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jueves, 16 de abril de 2015

España ¿capital? Suiza

Me preocupa tener dinero en la sucursal bancaria de toda la vida cuando veo que los que nos gobiernan y sus amigos hacen lo posible para guardarlo en la tierra de los relojes caros y del chocolate Nestle.

“Algo tendrá el agua cuando la bendicen” y bien protegidos estarán mis euros cuando reposen en una caja de seguridad de Ginebra.

Ginebra no es la ciudad del Gin Tonic, aunque su toponimia nos lo ponga ‘a huevo’, más bien es un lugar agradable, muy frío en invierno y fresquito en verano, lleno de alguna gente con mucha urbanidad y de otra que prefiere dormir en Francia e ir todos los días allí a trabajar porque es más barato. Con un gran pedazo de agua de origen glaciar de nombre Léman y un potente chorro de esa misma agua intentando alcanzar el cielo a cada rato mientras turistas y jubilados lo miran extasiados.

Ginebra es una ciudad donde preguntar la hora es motivo de burla, y donde pasear con las muñecas desnudas (las de las extremidades superiores me refiero), es tener todas las papeletas para ser extraditado. 

Me gusta Ginebra (y la ginebra) y, por eso, voy a llevar allí mi dinero. 

Como creo que es una magnífica oportunidad para hacer un poco de turismo ahora que falta poco para que la nieve se derrita (y también por evitar las restricciones del equipaje de mano que te ponen en los aviones), mejor voy a ir en coche hasta allí.

Me he informado y sólo necesito poner una pegatina en el parabrisas para que me dejen circular por ciertas carreteras, prometo comprarla en cuanto llegue, para que luego digan de los españoles. Mientras tanto, dudo si hacer una paradita en Andorra aunque, ahora -me comenta un amigo- ya no está tan de moda y no sé si valdrá la pena desviarse tanto por lo del tabaco.

Sólo me falta elegir banco y, en eso, lo tengo claro, quiero uno de allí, helvético pata negra, con señores trajeados hablando raro pero con esas llavecitas de las películas en donde ambos (el señor trajeado y yo) tengamos que meter nuestras respectivas copias en la doble cerradura de la caja de seguridad y hacerlas rotar simultáneamente para que se abran. Nada de códigos, pins o similares, eso es demasiado moderno para mí.

Y, por fin, lo más difícil de decidir: cuánto dinero dejo en la sucursal de mi barrio y cuánto me llevo a Ginebra.

Ahora que lo pienso ¿me cobrarán alguna comisión por domiciliar el recibo del Canal +? Es que yo soy poco de fútbol y mucho de documentales, en especial de esos del canal Viajar, por eso conozco tan bien Ginebra, sino habré ido más de diez veces no he ido ninguna. 

Que si Españoles por el mundo, que si Madrileños por el mundo, que si Gallegos por el mundo, que si Cocineros por el mundo, que si Encantadores de perros por el mundo, que si Últimos supervivientes desnudos en pareja por el mundo, etc… todos acaban yendo a Suiza y lo dicho, yo un sinfín de veces paseando por Ginebra (como la palma de mi mano me la conozco), si bien es cierto que me perdí (córcholis) el episodio de ‘Españoles abriendo cuentas opacas por el mundo’ , pero ‘malo será’, seguro que lo repiten antes de que vaya.

Mil, mil cien, mil doscientos, mil trescientos, mil cuatrocientos, mil quinientos… Dos mil y punto.

No, por supuesto que no estoy contando lo que me va a costar el viaje, sino el efectivo que voy a meter en la caja de seguridad. Pienso en pedirle a Don Julián, el cajero de mi banco (ya quisiera que fuera mío el banco, y Don Julián también, que mira que está bueno el condenado) que me dé billetes de 50 y de 100 para poder repartirlos en lugares seguros, especialmente en mi cuerpo, que nunca se sabe, son muchos kilómetros (especialmente por Francia que es donde nos vaciaban los camiones) y, si mi abuela metía el pañuelo en el escote, yo seguro que puedo usar el sujetador mínimo para mil euros (cuatrocientos setenta y cinco en la derecha y quinientos veinticinco en la izquierda que la tengo un poco más pequeña).

Lo dicho, con lo que me van a devolver de la renta y vendiendo esas acciones del banco que hace un año el anterior, del anterior, del anterior director de la sucursal me dijo que comprara, ya tengo los dos mil euros para llevar.

No sé cómo todo el mundo no hace lo mismo, sólo hay que ser un poco observador: todos los que en este país pintan algo llevan su dinero a Suiza, algunos como la baronesa Thyssen hasta tenían casa por allí. Y es lo que le digo yo a mi amiga Loli “Loli, vente conmigo y te abres otra cuenta con esos dineros que tienes debajo del colchón y seguro que nos dan dos cajas pegaditas una a la otra en la sección de España, que siempre tranquiliza saber que nuestro dinero está con el de nuestros compatriotas”

Ahora marcho que tengo que marchar, pero ya les contaré a la vuelta qué tal me ha ido con la ginebra, ¡huy! perdón, que tonta, en Ginebra quería decir, y prometo traer unos chocolates de recuerdo porque ya se los he prometido a Don Julián que él de ‘tableta’ me parece a mí que sí, que sí… 

lunes, 24 de marzo de 2014

NEGRO MURO

Apo tiene una edad, aunque no quiere que se sepa. Negro como la mayoría de sus compañeros, ahora está algo teñido: de rojo y de roja. De sangre y de España.

Apo tiene una patria pero no le importará relegarla a lo más profundo de sus recuerdos por un tiempo. Todo porque no quiere que más de dos años de viaje acaben en el mismo lugar donde empezaron.

Apo tiene una madre y, probablemente, un padre, aunque no lo haya conocido jamás. Y también una hermana, Amila, al menos es así como aparece en su perfil de Facebook, porque Amila tiene Facebook, y Apo también.

Una página en la que ha ido relatando su odisea cuando ha podido acceder a Internet desde su subsahariano teléfono móvil. Un muro lleno de fotos que nos hablan más de una huida que de una emigración.

Apo hoy está feliz, su sonrisa le delata, en la última foto que ha subido a la red esa sonrisa es más blanca que nunca, media luna que refulge como seguro lo hizo el satélite en algunas de las noches frías en las que Apo durmió mirándolo fijamente.

Apo ya está con nosotros y planea quedarse por mucho tiempo. Por sus venas fluirá durante años la esencia de la necesidad y, aunque es muy joven, tardará en olvidar por qué se fue y para que vino. Facebook estará siempre ahí para recordárselo y para que sus ‘amigos’ de allá abajo sigan su ejemplo y empiecen su propia odisea hasta llegar a un negro muro, negro de noche oscura, negro de piel y de futuro negro, un muro digital lleno de aristas donde perder las huellas, un muro donde las únicas fotos que se pueden subir son autorretratos de poca carne y de muchos huesos.

En poco tiempo Apo chapurreará un castellano eficiente que le permitirá buscarse la vida cada vez mejor, y seguirá compartiendo nostalgia y penalidades en su lengua natal con otros como él que, sino totalmente, algo le entenderán.

Su muro de Facebook se alimentará mejor que él, ya que Apo no puede permitir que su hermana sea la que invente las mentiras sobre España que su madre necesita oír, pero llegará un día en que Apo chocará con ese techo de cristal que a todos devuelve una imagen apagada, de un hombre mayor que nadie reconocería como el joven que traspasó aquella valla metálica, un cristal, cual espejo retrovisor, que idealiza lo que un día se quedó tras ese muro.    

Apo se engañará a sí mismo, como todos, y se convencerá de que las cicatrices todavía visibles de su cuerpo y las heridas siempre abiertas de su alma son un justo peaje por franquear una barrera hacia una vida mejor de la que hubiera tenido. Pensará que sólo debe arrepentirse de lo que no ha hecho, que lo que sucede conviene y que a él le han sucedido tantas cosas que no tiene derecho a quejarse.

Y su muro, que poco a poco irá siendo algo menos negro y un poco más gris, reflejo de sus cabellos tempranamente encanecidos y de sus recuerdos metálicos, seguirá proyectando una vida idealizada para quien, al otro lado del mundo, en un lugar enfrascado eternamente en conflictos alimentados por la miseria y la codicia, quiera creérsela.

Apo, como siempre ha hecho desde que salió de su otra patria, comprueba el nivel de batería de su móvil, de forma obsesiva, cada cinco minutos. En una de esas miradas furtivas descubre un mensaje. Es un mensaje de Facebook, firmado por un tal Mark, que le da las gracias por formar parte durante tanto tiempo, y de un modo tan activo, de su red social. Un mensaje donde Mark le invita a ver un vídeo hecho especialmente para él titulado Look back.

Apo posa su dedo corazón encima del enlace, duda un instante y, al final, presiona. Al cabo de unos segundos decenas de imágenes aparecen ante sus ojos transportándolo a través de una vida que, ahora lo sabe, nunca fue la suya.

Fundido en negro, fin de la historia, de nuevo delante de un muro. Ahora sólo le queda decidir si lo llena de auténtica vida. 

Apo apaga el móvil por primera vez en muchos años, se seca las lágrimas y, sin que nadie pueda evitarlo, se deja caer a la vía justo antes de que el metro frene en su última estación.

miércoles, 30 de octubre de 2013

PUTÓNOMAS

El otro día, caminando por la calle Montera de Madrid, a escasos metros de la Puerta del Sol, en una tarde noche abarrotada de paseantes, turistas, arribistas y demás fauna de diverso pelaje, me vino a la mente el despropósito de nuestro régimen especial de los trabajadores autónomos donde la mayoría de los emprendedores estamos porque no nos queda más remedio y donde a las prostitutas que, en ese y en otros muchos lugares de España, prestan, sin ningún interés, por cierto, sus servicios sexuales a todo aquél que esté dispuesto a pagar el precio que piden, no les dejan entrar.

Sórdido mundo el de la prostitución, como el del autónomo, sin protección ante los desmanes, siempre pendiendo de un hilo, regateando con clientes que si la ocasión lo permitiese nunca serían tales, en riesgo de exclusión, carne de cañón de enfermedades de todo tipo y sin garantía de que en un futuro no muy lejano exista algún tipo de protección social o pensión que haga su decrepitud más llevadera. Y lo mismo le pasa a las putas. 

El modelo de las putas independientes o “putónomas” como las llamaré a partir de este momento es, sin duda, la mejor lección de gestión empresarial que cualquier emprendedor puede recibir en estos duros días de necesidad si está pensando en autoemplearse, mucho mejor que cualquier master si uno tiene la paciencia suficiente y se para a observarlas un poquito.

Haga frío o calor, estén bien o mal de salud, ellas tienen que salir a vender(se), des-vistiendo sus mejores galas, sonriendo y lidiando con una segmentación de clientes impuesta por como sople el viento ese día. La competencia es brutal, las ofertas son del tipo “yo no soy tonto” y cada día las nuevas tecnologías hacen mella en su negocio (el e-commerce de la autosatisfacción se impone por inmediatez y por precio). La administración  no les pide licencia de ‘apertura’ pero impone cada vez más peajes a sus clientes, acosándolos para que se refugien en otros vicios de mayor carga impositiva.

El emprendimiento llevado a su máxima expresión. El crudo y real emprendimiento que apenas da para calentar el lugar donde se trabaja, una horizontalidad de vuelta y vuelta que te hace sentir usado y despreciado por aquellos que te compran un pedacito de tiempo sin IVA. Lo mismo que también les sucede a las putas.

Si esto sigue así todos acabaremos siendo putónomos o putónomas. Fuera del sistema, porque el sistema nos expulsa con sus costes imposibles de pagar, levantándonos cada mañana sin perder la dignidad que a la mayoría nos viene de serie, como el coraje, luchando por nuestros hijos, por nuestros padres pero, sobre todo, luchando por nosotros mismos para hacer frente al largo invierno que todavía nos queda hasta que un día decidamos dejarlo o, simplemente, nuestra mala salud o la impaciente fiereza de la lozana juventud nos saque del mercado y nos arroje a la cuneta.

Mientras tanto, no nos queda más remedio, trabajemos a destajo pero con la conciencia muy tranquila, incluso cuando la factura de nuestros servicios de supervivencia brille por su ausencia,  y por encima de todo no nos engañemos a nosotros mismos con las manidas cantinelas de “yo lo puedo dejar cuando quiera” o “esto es temporal hasta que encuentre algo mejor” porque quizá no nos dejen salir de este agujero o quizá nunca haya nada mejor fuera de él.

Igual que Edward Lewis pudo rescatar a Vivian Ward en Pretty Woman, quizá sólo nos quede soñar, como se sueña en Hollywood, que alguna gran empresa nos saque de nuestra calle Montera particular en donde ejercemos cada día el negocio de sobrevivir y quizá nos haga ricos para siempre. 

Quizá pueda sucedernos a alguno de nosotros pero si es a ti al que le pasa, no te olvides nunca de todos los que nos quedamos atrás, arropados por la tenue luz de una farola parpadeante que alarga las sombras casi tanto como nuestra miseria.      

martes, 28 de mayo de 2013

EL TAMAÑO SÍ IMPORTA


No me lo nieguen, seguro que, al verlo, ustedes también lo han pensado: la mano derecha del famoso David de Miguel Ángel es ¡totalmente desproporcionada!

¡Ah! ¡Qué me dicen! ¿Qué no se habían fijado en la mano? Entonces ¿qué cojo… están mirando? ¡No me lo digan por dios, no me lo digan!

Perdonen que me sirva de esta metáfora escultórico-sexual, pero quería llamar su atención sobre algo que puede ser determinante para todo el que se esté planteando emprender hoy en España, me refiero a la ventaja que puede suponer crear un micro negocio, sinónimo de ligereza, austeridad, flexibilidad, rapidez y, a la vez, antónimo de carga, inmovilismo, indecisión, deuda.

Si en los tiempos que corren un mileurista es un privilegiado, creo que también un microempresario podría considerarse alguien bastante afortunado. Me explico: probablemente no podrá aspirar a ganar mucho dinero, pero para el mundo low cost que le va a tocar vivir quizá le resulte suficiente, aunque le suponga vivir en un presente continuo sin pensar demasiado en otro tiempo verbal, el futuro perfecto.

Por el contrario, sus agobios económicos serán mucho menores al no tener los lastres propios de una empresa de mayor tamaño (trabajadores, inmuebles, stocks, impagos peligrosos, préstamos excesivos, altos impuestos, etc…) y sus barreras de salida, si el negocio no funciona, también serán mucho menos dolorosas para él.

La estadística nos demuestra que, en la Europa actual, los paises más ricos tienen un volumen de medianas empresas más alto y los más pobres son los que lideran la lista de autoempleo. Sería deseable que España estuviese entre los primeros pero no es así, y creo que va a ser muy difícil que algún día pueda estarlo, por lo que sólo nos queda mejorar ese autoempleo haciendo que los proyectos de emprendedores individuales sean más eficientes y duraderos.

Ser eficiente es conseguir el máximo resultado con la menor cantidad de recursos y un emprendedor que aspire a ser duradero, además de optar por mantener un tamaño lo suficientemente pequeño, debe aspirar a la máxima eficiencia. Cuando vea que el negocio se le escapa de las manos o que no es capaz de asumir la carga de trabajo que supone, deberá tomarse un tiempo para reflexionar y ver si el problema está en su capacidad o, simplemente, en la mayor dimensión que su empresa empieza a sufrir.

¿Falta de ambición? En absoluto si la decisión de no crecer es consciente y está interiorizada. ¿Fácil? Para nada, a veces la codicia vencerá y el emprendedor verá como sus principios se tambalean queriendo ser más grande de lo que es.

En cualquier caso, pequeño no significa inútil o discapacitado, desde su reducto el micro emprendedor tiene la misma imaginación que los demás y, si sabe sacarle partido, innovará, se adaptará y conseguirá que su ‘aldea gala’ resista la invasión ‘romana’ una y otra vez.

Como siempre he oído decir a muchos asiáticos “lo importante es saber usarla”. Ustedes ya me entienden ¿verdad?

Por supuesto se refieren a la mano ¿o en que po… estaban pensando?     


jueves, 23 de mayo de 2013

¡UP!




Hace unos días un buen amigo me decía “Desengáñate Manolo, actualmente sólo hay dos tipos de pequeños empresarios en España, los que no tienen dinero y los que todavía no se atreven a decir que no lo tienen”

Y lo grave es que mi querido amigo no va muy desencaminado en su reflexión.

El pequeño empresario de este país ha tenido que adaptarse a una nueva realidad para la que no estaba preparado, una tormenta perfecta en la que no hay crédito y no hay consumo suficiente para que todos los negocios sobrevivan. Algunos han asumido la nueva situación con dignidad, reduciendo costes, abaratando precios, perdiendo margen, renunciando a su bienestar personal, mientras que otros todavía no se atreven a decirle al mundo que ya no son los de antes, que ya no disponen de liquidez suficiente, aunque se pasen el día disimulando de forma algo patética, resistiéndose a enfrentar su nueva condición de empresarios pobres.

Creo que, unos y otros, están obligados a no pronunciar nunca más ese chascarrillo de “te juro que es la primera vez que me pasa” y, si hace falta -que estoy seguro de que a muchos les hará mucha falta- tendrán que echar mano de toda la ayuda externa que puedan encontrar para seguir erguidos, incluso en forma de píldoras, sean del color que sean.

Ante este panorama para los que ya están metidos en la “carrera de la rata” se contrapone la situación de aquellos que todavía no han dado el salto pero que están pensando en emprender micro negocios. Estos sí que tienen suerte: saltarán a la piscina sabiendo que no tiene agua y, en los tiempos que corren, esto es una gran ventaja.

Por qué digo sin ningún tipo de ironía que “es una gran ventaja”, porque aunque la Ley de Murphy nos diga lo contrario, creo sinceramente que, para el micro emprendedor, las cosas no pueden ponerse más difíciles de lo que están. Y me van a permitir que explique tan arriesgada profecía.

En primer lugar, creo que la información sobre la situación económica de nuestro país es clara y meridiana: está hecha unos zorros. Con esa perspectiva, ningún emprendedor de un pequeño negocio en su sano juicio aspirará a obtener rendimientos superiores a los de la pura supervivencia y, sinceramente, ese objetivo todavía me parece alcanzable en la España de hoy.

En segundo lugar el emprendedor al que nos referimos, al que llamaré a partir de este momento “E-lean” en su acepción anglosajona, donde la E es por Entrepreneur (emprendedor-empresario) y lean por ser un adjetivo que significa ‘austero’, goza de un gran privilegio: no tiene gastos excesivos ni compromisos previamente adquiridos para su negocio que le lastren, es alguien que puede incluso permitirse el lujo de empezar, ver como responde el mercado, hacer las adaptaciones oportunas si puede y, si su negocio no funciona, cerrarlo sin demasiadas consecuencias.

En tercer lugar, y mientras no se le reblandezca la memoria, si logra salir adelante, siempre actuará con ese principio de austeridad (especialmente en la deuda) con lo que tendrá más posibilidades de sobrevivir a largo plazo que cualquier empresario de hoy que haya montado su negocio en la pretérita época de bonanza crediticia y de consumo.      

Con todo, un “E-lean” no está libre de cometer errores, del acoso de la administración, del azote de la competencia, de la falta de recursos, de los bajones anímicos, etc… por eso, aunque viaje ligero de equipaje y pueda cambiar de dirección buscando vientos más favorables, estoy seguro de que algún día también necesitará tomar alguna píldora para mantenerse firme, lo que no le quitará mérito alguno a su hazaña de emprender.

En resumen, si hay una oportunidad para emprender en este país sin duda es para el valiente “E-lean”, y si usted tiene una idea de negocio piense en las ventajas que supone llevarla adelante sin demasiados riesgos aunque el resultado económico no sea para entrar en la lista de la revista Forbes.

Es como volar en una compañía low cost frente a una tradicional, la primera le permite llegar a lugares no muy lejanos, a un bajísimo precio si sólo viaja con una simple maleta de mano, la segunda le llevaría al fin del mundo con todo el equipaje que usted desee pero, simplemente, usted no puede pagar el billete. Mi elección es obvia: yo quiero volar (emprender) y no ver desde la sala de espera (paro) como otros despegan (trabajan). Si usted piensa lo mismo que yo sólo me queda una palabra por decirle:  ¡UP! 

lunes, 13 de mayo de 2013

ESPAÑOLADAS


Sin duda Don Alfredo Landa lo consiguió: nació llorando entre las sonrisas de los suyos y murió feliz, sonriendo al recordar su vida, entre las lágrimas de los muchos que le querían.

Parece que con su muerte nos atrevemos a reconciliarnos con muchas de sus películas, especialmente aquellas en las que nos hacía soñar con una España orgullosa de serlo, con muchos defectos eso sí, pero también con muchas ganas de superarlos con la vista puesta en una modernidad que acabaría llegando sin renunciar a nuestro propio ser.

Sin embargo, hasta hace muy poco, esa comedia llena de testosterona ibérica, de argumentos sencillos y de grandes dosis de sociología, se consideraba un género menor, puro entretenimiento para la tarde de los sábados de una España con sólo dos cadenas de televisión.

¿Y si asumiésemos de una vez la realidad de lo que somos como país y nos pusiésemos a la tarea de fabricar un nuevo futuro para España desde ese punto?

¿Qué pasa si de verdad somos parte de una “españolada” y tenemos que construir desde ahí? Absolutamente nada.

Tenemos las libertades suficientes, el marco jurídico necesario y los ciudadanos adecuados para, usando aquellas sin traspasar los límites de éste, asumir la nueva realidad de reconquistar sentimientos olvidados que siempre nos han caracterizado, en especial el del sentido del humor o, más bien, la capacidad de reirnos de nosotros mismos.

Bajitos y cabreados, puede que sí, pues nos sobran motivos para lo último y parece que  no hay manera de crecer por culpa del fardo de deuda que cargamos en la espalda. Y parece que sin esos centímetros de altura que nos faltan no somos capaces de decirles a los demás países que esta realidad española es antinatural, que no queremos ser Alemaña o Espamania y que, de seguir así, nos enterrarán en un cementerio de intereses   en donde seremos zombis para siempre, pero de los malos, e iremos a por ellos y acabaremos todos en una Europa de muertos vivientes.

Mientras tanto seguimos escondidos detrás de la soflama, de la indignación ineficiente y de mucha demagogia. Somos otra vez las dos Españas que se miran, una desde el “esto no va conmigo” mientras se hace más y más pobre cada día y otra desde el “hay que recuperar lo que nos han robado” que sigue sin darse cuenta de que lo robado ha desaparecido irremisiblemente. Y en el medio, los de siempre, apoltronados en su condición natural del “ande yo caliente…” al margen de la ley.

Ante este panorama yo he decidido dejar de ver este país como una gran multitud de gente cabreada y empezar a mirarlo a través de los ojos de cada una de las personas que viven en él. Y desde que he empezado me he topado con miradas ilusionadas, con ojos que han decidido no derramar más lágrimas, con pupilas que se dilatan si les hablas de esperanza, con pestañeos nerviosos llenos de ganas de comerse el mundo, con miopías que ya no lo son tanto, en definitiva, con personas que ya no tienen ‘vendas en los ojos’ y están dispuestos a luchar por ellos mismos y, de paso, por esa nueva España sea ésta como sea.

Es cierto que muchas de esas miradas eran de emprendedores, de personas que ya han tomado la decisión de ser dueños y responsables de su destino, importándoles cada día menos lo que otros digan de ellos y de esa ‘locura’ que están a punto de cometer. Sus ojos me dicen que están absolutamente convencidos de su éxito, tanto o más que el propio Señor Landa cuando se trataba de ligar suecas y, no nos engañemos, eso es lo único que importa para empezar.

No sé si el “landismo”, en esa parte de sentido del humor y alta autoestima que rebosa,  podría ser un ejemplo perfecto para un emprendedor, pero sí que es una buena referencia para hacerle mirar hacia delante sin preocuparse del qué dirán. Algún día ese emprendedor podrá reírse de aquellos que llamaban “españolada” a su proyecto y ahora lo consideran digno de recibir un Goya.   

martes, 30 de abril de 2013

Sr. Radical


En España hay unos 70.000 presos y unos 14.000 monjes contemplativos, estos son los únicos colectivos que no tienen que preocuparse de nada. Tienen comida y techo garantizado sin tener que realizar un trabajo remunerado.

Puestos a elegir, la alternativa carcelaria te ofrece mayor contacto con el mundo exterior (visita dominguera) y relaciones sociales más amplias (paseo por el patio), a su vez, la clausura monacal te garantiza una total tranquilidad interior y una vida sin mayores sobresaltos (ya se sabe que hablar está sobrevalorado).

Si no te convencen ninguna de estas dos opciones, siento decirte que ubicarse en alguno de los grupos que contempla la última Encuesta de Población Activa no te asegura nada, incluso la opción de ser empleado público está en entredicho, ya que en cualquier momento empezarán a rebajarles el sueldo hasta límites sólo conocidos por los antiguos funcionarios de la ex Unión Soviética.

Dejando al margen los criterios para definir lo que es una persona ‘Activa’ para la EPA (las amas de casa no lo son), en España somos 47 millones de ciudadanos (bajando) y sólo a 22,8 millones se nos considera ‘Activos’. De ellos, tan sólo 16, 6 millones ejercen como tales.

No voy a comentar lo obvio, la insostenibilidad del estado de bienestar que conocemos  cuando sólo un 35% de la población está ocupada, me temo –permítanme la digresión-  que tendremos que inventar otro modelo y calificarlo como ‘de bienestar’ aunque no se parezca ni ‘por el forro’ al que habíamos alcanzado. Sin embargo sí voy a realizar un análisis microscópico de los datos, enfocando mi lente en la distribución de esas personas ‘Ocupadas’.

Grosso modo, de los más de 16 millones de personas ocupadas, 10 millones y medio lo son por cuenta ajena, 3 millones  por cuenta propia y casi otros 3 millones serían empleados públicos.

Hace un tiempo, desde las asociaciones de autónomos y pymes se decía aquello de que “si cada uno contratase un trabajador, se acabaría con el paro” parece que ahora van a tener que contratarse al menos dos… O quizá también se podría doblar el número de autónomos y que los 6 millones resultantes contratasen a los 3 millones de parados que quedarían, ‘et voilà’, pleno empleo en España.

Sobre el papel todo resulta fácil, pero la realidad es que no se puede montar un negocio o hacerse autónomo cuando no hay mercado objetivo para tu producto o servicio. Y, desgraciadamente, en España, no hay consumo suficiente para tanto potencial autoempleado. Tengamos en cuenta que más de 5 millones de personas de las ocupadas no llegan a ganar 1.000 € mensuales lo que, tras el gasto de subsistencia (vivienda, comida, salud) poco les queda para hacerse consumidores de otros servicios (sector éste, el de servicios, en el que la mayoría de los autoempleados recalan cuando deciden montar su propio negocio).   

Por tanto, cuando los políticos enarbolan la bandera del ¡Hágase emprendedor! ¡Monte su propio negocio! deberían ser conscientes de que ofrecer este tipo de sacrificios a los dioses de la economía no sólo no va a solucionar nada sino, más bien, todo lo contrario.

Otras soluciones típicas que también se proponen para mejorar los resultados de la EPA, acaban pasando siempre por la internacionalización, y no me refiero a fabricar productos en nuestro país para exportarlos (apenas tenemos industria) me refiero a lo que antes se conocía vulgarmente por ‘emigración’ ya que, si buscas trabajo, quizá lo encuentres fuera de España y nos arregles un poco la estadística.

Nos queda el reparto del trabajo, pero como ya hemos visto, si ganas menos de 1.000 € es poco probable que puedas trabajar la mitad, cobrar 500 € y sostener a tu familia. Aunque es verdad que tendrías mucho más tiempo para estar con los tuyos, no en todos los casos esto es tan maravilloso como lo pintan ¿verdad?

Por tanto nos abocamos al sistema ‘Robin Hood’, debemos robar a los ricos para dárselo a los pobres. Esta es una metáfora válida para el principio lógico de redistribución de rentas que cualquier democracia esgrime en su esencia pero que, como vemos todos los días, no se cumple.

Entonces ¿qué hacemos?  Lo primero dejar de engañarnos a nosotros mismos y asumir la cruda realidad.

Viviremos más pero viviremos peor. Dispondremos de menos dinero y tendremos menos servicios públicos gratuitos. La mayoría no podremos jubilarnos porque alcanzar una pensión digna será imposible, no habremos cotizado los años necesarios ni la cantidad adecuada. Probablemente no tendremos una vivienda en propiedad porque, incluso tras acabar de pagar la hipoteca, los impuestos sobre ella la convertirán en una carga imposible de aguantar y prefiramos venderla (eso sí, a un precio muy por debajo de lo que nos costó). Nuestros padres no nos podrán ayudar y nuestros hijos mucho menos y, lo peor, nosotros no podremos ayudar ni a nuestros padres ni a nuestros hijos.

Una vez que nos hemos quitado la venda de los ojos sólo nos queda proponer alternativas radicales si queremos lograr otro futuro diferente al que hemos descrito en el párrafo anterior.

A mí se me ocurren varias cosas radicales, la primera dejar el aparato del Estado en su mínima expresión (aunque eso suponga a corto plazo otro millón más de parados y acabar con las autonomías), lo segundo dejar de pagar la deuda pública renegociando con nuestros acreedores nuevos plazos de amortización y abono de intereses (y, por tanto, dejar de emitir deuda nueva), lo tercero negociar nuestra posición en el club que llamamos Unión Europea (si no les gustan las nuevas reglas que les vamos a proponer, nos marchamos), lo cuarto, en función de lo anterior, mandar el euro a tomar viento y volver a la peseta, lo quinto dedicar los recursos del país a crear o relanzar sectores estratégicos de futuro (energías renovables, sector primario, investigación, tecnología, etc…) y lo sexto, hacer que el máximo número de personas del mundo sigan creyendo que, a pesar de todo lo radicales que nos hayamos vuelto, somos un magnífico lugar para venir a visitar e, incluso, para invertir o quedarse a vivir.

Seguro que si cada uno de nosotros, detrás de nuestro nombre de pila, nos ponemos a modo de apellido el adjetivo RADICAL (que según el diccionario de la RAE significa  “Partidario de reformas extremas, especialmente en sentido democrático.”) podremos imaginar soluciones que nos saquen de este berenjenal donde nos hemos metido sin necesidad de tener que optar entre el hábito o el traje a rayas.

sábado, 27 de abril de 2013

UN PAÍS PARA... REÍRSE



Allan Stewart Königsberg dijo “La última vez que estuve dentro de una mujer fue cuando visité la Estatua de la Libertad”

Claro que, cuando pronunció esa frase, ya era conocido como Woody Allen.

Sólo nos queda el Sentido del Humor como arma y la Poesía como refugio, digo yo.

La tragicomedia en la que estamos inmersos en España nos está quitando las ganas de reír. No sé por qué.

Acaso no es gracioso ver como los medios de comunicación se congratulan de cada una de las emisiones de deuda pública que somos capaces de colocar. Por ejemplo, el pasado 7 de marzo, el Tesoro Público colocó 2.435 Millones de euros a 10 años a un tipo de interés del 4,615%. Esto significa que habrá que devolver ese dinero algún día con sus más de 120 Millones de euros de intereses cada año (sí, más de 1.200 Millones de euros, casi la mitad de lo que nos han prestado) y lo más gracioso es que, muy probablemente, el dinero captado se haya destinado íntegramente a pagar intereses o amortización de deuda antigua ya vencida.

Y acaso no es muy gracioso que muchas de Sus Señorías, aprovechando que el Congreso con sus leones está a sólo dos pasitos del Hotel Palace, decidan ir a degustar allí ‘el menú del día’ a costa de nuestros impuestos.

Y no es motivo de risa que en aras del bien común y para “hacer país” un famoso Diputado de las Cortes catalanas de larga raigambre política se interese por un asunto tan importante para la seguridad de las personas como las inspecciones técnicas de los vehículos.

Acaso no es para desternillarse que alguien pueda verse inmerso en un expediente de regulación de empleo de una empresa no habiendo trabajado nunca en esa empresa (o incluso no habiendo trabajado nunca). 

No me negarán que hay motivos más que de sobra para la carcajada en España. A mí, de hecho, se me saltan las lágrimas cuando veo el telediario, escuchando noticias sobre juicios tipo “Saqueo 2” y pensando que se roba tanto en este país que hasta los procesos judiciales necesitan secuelas.

Si el que no se ríe en esta España nuestra es porque no quiere, miren ustedes que hasta tenemos humor gráfico de primer nivel, fotografías con protagonistas que navegan y viajan juntos pero que no se conocen realmente de nada. Fotografías de elefantes, pseudo princesas, árabes en el golfo y golfos que quieren irse con los árabes. Total, un cachondeo de país.

“Eso es así” que dirían Rafa y Fali con sus “sevillanas maneras”. Un “fistro” de país lleno de “pecadores de la pradera” que se nos está quedando ‘Chiquito’ de tanto que lo están robando.

A lo mejor es sólo sensación mía, pero hace no pocos años, día sí, día también, cuando te encontrabas con un amigo por la calle no era extraño que en la conversación contases o te contasen un chiste. Hoy, el único chiste es tu propia cara de gilipollas, la que se nos está quedando a todos viendo lo que están haciendo con nosotros.

En fin, me aplicaré la innata sabiduría del señor Stewart y, como a veces me resulta difícil esbozar siquiera una sonrisa, seguiré su teoría según la cual “el sexo es lo más divertido que se puede hacer sin reírse” y, de paso, aprovecho para recordarle a nuestros gobernantes que practicar sexo nada tiene que ver con ‘andar jodiendo’. Ja, ja, ja…

martes, 16 de abril de 2013

LA MUJER MUERTA



La Mujer Muerta es una alineación montañosa perteneciente a la Sierra de Guadarrama que formando un destacado cordal, y vista desde la llanura segoviana, toma la aparente forma de una mujer tumbada, dormida o muerta, cubierta por un velo y con los brazos entrecruzados.

Quizá uno de los lugares desde donde se la puede observar con mayor nitidez es la primera planta del inacabado Palacio Real de Riofrío, situado a tan sólo 11 kilómetros del mucho más conocido Palacio Real de La Granja de San Ildefonso. Un palacio, el de Riofrío, rodeado de un bosque increíble, antiguo coto de caza, con una extensión de 625 hectáreas, cercado con tapia de piedra y poblado, entre otras muchas especies, por cientos de gamos y ciervos.

La historia de este palacio, y el motivo de traerla hoy a este artículo es, sin duda, por representar perfectamente la metáfora del despilfarro al que, desde tiempos inmemoriales en España, nos tienen acostumbrados nuestros gobernantes.

Siendo rey Fernando VI, y estando en esos momentos la corte de manera casi permanente en La Granja de San Ildefonso, con tal de quitársela de encima, permitió que su madrastra, la reina madre Isabel de Farnesio, construyese otro palacio a poco más de 10 kilómetros  y sin reparar en gastos.
  
Ella, en previsión de que a su hijo Carlos que, en aquel momento, era rey de Nápoles y Sicilia, no le quedase patrimonio significativo en España, veía la construcción de un palacio que superase incluso al de La Granja en magnificencia como la forma más obvia de defender los intereses de su primogénito ante su medio hermano el rey Fernando. Por eso las obras se inician en 1751 y siguen un ritmo frenético durante los siguientes siete años hasta que el palacio alcanza casi el mismo aspecto que tiene hoy en día.

Lo que la reina madre no imaginaba (aunque no lo sintió en absoluto) es que Fernando VI iba a morir en 1759 y que su hijo regresaría de inmediato de Italia para ser coronado como sucesor de la corona con el nombre de Carlos III de Borbón.  En ese momento el palacio ya no le hace falta y, en ese mismo instante, las obras de Riofrío se paran y, casi 300 años después, podemos visitar lo que algunos llaman “el capricho de una reina” tal y como ella lo dejó.

Lo que nadie cuenta de esta historia es qué les pasó a los artesanos, obreros y comerciantes que proveían al nuevo palacio de todo lo necesario para su construcción y acondicionamiento ¿llegaron a cobrar del nuevo rey lo que se les adeudaba en el momento en que las obras se pararon? ¿tuvieron la capacidad de reclamar a la corona sin sufrir represalias?    

Teniendo en cuenta que Carlos III  se verá obligado, pocos años más tarde, a lanzar la que podríamos definir como la primera emisión de deuda pública española para sufragar los enormes gastos de las guerras que mantenía la corona, que crearía el Banco de San Carlos (el germen de nuestro actual Banco de España) y que haría nacer la Lotería Nacional, me da la sensación de que los del palacio de Riofrío no lo tuvieron nada fácil para cobrar.

Y todo lo anterior pasaba durante el reinado de, para muchos, el mejor rey Borbón que hemos tenido en España, ni me quiero imaginar lo que hubiera pasado en otros tiempos como por ejemplo en los de su nieto el Rey Felón.

La Historia nos persigue y parece que, en este país, no lograremos desprendernos nunca del fatalismo que suponen unos gobernantes que sólo se dedican a preocuparse por sí mismos y por su ‘corte’.       

Con apenas unas leves reformas que se han ido haciendo a lo largo de los años, al Palacio Real de Riofrío se logra darle uso como ‘pabellón’ de caza, como alojamiento puntual del rey consorte Francisco de Asís y, durante dos meses de verano, como lugar elegido por el rey Alfonso XII para llorar a su esposa María de las Mercedes. También fue ocupado en el pasado siglo por el ejército e, incluso, por la Sección Femenina, hasta que Patrimonio Nacional lo convierte en museo, destacando la parte dedicada a Museo de la Caza, sin duda uno de los mejores del mundo, con unos dioramas espectaculares que muestran especies que muchos taxidermistas de hoy jamás soñarían tener entre sus manos como el águila real o el lince ibérico.
  
Les recomiendo encarecidamente una visita a Riofrío y les recuerdo que no deberían dejar pasar la oportunidad de ver, desde alguna de las enormes ventanas del primer piso, la estampa de esa mujer yacente, metáfora de una España que, para unos parece muerta y que otros todavía pensamos que sólo está profundamente dormida, esperando el ‘beso’ que la devuelva a la vida. 

sábado, 23 de marzo de 2013

HIPORREALISMO

El otro día me enteré por casualidad de que un antiguo compañero de colegio, Pedro Campos, se había convertido en uno de los pintores hiperrealistas más importantes del panorama artístico actual, y me he permitido utilizar uno de sus cuadros (sí, es un cuadro) para ilustrar este nuevo artículo de mi blog. Espero que me perdone por tamaño atrevimiento: intentar que mi texto esté a la altura de su arte.

Disfruten de esta metáfora de una España que está por escribir y que, tan largo será el texto, necesitará varios lápices para completarse. Metáfora de la transparencia necesaria que sólo aporta el vidrio vacío.

VELIS NOLIS  hoy, en España,  vivimos en el 'hiporrealismo' , todavía no queremos asumir la realidad tal y como es.

Somos un país donde el debate no se debería centrar en si hay o no pobreza, sino en cuántos millones de personas están instaladas ya en ella, y en cuantas de esas personas no abandonarán nunca esa desgraciada condición que es antesala de la miseria.

Somos un país que acumula una deuda similar a lo que 'factura' anualmente (PIB) y que sólo vive de pedir prestado y congratularse de ello, mientras ve como la economía real (esa que da trabajo) se destruye inexorablemente.

Somos un país que no quiere reconocer su destrucción para poder empezar a ser reconstruido.

Somos un país que se engaña a sí mismo porque tiene miedo a coger las riendas de su destino, prefiere que sean otros quienes se lo dicten.

Somos un país que está perdiendo muchas cosas pero que no las está sustituyendo por otras, que prefiere vivir recordando lo que fue, en vez de trabajar por algo nuevo, por algo en lo que tenemos que llegar a convertirnos.

Siempre me ha gustado una frase del musical "El hombre de la Mancha" que dice "No te enamores del hombre que eres sino de aquél en el que puedes llegar a convertirte".

No sé en que España real nos convertiremos, pero me gustaría poder 'enamorarme' de ella.    

miércoles, 6 de marzo de 2013

90" - 180º by D. Westry


Sólo te harán falta 90 segundos para reconciliarte con la esperanza.
No se trata de inventar lo que ya está inventado, se trata de ‘darle la vuelta’ a las cosas, de proponer diferencias que sorprendan.
Somos tan grandes como queramos llegar a ser.
España es un gran país, aunque todavía no somos capaces de imaginar el país que seremos. Quizá debamos asumir que nada tendrá que ver con el que hemos conocido, pero eso no significa necesariamente que sea peor.
No debemos resignarnos a que sólo haya dos tipos de españoles: los ‘Españoles por el mundo’ y los españoles de ‘Callejeros’.
Sin embargo, por el momento, como dice bien claro el aforismo “debemos preocuparnos del presente porque es donde vamos a vivir más tiempo”.
Desde nuestra condición de emprendesarios, lideremos hoy la evolución hacia ese país donde nuestros hijos tendrán su presente, huyamos de revoluciones que siempre implican ‘sangre’, elijamos ‘veranos’ en vez de ‘primaveras’ e indignémonos en positivo cada vez que en el mercado surja alguien nuevo capaz de hacer las cosas un poco mejor de lo que nosotros las hacemos.
Siempre habrá alguien capaz de mostrarnos que la respuesta ha estado delante de nuestros ojos todo el tiempo. 
Quizá sólo tengamos que hacer girar 180 grados nuestra realidad para descubrir en qué nos vamos a convertir.

sábado, 2 de marzo de 2013

¡QUIETO TODO EL MUNDO!

¿Cuándo se dará cuenta nuestro gobierno de que sólo se trata de dejar que nazcan pequeñas empresas sostenibles económicamente? ¿Cuándo se enterarán los que gobiernan de que el empleo es la consecuencia del nacimiento y supervivencia de muchas de esas empresas? Y ¿cuándo se convencerán de que para animar a alguien a crear una empresa hace falta mucho más que el caramelito de unas mínimas bonificaciones surrealistas en las cuotas de la Seguridad Social?

Lee mi artículo completo escrito para ASCEGA pinchando aquí      ¡Quieto todo el mundo!

martes, 5 de febrero de 2013

martes, 15 de enero de 2013

'EMPERDEDORES'




Los que me conocen saben de mi curiosa afición por acuñar ‘palabros’. De hecho, en la ‘esquina de los habladores de ASCEGA’, ha visto la luz un término del que me siento especialmente orgulloso: ‘Emprendesario’.

Desgraciadamente, adelantándome a lo que se atisba en el horizonte, me veo obligado a inventar un nuevo vocablo: ‘Emperdedores’.

Los ‘emperdedores’ van a ser todos aquellos que en este año 2013 intentarán “La locura de emprender en España” y se pegarán la mayor hostia de su vida.

¿Cuál será el perfil de estos ‘emperdedores’?  Generalmente personas de mediana edad bienintencionadas que han perdido su trabajo por cuenta ajena y que, tras darse de bruces una y otra vez con la cruda realidad española del “no hay trabajo para una persona como usted”, han tomado la decisión de invertir la mayoría (sino todos) sus ahorros en montar un ‘negocio’.

El problema es que nadie les ha explicado que montar un negocio es como enamorarse y que, cuando pasa la fase inicial de pasión provocada por la química, donde cualquier esfuerzo, cualquier adaptación y cualquier sacrificio se hacen con una sonrisa, tendrán que seguir alimentando la relación y haciéndola evolucionar para que no se muera. Y eso cuesta mucho ¡vaya si cuesta!

Cuando una persona ha trabajado por cuenta ajena durante la mayor parte de su vida y, además, su reloj biológico roza los 50, no está preparada, ni física ni psicológicamente, para el sacrificio que implica montar un pequeño negocio en el que, siempre, la delgada línea que existe entre sobrevivir o fracasar la marca él mismo, porque su negocio dependerá casi exclusivamente de él.

Estoy seguro de que personas con el perfil mencionado anteriormente, seguramente muy cualificadas y con amplia experiencia en un sector, podrían ser muy válidas para participar en un pequeño proyecto empresarial pero, sinceramente, no creo que puedan ni deban liderarlo.

Cuando no tienes el suficiente capital para ser inversor o rentista, las indemnizaciones por despido, la capitalización del paro, los ahorros de toda una vida o el dinero que puedas pedir prestado suelen ser cantidades insuficientes para ‘vivir de rentas’ aunque sí son válidas para lanzar un pequeño negocio de autoempleo, por lo que esa suele ser la única solución que el ‘bienintencionado emprendedor’ atisba en el horizonte para orientar su vida profesional. 

El problema es que él no ve las cosas de este modo, todo lo contrario, se ve capaz de sacar su proyecto adelante y se lanza a la piscina aturdido por las feromonas y la adrenalina que le provoca este enamoramiento de su nueva vida. Y lo hace, la mayoría de las veces, sin escuchar ni dejarse asesorar por nadie con criterio y, casi siempre, sin plan B o red de seguridad alguna.

Lo más grave es que, siguiendo el principio popular de que “no hay peor ciego que el que no quiere ver” no considera las nefastas consecuencias vitales y profesionales de un error de cálculo, devastadoras sin duda para cualquier empresario pero mucho más para perfiles como el suyo.

Cuando has sido empresario toda tu vida y has ‘fracasado’, pero asumes las consecuencias porque sabías que las reglas del juego eran las que eran y que otros jugaban con cartas ‘marcadas’, tienes una posibilidad de levantarte, mirar hacia delante y, si le echas muchos huevos, volver a intentarlo (tengas la edad que tengas).

Cuando tropiezas en el único intento de autoempleo de tu vida laboral y ves como se van por el sumidero todos tus ahorros, y no sabes lo que va a ser de tu vida a partir de ahora, generalmente no te cuestionas el porqué, más bien te preguntas ¿y ahora qué? (a veces mirando fijamente al bote de pastillas).

Has despertado de un sueño romántico y te has dado de bruces con una realidad muy desagradable, una realidad que hace que te lamentes tarde, muy tarde, de no haber pedido ayuda, de no haberte dejado asesorar, de no haber contemplado la posibilidad de  permitir que sea otro el que lidere tu proyecto o, simplemente, de no haber invertido tu dinero en el proyecto de otro a cambio de un puesto de trabajo.

Estoy convencido que el verdadero futuro en España para los muchos que van a necesitar ‘comprar’ su puesto de trabajo, pasa por acercarse a los que sabemos lo que es crear una empresa y conocemos los riesgos que supone hacerla sobrevivir día a día en un momento tan complicado como el que atravesamos y que, por mucho que nos digan desde el gobierno, va para largo, para muy largo.

Hay muchas formas de buscar trabajo, pero sólo una es válida actualmente en nuestro país para los mayores de 45 años que siempre han sido empleados por cuenta ajena: ponerse en manos de los que sí somos ‘emprendesarios’ y permitirnos que les ‘fabriquemos’ un puesto de trabajo a medida de sus necesidades.

Usted decide: ‘comprar’ un trabajo a su medida con alguna posibilidad de futuro o postularse para que, en poco tiempo, le admitan en el, nada exclusivo y sí muy numeroso, club de los ‘emperdedores’.

Llámeme, le ayudaré a tomar esa decisión.

(Artículo publicado en www.ascega.es  el 15 de enero)     

P.S. Pisar la luna. Épico, sí, pero... ¿rentable?


martes, 23 de octubre de 2012

EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS

En estos meses he escrito muchas cosas y no he publicado ninguna hasta hoy, pero ahora ha llegado el momento de compartir con vosotros mi profunda preocupación por España.

Vivimos en un país que no es capaz de enfrentarse de cara con sus problemas. Y el principal problema que tenemos es ocupar de forma retribuida a unos cuantos millones de personas, en especial a cientos de miles de jóvenes que no han trabajado nunca.

Nos morimos y no queremos darnos cuenta. Creemos haber encontrado un tesoro al que nos aferramos y nos estamos ahogando con él. Estoy hablando de nuestra legislación laboral, esa que nos impide relacionar libremente a personas que necesitan una ocupación retribuida con personas que necesitan la labor de aquellas para desarrollar un negocio.

¿No será mejor una persona trabajando y cobrando por ello bajo un acuerdo libre entre él y quién lo necesita, que esa misma persona ocupando un lugar en la cola del paro?

Una de las múltiples paradojas de nuestra legislación laboral es que, si yo deseo libremente dedicar todo mi tiempo a realizar una tarea que me propone otra persona y ésta me retribuye de acuerdo al valor que le aporto, no basta con que celebremos un contrato mercantil entre ambos en calidad de autónomos, nuestras normas laborales nos obligarán a una relación de dependencia laboral que ninguno desea y que si no aceptamos supondrá un riesgo cierto de sanción económica.

¿Por qué ha fracasado estrepitosamente la regularización de los empleados del hogar? Porque una familia no es una empresa y, por tanto, no puede ni debe asumir las responsabilidades y los costes que implica ser empleador en España. Sin duda es el o la profesional que deciden dedicarse a prestar este tipo de servicios los que deberán adscribirse al régimen de autónomos como la menos mala de las fórmulas de legalizarse y pagar sus impuestos.

Propongo que todos aquellos parados que, libremente, decidan ocupar su tiempo en ayudar a sacar adelante algún negocio o alguna empresa de otra persona, cobren su retribución de forma neta durante los cinco primeros años, sin retenciones de ningún tipo,  ni obligación de pagar nada cada mes al darse de alta en la Seguridad Social como autónomos.

Así crearemos consumidores y, por ende, pagadores de impuestos indirectos. Así reduciremos parados y, por ende, prestaciones por desempleo.  

   



tweets o ¿twits?

Llevo callado mucho tiempo. Escuchando. Y todo me lleva a concluir que, desgraciadamente para España, hay mucho twit  y pocos tweets. Al menos en el mundo del emprendimiento y la creación de empresas.


'tweet' also found in these Oxford entries:
Spanish: piar - pío

'twit' also found in these Oxford entries:
Spanish: lila - soplagaitas - bobalicón - gili - mamerto - percebe - tontorrón




sábado, 3 de marzo de 2012

Zombieland (más libro)


Cálmate y deja de tomar pastillas, seguro que algo podrás hacer con tu vida en otro país, porque lo que es aquí, en España, acabas de convertirte en un zombi.

Eres un ‘muerto viviente’ para el sistema: estás muerto pero andas deambulando por ahí creyéndote vivo (en los primeros momentos) como queriendo participar en el sistema económico de los vivos.

Desde ahora mismo te digo que no podrás hacerlo jamás tu solo, necesitas uno o varios cómplices.

Cuando tu ‘negocio’ ha cerrado (no sería muy buen negocio o España un buen sitio para él) y no has podido hacer frente a tus deudas, tarde o temprano irán a por ti, a por tus cuentas, tus propiedades, a por tu futuro.

Lo mejor es que lo asumas cuanto antes y que te prepares.