Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta emprendimiento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta emprendimiento. Mostrar todas las entradas

miércoles, 14 de febrero de 2018

Comedia y Tragedia 'emprendedora'

Nos estamos disfrazando de ‘idiotas’ y nos va a costar quitarnos la máscara después del carnaval.

Dicen que la crisis ya ha pasado y a mí me da la sensación de que sí, de que ‘nos ha pasado por encima’ y nos ha dejado ‘atontados’ a la mayoría.

Pongamos en contexto estas reflexiones: “la gente habla de la feria como le va en ella” y yo, hablando con unos y con otros, al único que veo que le va bien en esta ‘feria’ es a Roche Farma,  la multinacional farmacéutica fabricante del Lexatin.

El optimismo obligado, siempre fingido, está pasando factura (y fractura) a los autónomos y pequeños empresarios. Hay que mentir a diestro y siniestro sobre la verdadera situación financiera de nuestros negocios y, lo que es peor, sobre nuestro equilibrio emocional y sobre el nivel de ilusión que tenemos puesto en lo que estamos haciendo (en muchos casos ninguna, ya que no sabemos ni nosotros mismos ¡qué cojones hacemos haciendo lo que hacemos!).

Sería cómico si no fuese trágico: nos mentimos a nosotros mismos ¡qué es todavía peor! Y lo hacemos sólo por miedo, el de reconocer que nuestro negocio no funciona, que nosotros no estamos haciendo las cosas como el mercado demanda, que el mercado ya no es el que era y que sólo estamos en posición de sobrevivir hasta que alguien nos rescate (un trabajo de m…, una pensión de m…, un ataque al corazón… cojonudo).

Nos hemos metido tal cantidad de ansiolíticos en el cuerpo estos últimos años en formas tan variopintas (autoayuda, gurús, cursillos varios) que nos han afectado al cerebro, ya no tenemos criterio empresarial, nos hemos vuelto adictos a la peor de las drogas: la esperanza.

Y la esperanza es lo único a lo que jamás debe ‘engancharse’ un autónomo. 

El único asidero de un pequeño empresario (si éste lo es de verdad) es ‘ingresar siempre más de lo que gasta’. El resto ¡m… !  

Pero nos da vergüenza reconocer que la mayoría de nosotros, los emprendedores, de nuestro negocio, stricto sensu, apenas obtenemos un dinerito mensual, limpio de polvo y paja, similar al salario mínimo (si es que llegamos a eso).

Por eso vivimos chapoteando en un magma que ya no se llama crisis pero al que nadie se atreve a llamarlo por su verdadero nombre: ¡m…!

Tragedia y Comedia, dos caras del emprendimiento. 

Tragedia si nos paramos a pensar en la cantidad ingente de autónomos, profesionales, pequeños empresarios y buscavidas que viven autoengañados en la pasión del arranque, atrapados en la jaula de las obligaciones contraídas o adormilados en el hastío de un negocio que ya no lo es (si es que algún día lo fue) esperando (de esperanza) no se sabe qué o a quién.

Comedia si observamos el falso orgullo con el que vendemos a los demás un negocio que parece ballena y sólo es sardina, y más comedia si nos fijamos en la sonrisa forzada que acompañamos a los argumentos que otros parecen querer comerse y que suelen escupir en cuanto nos damos la vuelta.

Mentiras verdaderas que nos hubiera gustado conocer antes de ‘liarnos la manta a la cabeza’ como emprendedores y que, desafortunadamente, descubrimos la mayoría de las veces demasiado tarde.

La recuperación económica es para unos pocos y la precariedad para la mayoría, y justo esos ‘precarios’ son tus clientes ¿qué le vendes a quién no puede comprar?

Hasta aquí, quinientas sesenta y siete palabras para denunciar una situación ¿y ahora qué? ¿Hay algo que podamos hacer?

1-Ser realista: si vas a probar esto del ‘emprendimiento’, lo primero, no te engañes a ti mismo. 

No te vas a hacer rico, y vas a tener que trabajar tanto que, si divides lo que ganas entre el número de horas que trabajas, comprobarás que apenas cobras 3 € la hora ¡Ups!. Nunca emprendas sólo por dinero, hazlo por realizar una actividad que te permita, la mayoría del tiempo, disfrutar mientras la llevas a cabo.

2-Ser práctico: aprende a nadar en la m… , en el magma quería decir, cuanto antes.

Tápate la nariz hasta que lo fétido te parezca perfume, porque las cosas no van a oler mejor a corto plazo, quizá todo lo contrario, y muévete mucho y constantemente, chapotea sin parar, recuerda que en la m… no se hace pie.

3-Ser humilde: los que están en la m… tienen mucho que enseñarte, escúchales.

Seguro que lo sabes todo de casi todo, pero para sobrevivir en esta nueva situación más te vale ‘soltar lastre’, desaprender y dejar hueco a nuevas competencias y habilidades, si la m… huele tan mal es también debido a la putrefacción de muchos ‘Masters del Universo’ que en ella se ahogaron llevándose con ellos todo eso que sabían.

Parece fácil ¿verdad?. Total, sólo hay que recordar tres cositas de nada. 

Pues no lo es. De hecho, son muchos los emprendedores que creen que se van a ‘forrar’ y además, trabajando más o menos las mismas horas que un empleado, y que se van a quedar con el mercado en un santiamén, y algunos, incluso, creen que van a ser capaces de ‘dar lecciones’ a los que llevan metidos en la m… un cierto tiempo.


La comedia y la tragedia de emprender: dos caras de la misma moneda que, cuando la tiramos al aire, esperando que el azar nos sea favorable, siempre acaba cayendo en el mismo lugar, ese lugar de m…



martes, 19 de agosto de 2014

SEGUNDAS OPORTUNIDADES

Ser consciente de que tú no llegarás vivo al final de la guerra porque tu salud ha quedado seriamente perjudicada en cientos de batallas no te exime de seguir luchando: por los otros, aquellos que todavía tienen esperanza y alguna oportunidad.
No hay épica en la ruina, sólo dolor y alguna posibilidad de aprender, generalmente para enseñar a otros.

http://www.lavozdegalicia.es/noticia/economia/2014/08/18/hemos-pagado-master-caro-llevamos-grabado-fuego/0003_201408G18P3998.htm

lunes, 2 de junio de 2014

DESEMPRENDER

Este es el único término que me faltaba por acuñar en el proceloso mundo del emprendimiento.

Estoy especialmente orgulloso de haber dado cuerpo a la palabra ‘emprendesario’ o al vocablo ‘emperdedor’ pero ninguno de ellos tiene tanta carga de profundidad en estos momentos como ‘desemprender’ o su variante ‘desemprendedor’.

Desemprender es nadar contra corriente, es ir en contra de la moda que nos envuelve de que todo el mundo puede montar un negocio o crear su propia empresa.

Desemprender es enarbolar un discurso realista y echarse a un lado cuando uno conoce sus limitaciones y sabe que el autoempleo no es lo suyo.

Desemprender es ser coherente incluso antes de haberlo intentado, es reconocerse a uno mismo en el espejo de un hipotético fracaso y apartar la mirada. 

Se puede y se debe estar muy orgulloso de ser un desemprendedor, lo mismo que cuando se es emprendedor, porque no intentar ciertas cosas en la vida en ningún caso supone fracasar o ser menos que nadie, más bien al contrario, puede suponer un síntoma de inteligencia que acabe marcando la diferencia entre nuestro éxito o nuestro fracaso como personas.

Me consta que hay mucho desemprendedor que no se atreve a “salir del armario” y disimula cada día haciéndose pasar por lo que no es. Sé que no es fácil cambiar cuando estás literalmente atrapado por un remolino de compromisos, de necesidades, de deudas, pero también sé que nunca vas a ser feliz si aquello que te ocupa más de la mitad de tu existencia diaria no es aquello que deseas.

Quiero, me gustaría, prometo que me empeñaré en ello todo lo que haga falta, ayudarte a romper tus cadenas de pseudoemprendedor y lograr que reconozcas (primero a ti mismo) que, en realidad, aspiras a desemprender y que lo vas a hacer cuanto antes, que no vas a permitir que sea demasiado tarde.

Tú no aspiras a las escasas satisfacciones que tiene el autoempleo, tú quieres vivir tranquilo y prefieres que las decisiones las tomen otros, especialmente aquellas que pueden tener consecuencias irrevocablemente negativas.

Tú quieres vivir en paz, comprometido en desarrollar lo mejor posible una actividad útil para otros, un trabajo que te reporte lo suficiente para comer y dar de comer a los tuyos (metafórica comida que nos sirve para definir aquellas necesidades básicas de la vida que, una vez cubiertas, nos permiten ser un poquito felices).

Si eres emprendedor de los de verdad, la vida está ahí para comértela a mordiscos, aunque te muerdan, las oportunidades sólo esperan a que tú las descubras, y las utilices, el fracaso apenas son siete letras que asustan menos si las ordenas de nuevo como ‘cosfara’ y te imaginas que se refieren a una exótica comida. 

Si eres emprendedor estás dispuesto a empezar de nuevo aunque sepas que el árbitro está a punto de pitar el final del partido, aunque sólo sea porque no podrías permitirte vivir con la sensación de duda que genera “el qué hubiera pasado si…”

Te lo pido por favor, no te engañes a ti mismo, no quieras ser lo que no eres, no intentes ser lo que otros quieren que seas, no emprendas sino eres emprendedor, y si ya lo has hecho: desemprende, cuanto antes, ya, hoy mismo, no esperes a que la telaraña te atrape un poco más en cada movimiento desesperado, en cada huida hacia delante, en cada suspiro por todo lo que nunca fuiste.

Un desemprendedor vivo es mucho mejor que un casi-emprendedor muerto. Y a ti te queremos vivo, sano, feliz, fuerte, optimista. Los que somos emprendedores de verdad te necesitamos para que nos ayudes, sin ti nuestras empresas sólo serían un solitario y aburrido lugar donde ir a trabajar, una ficción compuesta por nosotros mismos y nadie más.   

La actitud proviene de la esencia de tu ser, de lo más profundo de las emociones, y nunca tendrás actitud emprendedora si tu corazón no late en clave de asumir el riesgo inherente a la libertad de ser el verdadero dueño de tu destino.

sábado, 8 de marzo de 2014

EMPRECARIOS

Hace unos días, antes de que WhatsApp pasase a formar parte de Facebook, circulaba por ambas redes un texto que nos avisaba de que vivíamos en momentos extraños. Nos decía que, en España, “la clase trabajadora no tiene trabajo, la clase media no tiene medios y la clase alta no tiene clase”.

Ironías aparte, esta referencia a las clases sociales nos trae a la memoria a Guy Standing y a su libro “El precariado”, un neologismo que explica muy bien la fragmentación social que se ha dado en España en los últimos siete años de crisis, donde la polarización de la sociedad se ha impuesto definitivamente, dejando en un lado a las plutocracias y oligarquías tradicionales que representan menos del 10% de la población y, en el otro, al más del 90% de los ciudadanos que han visto esfumarse sus ahorros, su protección social y su futuro laboral y que se han tenido que instalar en unas circunstancias de ‘normalidad’ que algunos han definido incluso como “miseria digital”.

Ya no importa tanto el origen o el nivel de formación de las personas, en España confluyen en esa nueva clase social obreros sin cualificación y licenciados universitarios, autónomos y trabajadores de multinacionales, artistas y funcionarios, hombres y mujeres, jóvenes sin experiencia y mayores de cincuenta con una larga y exitosa trayectoria laboral a sus espaldas. Es un batiburrillo difícil de clasificar, un grupo tan heterogéneo que ni siquiera muchos de sus miembros son conscientes de que pertenecen a esta ‘emergente’ clase social.

A todos les une, sin embargo, la imposibilidad de salir de este averno con techo de cristal blindado que los de ‘arriba’ se encargan cada día de reforzar un poquito más con el fin de que no haya filtraciones hacia sus dominios.

Pero es sin duda, la imposibilidad de reponer los pocos recursos de los que van echando mano para sobrevivir (ahorros, patrimonio, amigos, ilusión), el recorte inverosímil de gastos familiares hasta extremos de economía de posguerra y, por último, su inmersión obligada en la fosa abisal de la morosidad lo que, de verdad, les une.

Es absurdo seguir negándote a ti mismo que estás con todos nosotros en el precariado. Cuanto antes lo asumas antes podremos organizarnos para intentar ayudarnos a vivir en él sin renunciar a convertirlo en algo mejor, e incluso a experimentar con fórmulas que puedan quebrar el vidrio laminado de seguridad transparente que nos aisla, mientras nos permite verla, de esa otra vida: la ‘supervida’.

Si tus gastos son los mínimos posibles y aún así no puedes pagarlos, si tus ingresos son claramente insuficientes para garantizarte una edad de jubilación o para pagar el techo donde has de vivir, desengáñate, eres un precario.

“Con escasa estabilidad, seguridad o duración, que carece de los recursos y medios económicos suficientes” Así te define el diccionario.

Ahora bien, si además tienes un pequeño negocio y estás intentando sobrevivir de él, entonces, enhorabuena, ya eres EMPRECARIO, el súmmum del precariado.         

Como EMPRECARIO, de forma silenciosa, imperceptible, el virus de la precariedad se habrá ido instalando en ti, como la vejez, inexorable pero de ataque pausado y constante, haciéndote creer que a ti no te llegará a afectar nunca ya que, piensas, “sólo tengo que mirar un poco más lejos en mi horizonte vital para alejarla, total ahora se muere con más de 100”.

Pasará, vendrán tiempos mejores, sólo hay que ser optimistas y ‘apretarse los machos’ ahora. Pasará (gritas), seguro que pasará.

¿Y si fuese esa la clave? Pasar, en el sentido más anglosajón de dejar de estar en este mundo. Muchos EMPRECARIOS pensamos que es peor la muerte a plazos que el accidente fatal donde ya no es posible enviar mensajes de despedida pero la liberación es automática.

Somos EMPRECARIOS, subclase de un precariado, aferrados a una existencia entre marcas blancas y recuerdos de lo que un día nos pareció el triunfo merecido por tanto esfuerzo. Y tú eres uno de los nuestros porque no hay otro lugar en esta sociedad dual totalmente desequilibrada donde puedas esconderte.

Cuando preguntes a otro autónomo o pequeño empresario ¿Qué tal? y te responda con un lacónico –Tirando- habrás descubierto nuestra contraseña, nuestra palabra clave: tirando, vivimos, de una pesada carga que no nos deja avanzar, creer que otros tiempos  volverán.

¡Jamás! Nunca volveremos a ser los mismos, deberemos aprender a querer esa imagen difusa todavía que el espejo nos devuelve cada mañana y que nos muestra levemente en lo que llegaremos a convertirnos.

Sí, es verdad, fuimos emprendedores, más tarde empresarios, pero ahora nos han transformado en EMPRECARIOS, por eso te hago esta pregunta para saber si ya eres de los nuestros:


Y tú ¿también vas tirando?       

domingo, 27 de octubre de 2013

APRENDER Y DEJARSE ENSEÑAR

Hace unos días, en una entrevista que me hicieron en RTVE, tuve la ocasión, una vez más, de insistir en la importancia de aprender del fracaso y en la necesidad que todo emprendedor tiene de contar con un mentor que haya fracasado y haya hecho lo propio.
Si emprendes tienes un 90% de posibilidades de fracasar, tu éxito será fracasar rápido y barato. La victoria radica en quedar levemente herido para poder levantarte e intentarlo de nuevo.
Si emprendes de la mano de un mentor que haya emprendido, que haya fracasado y, sobre todo, que haya aprendido de todo lo anterior, tus probabilidades de fracaso bajarán hasta el 50%.
Autoestima emprendedora toda, soberbia ninguna. Los que más saben más se dan cuenta de que les falta todo por aprender. Déjate acompañar una parte del camino y, si puedes, incluso permite que, antes de salir a caminar, alguien que tenga las suelas de sus zapatos desgastadas prepare contigo el viaje.    

http://www.rtve.es/alacarta/audios/la-lanzadera/lanzadera-17-10-13/2071442/

lunes, 23 de septiembre de 2013

VÍDEO: EN LA VIDA HAY QUE ESTAR SIEMPRE DISPUESTO A EMPEZAR DE NUEVO

Este pasado mes de julio, en la Universidad de Vigo, tuve la oportunidad de participar en la sesión de los talleres INCUVI  titulada "Cómo fracasar y no morir en el intento" organizada por Juan José Romero y Roberto Pérez  de la empresa Suma Importancia compartiendo ponencia también con Pablo Conde. Como estas sesiones se graban en vídeo con calidad, me gustaría compartir con vosotros mis reflexiones en el siguiente enlace https://www.youtube.com/watch?v=_iFcuvwmPyw


Y como siempre, si lo consideráis conveniente, difundidlo y compartidlo las veces que queráis.
Muchas gracias por dedicar 30 minutos de vuestro tiempo a escuchar una historia demoledora contada con cierto desparpajo.

lunes, 13 de mayo de 2013

ESPAÑOLADAS


Sin duda Don Alfredo Landa lo consiguió: nació llorando entre las sonrisas de los suyos y murió feliz, sonriendo al recordar su vida, entre las lágrimas de los muchos que le querían.

Parece que con su muerte nos atrevemos a reconciliarnos con muchas de sus películas, especialmente aquellas en las que nos hacía soñar con una España orgullosa de serlo, con muchos defectos eso sí, pero también con muchas ganas de superarlos con la vista puesta en una modernidad que acabaría llegando sin renunciar a nuestro propio ser.

Sin embargo, hasta hace muy poco, esa comedia llena de testosterona ibérica, de argumentos sencillos y de grandes dosis de sociología, se consideraba un género menor, puro entretenimiento para la tarde de los sábados de una España con sólo dos cadenas de televisión.

¿Y si asumiésemos de una vez la realidad de lo que somos como país y nos pusiésemos a la tarea de fabricar un nuevo futuro para España desde ese punto?

¿Qué pasa si de verdad somos parte de una “españolada” y tenemos que construir desde ahí? Absolutamente nada.

Tenemos las libertades suficientes, el marco jurídico necesario y los ciudadanos adecuados para, usando aquellas sin traspasar los límites de éste, asumir la nueva realidad de reconquistar sentimientos olvidados que siempre nos han caracterizado, en especial el del sentido del humor o, más bien, la capacidad de reirnos de nosotros mismos.

Bajitos y cabreados, puede que sí, pues nos sobran motivos para lo último y parece que  no hay manera de crecer por culpa del fardo de deuda que cargamos en la espalda. Y parece que sin esos centímetros de altura que nos faltan no somos capaces de decirles a los demás países que esta realidad española es antinatural, que no queremos ser Alemaña o Espamania y que, de seguir así, nos enterrarán en un cementerio de intereses   en donde seremos zombis para siempre, pero de los malos, e iremos a por ellos y acabaremos todos en una Europa de muertos vivientes.

Mientras tanto seguimos escondidos detrás de la soflama, de la indignación ineficiente y de mucha demagogia. Somos otra vez las dos Españas que se miran, una desde el “esto no va conmigo” mientras se hace más y más pobre cada día y otra desde el “hay que recuperar lo que nos han robado” que sigue sin darse cuenta de que lo robado ha desaparecido irremisiblemente. Y en el medio, los de siempre, apoltronados en su condición natural del “ande yo caliente…” al margen de la ley.

Ante este panorama yo he decidido dejar de ver este país como una gran multitud de gente cabreada y empezar a mirarlo a través de los ojos de cada una de las personas que viven en él. Y desde que he empezado me he topado con miradas ilusionadas, con ojos que han decidido no derramar más lágrimas, con pupilas que se dilatan si les hablas de esperanza, con pestañeos nerviosos llenos de ganas de comerse el mundo, con miopías que ya no lo son tanto, en definitiva, con personas que ya no tienen ‘vendas en los ojos’ y están dispuestos a luchar por ellos mismos y, de paso, por esa nueva España sea ésta como sea.

Es cierto que muchas de esas miradas eran de emprendedores, de personas que ya han tomado la decisión de ser dueños y responsables de su destino, importándoles cada día menos lo que otros digan de ellos y de esa ‘locura’ que están a punto de cometer. Sus ojos me dicen que están absolutamente convencidos de su éxito, tanto o más que el propio Señor Landa cuando se trataba de ligar suecas y, no nos engañemos, eso es lo único que importa para empezar.

No sé si el “landismo”, en esa parte de sentido del humor y alta autoestima que rebosa,  podría ser un ejemplo perfecto para un emprendedor, pero sí que es una buena referencia para hacerle mirar hacia delante sin preocuparse del qué dirán. Algún día ese emprendedor podrá reírse de aquellos que llamaban “españolada” a su proyecto y ahora lo consideran digno de recibir un Goya.   

martes, 7 de mayo de 2013

CALLE DEL TRABAJO




SEPE es el acrónimo de Servicio Público de Empleo Estatal, no lo digo yo, lo dice la página web del Ministerio de Empleo y Seguridad Social. Y lo primero que me llama la atención es que a ese acrónimo le faltan letras o, sencillamente, las tiene mal colocadas.

Si fuese SPEE estaría bien, porque sería casi como una droga de diseño, si fuese SEPUEMES tampoco estaría mal porque recordaría al mantra más repetido en estos tiempos “Sí se-puemes”, en cualquier caso para mí será siempre el INEM (Individuos Nunca EMpleados), un lugar donde te apuntabas cuando ya habías conseguido un trabajo, sólo porque era obligatorio que te expidieran un certificado para que la empresa que te había seleccionado pudiese formalizar contigo el contrato laboral.

Durante muchos años como empresario realicé contrataciones y jamás conseguí que el INEM me aportase ni uno solo de los trabajadores que yo demandaba, eso sí, cuando  seleccionaba a un trabajador éste tenía que pasar obligatoriamente por allí, afortunadamente hacía una cola diferente a los que estaban ‘sellando la cartilla del paro’ y perdía muy poco tiempo.

Esta reflexión me lleva a proponer la eliminación del SEPE. Que el Ministerio de Empleo se encargue de todo lo que tenga que ver con las prestaciones a desempleados y que la búsqueda de empleo pase a ser de ámbito puramente privado (agencias de empleo, ETTs, etc…). Un gasto menos.
  
A lo mejor estoy interpretando mal lo que significa ser un Servicio Público de Empleo Estatal y su verdadera función es dar Empleo Público en un Servicio más del Estado, es decir, a quienes hayan aprobado una oposición o hayan sido contratados por la administración. En este caso me reafirmo en lo dicho: es un organismo que sobra.

Si una empresa necesita un trabajador no duden ustedes de que lo encontrará sin necesidad de la intermediación de ninguna oficina pública, el problema ahora es otro totalmente distinto, en España no hay trabajo porque no se crean empresas suficientes  para que haya demanda de nuevos trabajadores y, además, en las empresas ya existentes a veces no hay negocio suficiente para mantenerse a flote y, mucho menos, para aumentar su plantilla teniendo que asumir los altísimos costes sociales que eso supondría.

Podemos caer en la tentación de valorar positivamente que a principios del mes de mayo de 2013 en España sólo haya 5 MM de parados apuntados en el INEM en relación a los más de 6,2 MM de ‘activos sin actividad’ que refleja la Encuesta de Población Activa, pero sólo estaríamos aplastando con cifras la cruda realidad de muchas familias que no trabajan, que no perciben ayudas del Estado y que, desgraciadamente, es muy fácil que ya formen parte para siempre de los excluidos sociales (los también conocidos como  pobres cuando no usamos eufemismos).

Entonces ¿qué hacemos? Lo primero ponernos de acuerdo en que, para que nuestro país siga siendo un lugar donde merezca la pena vivir, tendremos que dar trabajo, al menos, a 4 MM de personas en apenas dos años (asumiendo todavía un desempleo cercano al 10% de la población activa que en otros lugares sería una cifra insostenible).

Si estamos de acuerdo lo siguiente que deberíamos de hacer es eliminar las cotizaciones sociales de todos los autónomos y de todos los contratados por esos autónomos y por pequeñas empresas durante, al menos, esos dos años. En compensación, nadie de los que se acoja a estas exenciones computará ese período para su pensión o para su prestación por desempleo.

Por último deberíamos bajar los impuestos, especialmente los indirectos como el IVA para poner más liquidez en manos de los consumidores, a la vez que deberíamos lograr que fluya el crédito a través de un banco público que relaje los criterios de riesgo que actualmente la banca comercial está aplicando a particulares y empresas.

Si a todo lo anterior le sumamos el desmantelamiento de la macroestructura de las diferentes administraciones y mejoramos en eficacia e independencia nuestra justicia, entonces no habrá quien nos pare.

¿Fácil? Nada en la vida es fácil. ¿Urgente? Muy urgente. ¿Importante? Muy importante. 

Pasemos hoy mismo a la acción si no queremos que en el único sitio de nuestras ciudades donde haya trabajo sea en el nombre de una calle.

sábado, 16 de marzo de 2013

HABEMUS PAPAM


Mi colaboración para ASCEGA (escrita el 9 de marzo de 2013)




A las 16:30 h del martes 12 de marzo dará comienzo el cónclave que deberá decidir quién gobierna la iglesia católica en el futuro próximo.

Para muchos católicos la persona elegida les resultará indiferente, al cabo de unos días la aceptarán como cabeza de su organización y se olvidarán del pasado que haya tenido.

Es la aceptación de un liderazgo inherente a la esencia del cargo: una vez que hayas sido elegido Papa ya eres la persona adecuada.

Esta forma de liderazgo es la que se creen nuestros políticos que pueden ostentar por el simple hecho de haber ganado unas elecciones. ¡Qué lejos están de la realidad!  

Tendrán el poder pero han perdido su autoridad. El poder te lo otorga el cargo pero sólo puedes estar investido de autoridad cuando los que te siguen (o los que gobiernas) te respetan y consideran que sabes a dónde vas.

En España, el destino de nuestros gobernantes es únicamente ‘permanecer’. Permanecer en la política o sus adyacentes, extraer rentas de aquella y malinterpretar los versos de Góngora “Ándeme yo caliente y ríase la gente”  

Hecha la crítica (aprovechando acontecimientos vaticanos presentes) se impone un cambio de tercio en este artículo. O casi.
  
Los que hemos tenido la suerte de contemplar los frescos que Miguel Ángel pintó hace más de 500 años en la Capilla Sixtina, indefectiblemente, tras forzar nuestro cuello al máximo o incluso tras adoptar la postura decúbito supino en el centro de dicha capilla (con el riesgo de que nos pisoteen o de que nos boten), hemos detenido nuestra mirada en ‘La creación de Adán’ y, con un poco más de esfuerzo visual, en el maravilloso y evocador detalle que nos ofrecen las manos de Adán y de Dios, quizá a punto de tocarse o quizá después de haberlo hecho.

No sé exactamente lo que Miguel Ángel quiso representar con este apunte pictórico ínfimo respecto a la magnificencia de toda la obra, pero le agradezco que me permita utilizarlo como metáfora para crear mi propia teoría sobre la necesidad de transmitir a otros lo poco o mucho que algunos hemos aprendido de la vida.    

Dejando a un lado cuestiones bíblicas, quizá Dios fue un día Adán  y éste tendrá que ser algún día Dios. Está claro que es el dedo índice de Dios quién parece estirarse al máximo para transmitir el conocimiento, pero también parece que la mano laxa de Adán no favorece la recepción de esa enseñanza.

Es la vida, tú quieres compartir algo que para ti es crucial y, sin embargo, aquél que debe recibir tu experiencia o sabiduría no muestra la actitud adecuada para ello, incluso su lenguaje no verbal nos devuelve una figura displicente, alguien que nos está queriendo decir que le importa muy poco eso que estamos intentando transmitirle.

En el mundo empresarial sucede lo mismo, la autosuficiencia del emprendedor hace muy difícil que además de oírte te escuche. Si es joven, por la inconsciencia que otorga creer que se tiene toda la vida por delante, y si es mayor, por la importante dificultad para desaprender y dejar espacio a nuevos enfoques  “Hay otros mundos pero están en éste” dijo el poeta Paul Éluard.     

Creo básico el esfuerzo de ‘predicar’ aunque sea en ‘el desierto’, y mucho más en los tiempos que corren en España donde no podemos permitirnos errores empresariales, sobre todo aquellos que podrían evitarse si hacemos ver a los que deciden iniciar una pequeña-gran aventura de negocio por dónde no deberían ir.

Alertémosles sobre los ‘cantos de sirena’ de nuestros gobernantes y sospechemos cuando esos mismos gobernantes se travistan de adalides del emprendimiento. No nos dejemos engañar jamás por el anestésico halo de los cargos que ostenten, tupido velo que esconde su nula o mediocre experiencia en temas relacionados con los autónomos y las pequeñas y medianas empresas.
  
“Los caminos del Señor son inescrutables” pensó el hasta ahora Cardenal mientras recibía los abrazos y felicitaciones de sus colegas. Y su mente se trasladó muy lejos de ese momento y de ese lugar, a la pequeña parroquia de barrio en donde aprendió que lo importante son los ‘muchos pocos’ y que más vale pelear para que muchos pequeños alcancen sus objetivos que favorecer el que sólo unos pocos grandes cumplan los suyos.

Y volviendo al presente se prometió a sí mismo que no sólo no olvidaría esta lección, sino que haría todo lo posible para llevarla a cabo.

Pidió a todos los presentes que le permitiesen estar un momento a solas en la capilla donde había tenido lugar la votación y, una vez que todas las puertas se cerraron, con cierta indecisión se dirigió al centro de la misma, se agachó, apoyó las manos sobre la tarima de madera que habían puesto para esa ocasión tan especial y se arrodilló, a continuación, dejó que el resto de su cuerpo fuese lentamente al encuentro de ese mismo suelo.

Yacente miró hacia arriba y, en voz apenas audible, rezó. Buscaba una señal, algo que le diese las fuerzas necesarias para acometer con éxito tamaña empresa. Al cabo, mientras todavía oraba, sus ojos se dieron cuenta de que algo había cambiado en la escena pictórica que le había tenido fascinado toda su vida: el dedo índice de la mano izquierda de Adán se había estirado y tocaba, por fin, el dedo de Dios. La señal había sido dada.

Se incorporó con cuidado, se arregló el hábito y, sonriendo, salió de la Capilla Sixtina mientras, a lo lejos, le pareció oír como el protodiácono, ante lo que parecía el murmullo de una gran multitud congregada en la explanada de San Pedro, leía con una voz profunda pero muy emocionada:                  

Annuntio vobis gaudium magnum: Habemus Papam”

martes, 5 de febrero de 2013

martes, 27 de noviembre de 2012

El Patito Feo

Mi nuevo artículo sobre empendimiento en el Speaker's Corner de ASCEGA.
¡Espero que os guste!
El Patito Feo

martes, 20 de noviembre de 2012

ASCEGA

Quería dar las gracias a la Asociación de Emprendedores de Galicia (www.ascega.es) y, en especial, a su presidente Alfonso Salazar, por invitarme a formar parte de su junta directiva y, a la vez, darme un 'altavoz' desde la sección de comunicación de su página web para transmitir mis opiniones, ideas y experiencias.

Siguiendo con la línea argumental de mi libro, mi primera colaboración con ASCEGA, se titula
¡Manda Huevos!  y  empieza así:

"Emprendimiento y emprendedor ni siquiera existen en el diccionario actual de la Real Academia Española de la Lengua".             Leer más  pinchando aquí ¡Manda Huevos¡