Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta empresario. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta empresario. Mostrar todas las entradas

martes, 22 de diciembre de 2015

¡AMANECE 2016! Y es mucho...

Se acabó. El 2015. Y vaya final de año. “Vive momentos interesantes” decía un oriental muy famoso hace muchos años.

Probablemente mirarás atrás estos días y buscarás entre la bruma de tus ojos a personas que ya no están. 

Recordarás, muy difuminado, el principio de un año que se presentaba ilusionante y que, tocando a su fin, quizá no lo fue tanto.

Ya estarás mirando hacia el 2016 dando por terminado el tiempo de descuento en el que se mece el 2015 tras el sorteo de la lotería.

Buscarás excusas para justificar lo injustificable y te apuntarás éxitos que, lo más probable, no fueron más que un golpe de suerte.

Seguirás cabreado con el sistema aunque hayas votado para cambiarlo. Te rondarán ideas revolucionarias que podrían rozar principios de acción anarquistas. Nunca las llevarás a cabo.

Y después de oler el incienso, de seguir preguntándote ¿qué es la mirra? y de no ver el ‘oro’ por ningún lado, seguirás caminando hacia la idea de que el año que empieza (esta vez sí) será tu año.

Estás vivo, a pesar del gobierno. Eres como el conejito (autónomo) del anuncio al que no se le agotaban las pilas o, al menos, duraban hasta que el resto de sus congéneres (empleados y funcionarios) caían rendidos (cansados) a sus pies.

Y por muchos momentos de zozobra que sabes que tendrás, estás dispuesto a luchar por alcanzar este nuevo año el espejismo de un oasis que hace mucho tiempo comprendiste que, no sólo no tiene agua, sino que ni siquiera guarda su reflejo.

Eres mucho más importante de lo que imaginas. Regocíjate (nunca una palabra significó tanto como su compleja grafía), la humanidad depende de ti. No es broma. Sin tu esfuerzo y tu lucha callada en formato ‘open 24 hours’ la tierra dejaría de girar.

De nada te servirá pedir a los magos de oriente que te traigan una cuota de autónomos proporcional a lo que facturas, un verdadero IVA de caja, un plazo de cobro de facturas que se cumpla, financiación sin pactos con el diablo, segundas oportunidades, menos leyes y más reconocimientos, será mejor que les pidas “que la fuerza te acompañe” porque si dejas de ‘pedalear’ incluso la bici estática que cabalgas se irá al suelo.

Acabas el 2015  “… que no es poco” y ¡Amanece el 2016! “… que es mucho”

2016: un arco iris sin gobierno, un invierno enquistado en la primavera, un dólar de mentira, sirios como troyanos, el petróleo barato pero proscrito por sus gases, Fidel más cerca de Florida, Obama más lejos de Guantánamo, Putin equidistante de sí mismo, santas las guerras de únicos soldados, catástrofe natural (que ya toca), grandes hermanos actuando para grandes primos y, en medio de todo lo anterior: tú. Náufrago aferrado a la endeble tabla de tu ilusión, la de no morir ahogado por las deudas que todavía no has contraído.

Cuéntame tu vida que no me la creeré… Nadie puede sobrevivir a tantas penurias y llevar puesta la sonrisa en la cara.

Escuchas música de futuro y, rápidamente, tus pies se ponen en movimiento hacia la pista de baile. A gastar batería (es tu sino de conejito). 

Oigo algo. ¿Lo oyes tú también? Es la música del amanecer. Prepárate para danzar. Prepárate porque el año próximo creo que es Requiem Rock lo que estará de moda. 

Ocaso o Alba, da igual, que el próximo año te coja bailando.  “Que es mucho”

jueves, 17 de diciembre de 2015

THELMA Y LOUISE

Aunque el 2015 no podrá ser analizado en toda su dimensión histórica hasta después del 20 de diciembre, la realidad es que, como se dice popularmente “está todo el pescado vendido”.

En lo que se refiere a los buenos -y malos- propósitos que cada uno se hubiera hecho cuando iba tomando las uvas hace casi doce meses, tiempo es de reconocer que, muy probablemente, no se han cumplido.

No importa, en unos días, se podrán formular de nuevo y, año tras año, volveremos a tener la ocasión de incumplirlos y de reformularlos una y otra vez.

En lo personal. Porque en lo empresarial, muy probablemente, si los objetivos mínimos no se han cumplido, no volverán a sonar campanadas que nos permitan empezar de nuevo.

Tampoco pasa nada, es tiempo de cambio y, muy probablemente, el 2016 será tiempo de neoemprendedores a la fuerza, de subida de cuota de autónomos, de ver alejarse todavía más cualquier atisbo de jubilación pagada, tiempo de copagos y, sobre todo, tiempo de agotamiento.

El 2015 nos ha dejado exhaustos, sin fuerzas para procrear y con ganas de morir (lo dice el INE, España -y Galicia más- pierde población a marchas forzadas). 

Estamos agotados de emprender. Y por eso somos optimistas: cada día, al abrir la verja de nuestros negocios, sonreímos porque sabemos que nos queda un día menos para acabar con este calvario.

Vivimos en una eterna mentira, aferrados a la ilusión de ‘esto va mejorando’, deglutiendo libros de autoayuda, charlas de gurús de medio pelo y pastillas (no siempre azules). 

Y pasa la vida. Rápido. 

Miramos atrás y nuestra mala memoria incluso es capaz de fabricar ‘buenos recuerdos’ de esos momentos de ilusión en los que empezábamos con un proyecto que nos iba a hacer ‘ricos’.

Echamos la culpa a factores externos, hacemos autocrítica (menos) y buscamos una razón para nuestro desencanto: nunca llegaremos a ningún sitio ni remotamente parecido al que nos habíamos imaginado.

Pero estamos atrapados. Autónomos atrapados. ¡Qué poco autónomos somos!

No hay libertad sin capacidad económica para tomar decisiones. Sólo pedaleamos. En una bicicleta sin ruedines. Una diabólica bicicleta que consume todas nuestras fuerzas porque siempre pedaleamos cuesta arriba y sabiendo que, si paramos de pedalear, la caída es real, inexorable y  dura, muy dura, por definitiva.

Nuestros placebos son la familia, los amigos, la pareja, el amor, los paisajes, la religión, la lluvia, un buen cocido o una cerveza. 

Nuestro refugio es el presente, del que ni siquiera somos conscientes. Un lugar en donde podríamos ser felices y que desaparece ante nosotros al instante.

Entonces ¿qué sustancia adictiva contiene esto del emprendimiento para que sigamos enganchados?

¿Por qué no podemos desintoxicarnos?

Pues porque la voluntad de hacerlo es inferior a la necesidad de conseguirlo.

Nada iguala la sensación de ser dueño de tu destino, aunque sea sólo por un segundo. 


Ser feliz intentándolo sólo cabe en la cabeza de unos locos que, cual Thelma proponiendo a  Louise que arranque el coche o Louise acelerando mientras coge a Thelma de la mano, saben el final de la historia de antemano y, aún así, prefieren seguir viajando.

lunes, 1 de julio de 2013

GALATEA *

El mito del emprendedor, la mitología del emprendimiento.

No se trata de crear nuestra Galatea, pero sí de encontrar algo que se le parezca lo máximo posible, varias veces, las veces que haga falta.

El emprendedor, cual Pigmalión, sueña con una empresa capaz de hacerle feliz, un lugar en el que el éxito económico y el placer de trabajar se combinen el máximo tiempo posible.

La realidad que suele encontrarse es otra: si emprende algo que le hace feliz puede que no sea sostenible a largo plazo o que, simplemente, no satisfaga sus expectativas de beneficio económico razonable. Si es muy rentable a corto puede que no tenga nada que ver con su felicidad y que, a medio plazo, cuando el negocio deje de serlo, al emprendedor no le quede nada a lo que agarrarse.

Muy pocas veces los ‘dioses’ se apiadan del emprendedor concediéndole cumplir su sueño y haciéndole ganar mucho dinero en un negocio que sea fuente de felicidad duradera.

El enfoque emprendedor deberá ser otro, deberá alejarse del mito a largo plazo porque lo único que conseguirá es enamorarse de una estatua que nunca cobrará vida por mucho que sueñe.

Se trata de ‘esculpir’ una Galatea tras otra, sin enamorarse de ninguna de ellas, se trata de crear una empresa equilibrada, donde felicidad y rentabilidad estén presentes en dosis aceptables, se trata de dejar marchar a una Galatea cuando notemos los primeros signos de agotamiento, se trata de prepararnos para recibir a una nueva Galatea que nos lleve de la mano hasta la siguiente.

Seremos emprendedores sucesivos por necesidad, capaces de reinventarnos para sobrevivir a nosotros mismos, a la desidia,  a la displicencia,  al hastío. No dispondremos de grandes cantidades de dinero con las que podamos comprar el derecho a llamarnos inversores, nuestro tiempo estará limitado a 86.400 segundos diarios con los que, por mucho que lo intentemos, no lograremos trabajar con éxito en más de dos proyectos empresariales al mismo tiempo y, por eso, nunca seremos multiemprendedores aquí y ahora.

Seremos monógamos sucesivos por necesidad, observaremos la poligamia emprendedora instalados, si cabe, en un concubinato ocasional con algún negocio al que no podremos atender como “manda la ley”, y deberemos estar preparados para asumir  todo ello.

Viviremos más y deberemos trabajar mucho más tiempo, seamos emprendedores precoces o tardíos tendremos que adaptarnos, cambiar de Galatea las veces que haga falta, aprender a gestionar el fracaso (probablemente un hecho objetivo mucho más recurrente en nuestra larga vida empresarial que la fútil sensación de éxito).

Empecemos por tanto hoy mismo a esculpir nuestra próxima Galatea, enamorémonos de cada golpe de cincel y del polvillo que se fundirá con el sudor de nuestro rostro. Disfrutemos con la  imperfección de la obra y hagamos que el mercado valore cuanto antes sus atributos y su belleza intrínseca aún sin pulir.

Emprendamos sin que la incertidumbre sea un lastre, al fin y al cabo ya sabemos que, tarde o temprano, tendremos que emprender de nuevo.

Enamorémonos mucho más de la idea de emprender que del sueño de un emprendimiento perfecto que nunca existirá, o que, por etéreo, apenas podremos disfrutarlo un leve instante antes de ver como se volatiliza ante nuestros ojos inundados de lágrimas y mitología. 

                                                  
*Pigmalión, rey de Chipre, buscó durante muchísimo tiempo a una mujer con la cual casarse. Pero con una condición: debía ser la mujer perfecta. Frustrado en su búsqueda, decidió no casarse y dedicar su tiempo a crear esculturas preciosas para compensar la ausencia. Una de estas, Galatea, era tan bella que Pigmalión se enamoró de la estatua.
Mediante la intervención de Afrodita, Pigmalión soñó que Galatea cobraba vida. En la obra Las metamorfosis, de Ovidio, se relata así el mito:
Pigmalión se dirigió a la estatua y, al tocarla, le pareció que estaba caliente, que el marfil se ablandaba y que, deponiendo su dureza, cedía a los dedos suavemente, como la cera del monte Himeto se ablanda a los rayos del Sol y se deja manejar con los dedos, tomando varias figuras y haciéndose más dócil y blanda con el manejo. Al verlo, Pigmalión se llena de un gran gozo mezclado de temor, creyendo que se engañaba. Volvió a tocar la estatua otra vez y se cercioró de que era un cuerpo flexible y que las venas daban sus pulsaciones al explorarlas con los dedos.
Al despertar, Pigmalión se encontró con Afrodita, quien, conmovida por el deseo del rey, le dijo "mereces la felicidad, una felicidad que tú mismo has plasmado. Aquí tienes a la reina que has buscado. Ámala y defiéndela del mal". Y así fue como Galatea se convirtió en humana.

                                               Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Pigmali%C3%B3n

lunes, 13 de mayo de 2013

ESPAÑOLADAS


Sin duda Don Alfredo Landa lo consiguió: nació llorando entre las sonrisas de los suyos y murió feliz, sonriendo al recordar su vida, entre las lágrimas de los muchos que le querían.

Parece que con su muerte nos atrevemos a reconciliarnos con muchas de sus películas, especialmente aquellas en las que nos hacía soñar con una España orgullosa de serlo, con muchos defectos eso sí, pero también con muchas ganas de superarlos con la vista puesta en una modernidad que acabaría llegando sin renunciar a nuestro propio ser.

Sin embargo, hasta hace muy poco, esa comedia llena de testosterona ibérica, de argumentos sencillos y de grandes dosis de sociología, se consideraba un género menor, puro entretenimiento para la tarde de los sábados de una España con sólo dos cadenas de televisión.

¿Y si asumiésemos de una vez la realidad de lo que somos como país y nos pusiésemos a la tarea de fabricar un nuevo futuro para España desde ese punto?

¿Qué pasa si de verdad somos parte de una “españolada” y tenemos que construir desde ahí? Absolutamente nada.

Tenemos las libertades suficientes, el marco jurídico necesario y los ciudadanos adecuados para, usando aquellas sin traspasar los límites de éste, asumir la nueva realidad de reconquistar sentimientos olvidados que siempre nos han caracterizado, en especial el del sentido del humor o, más bien, la capacidad de reirnos de nosotros mismos.

Bajitos y cabreados, puede que sí, pues nos sobran motivos para lo último y parece que  no hay manera de crecer por culpa del fardo de deuda que cargamos en la espalda. Y parece que sin esos centímetros de altura que nos faltan no somos capaces de decirles a los demás países que esta realidad española es antinatural, que no queremos ser Alemaña o Espamania y que, de seguir así, nos enterrarán en un cementerio de intereses   en donde seremos zombis para siempre, pero de los malos, e iremos a por ellos y acabaremos todos en una Europa de muertos vivientes.

Mientras tanto seguimos escondidos detrás de la soflama, de la indignación ineficiente y de mucha demagogia. Somos otra vez las dos Españas que se miran, una desde el “esto no va conmigo” mientras se hace más y más pobre cada día y otra desde el “hay que recuperar lo que nos han robado” que sigue sin darse cuenta de que lo robado ha desaparecido irremisiblemente. Y en el medio, los de siempre, apoltronados en su condición natural del “ande yo caliente…” al margen de la ley.

Ante este panorama yo he decidido dejar de ver este país como una gran multitud de gente cabreada y empezar a mirarlo a través de los ojos de cada una de las personas que viven en él. Y desde que he empezado me he topado con miradas ilusionadas, con ojos que han decidido no derramar más lágrimas, con pupilas que se dilatan si les hablas de esperanza, con pestañeos nerviosos llenos de ganas de comerse el mundo, con miopías que ya no lo son tanto, en definitiva, con personas que ya no tienen ‘vendas en los ojos’ y están dispuestos a luchar por ellos mismos y, de paso, por esa nueva España sea ésta como sea.

Es cierto que muchas de esas miradas eran de emprendedores, de personas que ya han tomado la decisión de ser dueños y responsables de su destino, importándoles cada día menos lo que otros digan de ellos y de esa ‘locura’ que están a punto de cometer. Sus ojos me dicen que están absolutamente convencidos de su éxito, tanto o más que el propio Señor Landa cuando se trataba de ligar suecas y, no nos engañemos, eso es lo único que importa para empezar.

No sé si el “landismo”, en esa parte de sentido del humor y alta autoestima que rebosa,  podría ser un ejemplo perfecto para un emprendedor, pero sí que es una buena referencia para hacerle mirar hacia delante sin preocuparse del qué dirán. Algún día ese emprendedor podrá reírse de aquellos que llamaban “españolada” a su proyecto y ahora lo consideran digno de recibir un Goya.   

sábado, 16 de marzo de 2013

HABEMUS PAPAM


Mi colaboración para ASCEGA (escrita el 9 de marzo de 2013)




A las 16:30 h del martes 12 de marzo dará comienzo el cónclave que deberá decidir quién gobierna la iglesia católica en el futuro próximo.

Para muchos católicos la persona elegida les resultará indiferente, al cabo de unos días la aceptarán como cabeza de su organización y se olvidarán del pasado que haya tenido.

Es la aceptación de un liderazgo inherente a la esencia del cargo: una vez que hayas sido elegido Papa ya eres la persona adecuada.

Esta forma de liderazgo es la que se creen nuestros políticos que pueden ostentar por el simple hecho de haber ganado unas elecciones. ¡Qué lejos están de la realidad!  

Tendrán el poder pero han perdido su autoridad. El poder te lo otorga el cargo pero sólo puedes estar investido de autoridad cuando los que te siguen (o los que gobiernas) te respetan y consideran que sabes a dónde vas.

En España, el destino de nuestros gobernantes es únicamente ‘permanecer’. Permanecer en la política o sus adyacentes, extraer rentas de aquella y malinterpretar los versos de Góngora “Ándeme yo caliente y ríase la gente”  

Hecha la crítica (aprovechando acontecimientos vaticanos presentes) se impone un cambio de tercio en este artículo. O casi.
  
Los que hemos tenido la suerte de contemplar los frescos que Miguel Ángel pintó hace más de 500 años en la Capilla Sixtina, indefectiblemente, tras forzar nuestro cuello al máximo o incluso tras adoptar la postura decúbito supino en el centro de dicha capilla (con el riesgo de que nos pisoteen o de que nos boten), hemos detenido nuestra mirada en ‘La creación de Adán’ y, con un poco más de esfuerzo visual, en el maravilloso y evocador detalle que nos ofrecen las manos de Adán y de Dios, quizá a punto de tocarse o quizá después de haberlo hecho.

No sé exactamente lo que Miguel Ángel quiso representar con este apunte pictórico ínfimo respecto a la magnificencia de toda la obra, pero le agradezco que me permita utilizarlo como metáfora para crear mi propia teoría sobre la necesidad de transmitir a otros lo poco o mucho que algunos hemos aprendido de la vida.    

Dejando a un lado cuestiones bíblicas, quizá Dios fue un día Adán  y éste tendrá que ser algún día Dios. Está claro que es el dedo índice de Dios quién parece estirarse al máximo para transmitir el conocimiento, pero también parece que la mano laxa de Adán no favorece la recepción de esa enseñanza.

Es la vida, tú quieres compartir algo que para ti es crucial y, sin embargo, aquél que debe recibir tu experiencia o sabiduría no muestra la actitud adecuada para ello, incluso su lenguaje no verbal nos devuelve una figura displicente, alguien que nos está queriendo decir que le importa muy poco eso que estamos intentando transmitirle.

En el mundo empresarial sucede lo mismo, la autosuficiencia del emprendedor hace muy difícil que además de oírte te escuche. Si es joven, por la inconsciencia que otorga creer que se tiene toda la vida por delante, y si es mayor, por la importante dificultad para desaprender y dejar espacio a nuevos enfoques  “Hay otros mundos pero están en éste” dijo el poeta Paul Éluard.     

Creo básico el esfuerzo de ‘predicar’ aunque sea en ‘el desierto’, y mucho más en los tiempos que corren en España donde no podemos permitirnos errores empresariales, sobre todo aquellos que podrían evitarse si hacemos ver a los que deciden iniciar una pequeña-gran aventura de negocio por dónde no deberían ir.

Alertémosles sobre los ‘cantos de sirena’ de nuestros gobernantes y sospechemos cuando esos mismos gobernantes se travistan de adalides del emprendimiento. No nos dejemos engañar jamás por el anestésico halo de los cargos que ostenten, tupido velo que esconde su nula o mediocre experiencia en temas relacionados con los autónomos y las pequeñas y medianas empresas.
  
“Los caminos del Señor son inescrutables” pensó el hasta ahora Cardenal mientras recibía los abrazos y felicitaciones de sus colegas. Y su mente se trasladó muy lejos de ese momento y de ese lugar, a la pequeña parroquia de barrio en donde aprendió que lo importante son los ‘muchos pocos’ y que más vale pelear para que muchos pequeños alcancen sus objetivos que favorecer el que sólo unos pocos grandes cumplan los suyos.

Y volviendo al presente se prometió a sí mismo que no sólo no olvidaría esta lección, sino que haría todo lo posible para llevarla a cabo.

Pidió a todos los presentes que le permitiesen estar un momento a solas en la capilla donde había tenido lugar la votación y, una vez que todas las puertas se cerraron, con cierta indecisión se dirigió al centro de la misma, se agachó, apoyó las manos sobre la tarima de madera que habían puesto para esa ocasión tan especial y se arrodilló, a continuación, dejó que el resto de su cuerpo fuese lentamente al encuentro de ese mismo suelo.

Yacente miró hacia arriba y, en voz apenas audible, rezó. Buscaba una señal, algo que le diese las fuerzas necesarias para acometer con éxito tamaña empresa. Al cabo, mientras todavía oraba, sus ojos se dieron cuenta de que algo había cambiado en la escena pictórica que le había tenido fascinado toda su vida: el dedo índice de la mano izquierda de Adán se había estirado y tocaba, por fin, el dedo de Dios. La señal había sido dada.

Se incorporó con cuidado, se arregló el hábito y, sonriendo, salió de la Capilla Sixtina mientras, a lo lejos, le pareció oír como el protodiácono, ante lo que parecía el murmullo de una gran multitud congregada en la explanada de San Pedro, leía con una voz profunda pero muy emocionada:                  

“ Annuntio vobis gaudium magnum: Habemus Papam”

lunes, 18 de febrero de 2013

DOÑA CANDELARIA


Doña Candelaria está a punto de cumplir 66 años. Para ella el llamado ‘efecto 2000’ fue más bien un ‘defecto’. Ese año, tras una larga enfermedad, perdió a su marido autónomo (debido a un cáncer, lo de ser autónomo todavía no se consideraba enfermedad).

Doña Candelaria, dicen por ahí, no trabajó nunca. Su ocupación de toda la vida fue cuidar de sus tres hijos y de su marido (cobraba en ‘B’ de Besos y los declaraba de vez en cuando)  y, al quedarse viuda, la pensión que le correspondió por tal concepto fue de ‘casi’ 600 € al mes (la pensión era por lo de la viudedad, los Besos los sigue cobrando todavía).

Afortunadamente, su capacidad de administrar y el trabajo de más de 40 años de su marido habían sido suficientes para tener su casa totalmente pagada y para cobrar una pequeña renta de un local alquilado.

Doña Candelaria nunca fue la misma desde que su marido murió, ni siquiera sus hijos y sus nietos lograron devolverle la ilusión. No obstante siempre estuvo dispuesta a ‘echarles una mano’ en todo lo que pudiese. Y esa fue su perdición.

Sus hijos, tal y como lo había sido siempre su padre, también eran masoquistas, perdón, autónomos, y siete años después de la muerte de éste, sus negocios se tambalearon y, ante la posibilidad de coger esa ‘mano’ que les ofrecía su madre, también le cogieron el  brazo y el resto del cuerpo a la ‘pobre’ Doña Candelaria.

Le hipotecaron su casa y, de paso, la convirtieron en avalista de algunas otras deudas empresariales. Lo que pasó después es fácil de imaginar, la crisis se llevó por delante los negocios de esos, sus hijos, y con ellos el patrimonio de Doña Candelaria.

No obstante, al margen de burofaxes, citaciones, embargos preventivos y similares, Doña Candelaria tuvo ‘suerte’, pudo vender su casa en 2010 apresuradamente, pudo amortizar el saldo total de la hipoteca que pesaba sobre ella y pudo obtener un ‘enorme’ beneficio: el dinero para la mudanza a un nuevo piso de alquiler que todavía no sabía si iba a poder pagar por mucho tiempo, teniendo en cuenta que le costaría más o menos lo mismo que cobraba de pensión.

Desde hace un año Doña Candelaria tiene una rutina los primeros días de cada mes, acude a la caja de ahorros donde tiene la cuenta en la que le ingresan la pensión y retira todo el dinero, y no lo hace sólo para pagar su alquiler y para comprar comida, lo hace también porque es una mujer muy previsora y sabe que, aunque su pensión mínima es inembargable, el saldo de su cuenta corriente no lo es.

A pesar de todo Doña Candelaria sigue viendo mucho a sus hijos. Y siempre dice que, si se volviese a dar la situación en que tuviese que ayudarles, y dispusiese de una casa que hipotecar, no dudaría en volver a ponerla como garantía.

Doña Candelaria no es estúpida, más bien todo lo contrario: es madre. Una madre como es debido, de las que quieren a sus hijos más que a su vida. Y no tiene la culpa de haber parido tres autónomos en un país en donde le hubiera resultado más fácil dar a luz a tres funcionarios.

Pero Doña Candelaria recuerda a su marido y con una voz orgullosa, con un tono que puede parecer incluso arrogante, hace una apología de la que fue su forma de vida como mujer y madre de empresarios: de uno al que no se lo llevó la crisis sino la vida, y de otros tres que todavía siguen luchando por una segunda oportunidad, también para ella.

Y le dice a todo el que la quiere escuchar que no cambiaría su vida por la de nadie, y que está segura de que no se merece lo que le ha pasado, pero que asume la responsabilidad de sus decisiones y que sólo espera vivir lo suficiente para ver cómo sus hijos salen del hoyo en el que están metidos.

Doña Candelaria sale todos los días a pasear “porque pasear todavía es gratis” [sic] y siempre con la sonrisa en la cara “porque la gente no se merece que le traslades tus problemas, ya tiene bastante con los suyos” [sic].                   

Yo he podido hablar con Doña Candelaria en varias ocasiones y lo que más me ha sorprendido siempre es que, debajo de sus problemas, debajo de sus angustias, debajo de sus miedos, surge una firme convicción que le hace sacar fuerzas de “no se sabe donde” y que tiene que ver con el orgullo de ser responsable de tus actos en la vida y con la dignidad que hay que tener para asumir las graves consecuencias de tus decisiones.

Creo que Doña Candelaria ha sido y será mucho más que la mujer o la madre de unos simples autónomos, estoy convencido de que esas pequeñas empresas que tanto supusieron para los suyos nunca hubieran sido posibles sin su figura y por ello desde aquí me gustaría rendirle un gran homenaje en forma de una única palabra: ¡GRACIAS!   

Si quieres escuchar este artículo de viva voz pincha aquí            Doña Candelaria

martes, 12 de febrero de 2013

¡ES LA GUERRA!



Mi última colaboración para ASCEGA y ¡con sorpresa!
¡Es la guerra!

martes, 5 de febrero de 2013

domingo, 23 de diciembre de 2012

TODOS SOMOS MUY IGNORANTES



"Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas."

Esta frase la dijo el señor con más plumas de la foto (segundo por la izquierda por si te quedaban dudas), al que también le gustaba disfrazarse (según podemos observar).

Si en 2013, en España, nuestros gobernantes fuesen capaces de reconocer que lo ignoran casi todo sobre el emprendimiento y se dejasen aconsejar por los que sabemos 'un poco' del tema, habría alguna esperanza de sacar este país adelante.

Mientras tanto, os propongo que actuemos como si eso no fuese a suceder nunca. A lo Juan Palomo "Yo me lo guiso, yo me lo como"

Esto no quiere decir que seamos 'llaneros solitarios' (a la mayoría de esos se les cayó el pelo en manos de algunos individuos parecidos a los de la foto) más bien todo lo contrario: completemos los huecos de nuestra ignorancia con las experiencias ajenas, apoyémonos en otros que tengan características personales y profesionales que les sirvan para entendernos.

De emprendesario a emprendedor te hago una propuesta: antes de iniciar una aventura empresarial (o dar un giro a la que ya tienes en marcha) ponte en contacto conmigo. 

Me comprometo a darte mi opinión de forma absolutamente confidencial y totalmente gratuita ¿por qué? pues, fundamentalmente, para que no 'la cagues'.

La experiencia es un grado, y si has aprendido y reflexionado de forma autocrítica sobre los errores cometidos (como yo he hecho) te garantizo que será la única manera de dar tu opinión a otros, sin duda sabes de lo que hablas.

"Teorizar sobre emprendimiento es magnífico pero llevarlo a la práctica y convertirlo en empresa lo hace sublime" (la frase es mía).    

Me gustaría ayudarte a que puedas 'hacerte las preguntas' más adecuadas, sólo así encontrarás por ti mismo las respuestas. 

Y si fracasas, cosa totalmente posible, no te agobies, porque como dijo el señor de las plumas,

 "Quien nunca ha cometido un error nunca ha probado algo nuevo."

Mi email es manueldafontecatoira@gmail.com y te estoy esperando. Gracias por intentarlo.

  

martes, 18 de diciembre de 2012

EMPRENDESARIOS

Emprendedor + Empresario = Emprendesario

Mi nuevo artículo en el Speaker's Corner de ASCEGA

EMPRENDESARIOS

martes, 23 de octubre de 2012

EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS

En estos meses he escrito muchas cosas y no he publicado ninguna hasta hoy, pero ahora ha llegado el momento de compartir con vosotros mi profunda preocupación por España.

Vivimos en un país que no es capaz de enfrentarse de cara con sus problemas. Y el principal problema que tenemos es ocupar de forma retribuida a unos cuantos millones de personas, en especial a cientos de miles de jóvenes que no han trabajado nunca.

Nos morimos y no queremos darnos cuenta. Creemos haber encontrado un tesoro al que nos aferramos y nos estamos ahogando con él. Estoy hablando de nuestra legislación laboral, esa que nos impide relacionar libremente a personas que necesitan una ocupación retribuida con personas que necesitan la labor de aquellas para desarrollar un negocio.

¿No será mejor una persona trabajando y cobrando por ello bajo un acuerdo libre entre él y quién lo necesita, que esa misma persona ocupando un lugar en la cola del paro?

Una de las múltiples paradojas de nuestra legislación laboral es que, si yo deseo libremente dedicar todo mi tiempo a realizar una tarea que me propone otra persona y ésta me retribuye de acuerdo al valor que le aporto, no basta con que celebremos un contrato mercantil entre ambos en calidad de autónomos, nuestras normas laborales nos obligarán a una relación de dependencia laboral que ninguno desea y que si no aceptamos supondrá un riesgo cierto de sanción económica.

¿Por qué ha fracasado estrepitosamente la regularización de los empleados del hogar? Porque una familia no es una empresa y, por tanto, no puede ni debe asumir las responsabilidades y los costes que implica ser empleador en España. Sin duda es el o la profesional que deciden dedicarse a prestar este tipo de servicios los que deberán adscribirse al régimen de autónomos como la menos mala de las fórmulas de legalizarse y pagar sus impuestos.

Propongo que todos aquellos parados que, libremente, decidan ocupar su tiempo en ayudar a sacar adelante algún negocio o alguna empresa de otra persona, cobren su retribución de forma neta durante los cinco primeros años, sin retenciones de ningún tipo,  ni obligación de pagar nada cada mes al darse de alta en la Seguridad Social como autónomos.

Así crearemos consumidores y, por ende, pagadores de impuestos indirectos. Así reduciremos parados y, por ende, prestaciones por desempleo.  

   



Emprendedores 'Monopoly'

Huid de los emprendedores 'Monopoly', aquellos que creen que las empresas son un juego y que se van a hacer ricos sin invertir, a golpe de dados.
Para montar una empresa sostenible económicamente necesitas una visión a medio y largo plazo y también la inversión que debes comprometer será a medio y largo plazo. Si no dispones de la misma no montes ninguna empresa.
Una estrategia empresarial  X  no puede tener un presupuesto X - 1.  No funcionará.
Si ya la incertidumbre es inherente al lanzamiento de cualquier negocio, aderezarla con un presupuesto irreal la convierte en verdugo para ese negocio.


miércoles, 14 de marzo de 2012

Cuestión de semántica...


No hay trabajo. No hay consumo. No hay trabajo. No hay recaudación. No hay trabajo. No hay política social. No hay trabajo. No hay crédito. No hay trabajo. No hay pago de deuda. No hay trabajo. No hay estabilidad. No hay trabajo. No hay futuro.


Según la RAE, entre muchos otros significados, el trabajo es una "penalidad, molestia, tormento o suceso infeliz".


Ahora me explico por qué algunas personas no quieren empezar a  trabajar.

Y si le pedimos a la RAE que nos defina "trabajos" la cosa se vuelve todavía más cruda ya que nos dice que significa "estrechez, miseria y pobreza o necesidad con que se pasa la vida".

Ahora me explico por qué algunas personas quieren dejar de trabajar.

Algo falla. Parece que la solución para todos nuestros males es que haya trabajo y resulta que trabajar es algo horrible, tóxico, algo que nos hará infelices.

Si me permitís una reflexión, quizá el trabajo sea sólo un medio para conseguir un fin (generalmente el dinero que necesitamos para seguir dentro del sistema), esto me hace pensar entonces que el dinero es más importante que el trabajo (el fin justifica los medios).

Hay dinero. Hay consumo. Hay dinero. Hay recaudación. Hay dinero. Hay política social. Hay dinero. Hay crédito. Hay dinero. Hay pago de deuda. Hay dinero. Hay estabilidad. Hay dinero. Hay futuro.

¡Pues vaya desastre!  Tenemos que dedicar nuestra vida a trabajar hasta que consigamos el suficiente dinero para dejar de hacerlo, cosa que es muy probable que no suceda nunca.

¿Y si fuese una cuestión semántica?

Propongo cambiar la palabra 'trabajo' por la palabra 'pasatiempo' que, según el DRAE, significa  "Diversión y entretenimiento en que se pasa el rato".

Ahora, por lo menos, el medio para conseguir el fin suena bien ¿verdad?

Me viene a la mente una pregunta relacionada con esta elucubración ¿seremos capaces de conseguir el dinero necesario para estar en el sistema haciendo algo que nos divierta y nos entretenga?

Si tienes alma de empresario y logras crear o participar en un proyecto serio que te apasione, te garantizo que sí. 

Conseguirás 'pasar el rato' entretenido, divirtiéndote y, con un poco de suerte, el dinero dejará de ser un fin en sí mismo.  

Otra solución es cambiar el sistema y abandonar el dinero como elemento clave del mismo. Yo no me veo con ganas ni tiempo suficiente para intentarlo. Es producto de mi forma de entender la vida, soy más del Carpe Diem que de la Ciencia Ficción.
  








  


viernes, 24 de febrero de 2012

Un pequeño avance del libro "NO HAY HUEVOS"


Primera parte
La locura de ser emprendedor en España 

Créeme, sé de lo que hablo. España, hoy, no es país para emprender.

El riesgo es demasiado grande y las posibilidades de éxito real muy pocas. Me refiero a ese éxito que todo emprendedor anhela cuando lanza un proyecto empresarial: el de hacerse rico.

Y he dicho rico, no multimillonario.

Rico significa para la mayoría de los españoles no tener que preocuparse del dinero, que éste sea suficiente para las cosas básicas de la vida: comer, tener una o dos casas, uno o dos coches, alguna afición, viajar un poquito, dar una buena educación y algún capricho a los hijos, cuidar a sus padres y tener garantizada una vejez placentera gracias a unos ahorrillos razonables.

En España, hoy, la mayoría de los emprendedores no tienen intención alguna de ser empresarios.

Hablo de ese concepto de ‘empresario’ como aquella persona que pretende crear o relanzar un negocio propio con grandes objetivos de crecimiento, facturación, beneficio, creación de puestos de trabajo, expansión internacional, etc…

En España, la mayoría de los emprendedores son como el resto de las personas, buscan un trabajo, de ahí que se hable tanto de “autoempleo”, el mejor sinónimo que existe actualmente de ‘esclavitud’.

¿Por qué me atrevo a comparar el autoempleo con la esclavitud? Pues sencillamente porque tú eres el que trabaja hasta el desfallecimiento, siempre estás en la cuerda floja, no tienes libertad de movimientos, apenas sacas para comer y el Estado se lleva todo el beneficio.

¿Hay mejores opciones? ¿Hay opciones? En España, hoy, no.