caras del emprendimiento. 

Tragedia si nos paramos a pensar en la cantidad ingente de autónomos, profesionales, pequeños empresarios y buscavidas que viven autoengañados en la pasión del arranque, atrapados en la jaula de las obligaciones contraídas o adormilados en el hastío de un negocio que ya no lo es (si es que algún día lo fue) esperando (de esperanza) no se sabe qué o a quién.

Comedia si observamos el falso orgullo con el que vendemos a los demás un negocio que parece ballena y sólo es sardina, y más comedia si nos fijamos en la sonrisa forzada que acompañamos a los argumentos que otros parecen querer comerse y que suelen escupir en cuanto nos damos la vuelta.

Mentiras verdaderas que nos hubiera gustado conocer antes de ‘liarnos la manta a la cabeza’ como emprendedores y que, desafortunadamente, descubrimos la mayoría de las veces demasiado tarde.

La recuperación económica es para unos pocos y la precariedad para la mayoría, y justo esos ‘precarios’ son tus clientes ¿qué le vendes a quién no puede comprar?

Hasta aquí, quinientas sesenta y siete palabras para denunciar una situación ¿y ahora qué? ¿Hay algo que podamos hacer?

1-Ser realista: si vas a probar esto del ‘emprendimiento’, lo primero, no te engañes a ti mismo. 

No te vas a hacer rico, y vas a tener que trabajar tanto que, si divides lo que ganas entre el número de horas que trabajas, comprobarás que apenas cobras 3 € la hora ¡Ups!. Nunca emprendas sólo por dinero, hazlo por realizar una actividad que te permita, la mayoría del tiempo, disfrutar mientras la llevas a cabo.

2-Ser práctico: aprende a nadar en la m… , en el magma quería decir, cuanto antes.

Tápate la nariz hasta que lo fétido te parezca perfume, porque las cosas no van a oler mejor a corto plazo, quizá todo lo contrario, y muévete mucho y constantemente, chapotea sin parar, recuerda que en la m… no se hace pie.

3-Ser humilde: los que están en la m… tienen mucho que enseñarte, escúchales.

Seguro que lo sabes todo de casi todo, pero para sobrevivir en esta nueva situación más te vale ‘soltar lastre’, desaprender y dejar hueco a nuevas competencias y habilidades, si la m… huele tan mal es también debido a la putrefacción de muchos ‘Masters del Universo’ que en ella se ahogaron llevándose con ellos todo eso que sabían.

Parece fácil ¿verdad?. Total, sólo hay que recordar tres cositas de nada. 

Pues no lo es. De hecho, son muchos los emprendedores que creen que se van a ‘forrar’ y además, trabajando más o menos las mismas horas que un empleado, y que se van a quedar con el mercado en un santiamén, y algunos, incluso, creen que van a ser capaces de ‘dar lecciones’ a los que llevan metidos en la m… un cierto tiempo.


La comedia y la tragedia de emprender: dos caras de la misma moneda que, cuando la tiramos al aire, esperando que el azar nos sea favorable, siempre acaba cayendo en el mismo lugar, ese lugar de m…



sábado, 11 de noviembre de 2017

¡HASTA LUEGO, LUCAS!

A veces escribo obituarios, no hoy. 

Tuve la suerte de observarte con admiración en una escena cotidiana de la vida, acompañado como estabas de tu mujer, en el lobby del Hotel Emperador en Madrid, hace ya muchos años. Y confirmé mis sospechas: eras de verdad, Chiquito o Gregorio, que lo mismo da. 

Cuando nadie te veía eras tú, tal y como a los demás nos gustaba que fueras. Con tus peculiares movimientos, con esa forma de andar que era más deslizamiento que una secuencia de pasos. 

No soy mitómano si se trata de cantidad, pero sé seleccionar mis querencias y, últimamente, parece que todos se van al país de mis recuerdos, un lugar en donde ya no cabe acción presente alguna, o quizá se van a un lugar en mi futuro en el que sólo me pueden reservar plaza desde dónde observarlos todavía más cerca el día que me toque aterrizar por allí.

No importa, Chiquito, en pasado, en presente y en futuro eres el único que me haces llorar de risa y de emoción al mismo tiempo, el único que remueves algo en mi interior que me reconcilia con la vida y me obliga a aferrarme más a la poesía como tabla de salvación de una humanidad que pierde progresivamente dos de los sentidos más importantes para evitar su autodestrucción (y no necesariamente por este orden), el sentido común y el sentido del humor.

¿Cómo hacer entender al mundo que tu capacidad de hacernos reír no está en lo que nos cuentas, o incluso en cómo nos lo cuentas, sino en tu destreza para llegar a lo más profundo de nuestro corazón?

Hace más de 20 años que si tengo que ser algo, prefiero ser un fistro y un pecador. Y mucho mejor todavía, un fistro pecador. Así, todo junto, con lo que cada uno quiera entender que estos adjetivos significan cuando se espetan inseparables con el tono de tu voz de prosodia malagueña.

Te has ido con Pepita que es lo que tú más querías (a ella e irte con ella). Me alegro por ti, ultimamente eras un sustantivo con patas: 'melancolía', del tipo A, esa que acaba matando al que ya está muerto aunque todos creamos lo contrario. 

Me alegro de que alguien haya escuchado tu ahogado "No puedo, no puedo..." y hoy hayas 'podido', por fin, seguir a los caballos que vienen de Bonanza por la pradera donde todos los 'pecadores' acabaremos reunidos, quedándonos de nuevo fascinados escuchándote cuando nos llegue el día que hoy te ha llegado a ti, ese en el que alguien nos dice 'quietorl'  y ahí acaba todo. 

Un día en el que sólo podemos mirar al tendido y decir lo mismo que tú has dicho hoy

¡Hasta luego Lucas!



jueves, 28 de septiembre de 2017

REENCARNACIÓN

Querido Hugh:

Eras el último reducto, el anacronismo vivo, la dualidad persona-personaje que convive en armonía. Por supuesto tenías que ser de otro siglo, incluso de otra década. Hoy ni siquiera hubieras nacido.

Admiré tu capacidad de lograr hacer realidad 'el sueño'. Ese que soñamos todos los hombres que sentimos a la mujer como el epítome de la belleza universal. 

La mujer. Ese ser poliédrico y difícil de entender, pero siempre digno de adorar, al que tú fuiste capaz de convencer de su poder. Un poder que hace esclavos a los hombres, esclavos de sus instintos y, sobre todo, de sus anhelos.

Y ahora ¿qué nos queda? Huérfanos acogidos por la pornografía, así nos sentimos. 

¿Quién conseguirá hacernos sentir de nuevo que en el elegante, artístico, escultórico desnudo femenino encontraríamos el nirvana?

Gracias de todos modos por tanta literatura y tantas curvas. 

Creo que todos morimos un poco contigo, muere nuestra juventud, muere la esperanza de un mundo en el que fémina y feminista pudiesen llegar a ser términos compatibles. 

Por todo ello te echaré de menos. 

Porque mujer, desnudo, sexo, pornografía, explotación, degradación, maltrato... hoy se agitan en una misma coctelera que más bien parece arma cargada de balas estigmatizadoras de hombres que sólo queremos seguir siéndolo, y no creo que me guste (sé que no me gustará) el sabor de ese brebaje.

Resistir, ocultar sueños (que nunca se cumplen pero gusta soñarlos), reprimir instintos (altos instintos), sobrevivir en una mentira políticamente correcta... no lo habrías tolerado Hugh, porque lo tuyo era destapar, descubrir, mostrar, y nunca sentirte culpable por ello.

No creo en la reencarnación, pero si creyese, tú serías mi primera opción. 

¡Descansa en paz! (Qué ya va siendo hora).



*Hugh Hefner, fundador de Playboy, falleció hoy, a los 91 años, en Los Ángeles, California.