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domingo, 9 de noviembre de 2014

AMOR PROHIBIDO

Ella entró por el garaje del hotel sin que nadie pudiese verla, o eso le pareció, la cámara de seguridad se fijó especialmente en el nuevo aspecto que tenía esa noche, daba la sensación de que hubiera pretendido hacerse pasar por otra persona, casi podría decirse que no era ella, pero lo era.

Él entró por la puerta principal del hotel, con paso firme y rápido se dirigió a la recepción y, como había supuesto cuando reservó la habitación, a esa hora de la noche lo recibió el empleado que siempre hacía el turno de noche, un chico joven, con cara de despistado que pasaba las largas y solitarias horas nocturnas mandando mensajes a sus amigos a través de las redes sociales sin prestar demasiada atención a lo que sucedía a su alrededor.

Ella aparcó en la plaza de garaje más cercana a los ascensores y esperó, se dio cuenta de que en esa zona su teléfono móvil tenía poca cobertura pero consideró que era más que suficiente y que era preferible quedarse dentro del coche hasta recibir la llamada.

Él le plantó al chico de recepción su pasaporte acompañado con una tarjeta de crédito. Prefería usar ese documento como identificación porque la fotografía representaba un hombre mayor, cansado, con ojeras y una gran barba blanca que llamaba la atención respecto al poco pelo que se veía en la cabeza. Nada que ver con su aspecto actual, sin pelo, sin barba y sin bolsas en los ojos gracias a una operación de cirugía estética que le había costado un dineral pero que le había quitado diez o más años de encima.

Ella se removía incomoda en el asiento del coche, no estaba a gusto, especialmente porque aquél vehículo alquilado no tenía nada que ver con el Audi que ella usaba y en el que se sentía poderosa, atractiva, capaz de comerse el mundo. Y el móvil seguía sin darle noticias, ni en forma de mensaje (el modus operandi habitual) ni en forma de llamada. Decidió tener un poco más de paciencia y se puso a juguetear con la radio.

Él firmó el registro de entrada y le agradeció al recepcionista que no intentase explicarle cómo funcionaba la llave electrónica de la habitación o a qué hora abría el comedor donde se servía el  desayuno (al que no pensaba quedarse). Recuperó su pasaporte y su tarjeta y salió disparado para el ascensor. El chaval de recepción ya estaba de nuevo absorbido por Facebook cuando él pulsó el botón que le llevaría al séptimo piso. Ese despiste natural, inherente a su persona, le impidió darse cuenta de que algo no encajaba, aquél huesped no portaba equipaje de ningún tipo, lo que para un establecimiento de esa categoría era algo raro, tanto como que al él lo hubieran fichado para encargarse del turno de noche.

Ella se sobresaltó cuando su teléfono se iluminó de repente avisándole que había recibido un mensaje. Dentro de ese coche y en la primera planta de aquél parking inhóspito a esas horas de la noche, lo único que quería es subir de una vez a la habitación 709 , tres cifras que componían el único texto que aparecía en el móvil. 

Él abrió la puerta de la habitación con la destreza propia de quién está acostumbrado a deambular por todo tipo de hoteles de cierto nivel y, como un resorte, con la puerta todavía entornada, introdujo la llave electrónica con forma de tarjeta de crédito en la ranura que estaba a su derecha. Como si ese agujero estuviese ávido de recibir algo en su interior, en cuanto la tarjeta llegó al final del hueco, la habitación se iluminó en todo su esplendor. A toda velocidad, él se dirigió a la ventana y, de un tirón casi brusco, agarrándola con fuerza, corrió la gran cortina de motivos arabescos que descansaba a un lado de la gran ventana del cuarto.

Ella comprobó que dentro de su bolso estaba todo aquello que necesitaba, abrió la puerta del coche, salió con mucho cuidado vigilando que las medias que cubrían sus largas y delgadas piernas no sufriesen ningún percance, de pie, se colocó la falda y cerró dando un portazo. Cuando ya estaba a punto de entrar en el ascensor se dio cuenta de que no había pulsado el mando a distancia y que el coche había quedado abierto. Su Audi contaba con un sistema que cerraba automáticamente el coche si, al cabo de tres minutos, nadie lo había hecho y si no detectaba movimiento en su interior. Se asomó a la puerta del garaje y extendió su brazo izquierdo en dirección al coche pulsando el mando de aquel coche infame.

Él se puso cómodo. Estaba algo más relajado y decidió quitarse la chaqueta. Otra vez lo había logrado, aunque empezaba a hartarse de vivir a hurtadillas y de tener que trasnochar de aquella manera. Añoraba los tiempos en que se sentía libre para pasearse a la luz del día con cualquiera sin levantar sospechas. Aguzó el oído. 

Ella clavó sus tacones en la mullida moqueta del pasillo del séptimo piso. 706, 707, 708, por fin la 709. Con un leve toqueteo de sus uñas llamó a la puerta, aunque de forma instintiva ya sabía que esa puerta se abriría en un momento, repitió la acción sin pensar, casi como si de una pieza de percusión se tratara. La melodía surtió efecto.

Él escuchó el sonido que tantas otras veces había escuchado en el último año, sabía que no dejaría de sonar si se demoraba en abrir la puerta, así que se levantó y cruzó la habitación en un vuelo. “Es como una clave, una contraseña, nuestro santo y seña” pensó. Y abrió.

Ella y él ya eran ellos de nuevo. Él un alcalde homosexual de una ciudad pequeña. Ella la dueña de una empresa mediana dedicada a la obra pública felizmente casada. Amigos íntimos desde pequeños hoy obligados a mantener su amistad en la clandestinidad, a ser una suerte de amantes furtivos creada por la situación política actual, donde un empresario y un cargo público sólo son corruptor y corrupto.


Ellos se sentaron en el amplio sofá de la habitación, abrieron dos pequeñas botellas del mini bar y dejaron que su conversación, basada en el respeto, la honestidad y la confianza, les transportase hasta el amanecer. 

martes, 19 de agosto de 2014

SEGUNDAS OPORTUNIDADES

Ser consciente de que tú no llegarás vivo al final de la guerra porque tu salud ha quedado seriamente perjudicada en cientos de batallas no te exime de seguir luchando: por los otros, aquellos que todavía tienen esperanza y alguna oportunidad.
No hay épica en la ruina, sólo dolor y alguna posibilidad de aprender, generalmente para enseñar a otros.

http://www.lavozdegalicia.es/noticia/economia/2014/08/18/hemos-pagado-master-caro-llevamos-grabado-fuego/0003_201408G18P3998.htm

lunes, 1 de julio de 2013

GALATEA *

El mito del emprendedor, la mitología del emprendimiento.

No se trata de crear nuestra Galatea, pero sí de encontrar algo que se le parezca lo máximo posible, varias veces, las veces que haga falta.

El emprendedor, cual Pigmalión, sueña con una empresa capaz de hacerle feliz, un lugar en el que el éxito económico y el placer de trabajar se combinen el máximo tiempo posible.

La realidad que suele encontrarse es otra: si emprende algo que le hace feliz puede que no sea sostenible a largo plazo o que, simplemente, no satisfaga sus expectativas de beneficio económico razonable. Si es muy rentable a corto puede que no tenga nada que ver con su felicidad y que, a medio plazo, cuando el negocio deje de serlo, al emprendedor no le quede nada a lo que agarrarse.

Muy pocas veces los ‘dioses’ se apiadan del emprendedor concediéndole cumplir su sueño y haciéndole ganar mucho dinero en un negocio que sea fuente de felicidad duradera.

El enfoque emprendedor deberá ser otro, deberá alejarse del mito a largo plazo porque lo único que conseguirá es enamorarse de una estatua que nunca cobrará vida por mucho que sueñe.

Se trata de ‘esculpir’ una Galatea tras otra, sin enamorarse de ninguna de ellas, se trata de crear una empresa equilibrada, donde felicidad y rentabilidad estén presentes en dosis aceptables, se trata de dejar marchar a una Galatea cuando notemos los primeros signos de agotamiento, se trata de prepararnos para recibir a una nueva Galatea que nos lleve de la mano hasta la siguiente.

Seremos emprendedores sucesivos por necesidad, capaces de reinventarnos para sobrevivir a nosotros mismos, a la desidia,  a la displicencia,  al hastío. No dispondremos de grandes cantidades de dinero con las que podamos comprar el derecho a llamarnos inversores, nuestro tiempo estará limitado a 86.400 segundos diarios con los que, por mucho que lo intentemos, no lograremos trabajar con éxito en más de dos proyectos empresariales al mismo tiempo y, por eso, nunca seremos multiemprendedores aquí y ahora.

Seremos monógamos sucesivos por necesidad, observaremos la poligamia emprendedora instalados, si cabe, en un concubinato ocasional con algún negocio al que no podremos atender como “manda la ley”, y deberemos estar preparados para asumir  todo ello.

Viviremos más y deberemos trabajar mucho más tiempo, seamos emprendedores precoces o tardíos tendremos que adaptarnos, cambiar de Galatea las veces que haga falta, aprender a gestionar el fracaso (probablemente un hecho objetivo mucho más recurrente en nuestra larga vida empresarial que la fútil sensación de éxito).

Empecemos por tanto hoy mismo a esculpir nuestra próxima Galatea, enamorémonos de cada golpe de cincel y del polvillo que se fundirá con el sudor de nuestro rostro. Disfrutemos con la  imperfección de la obra y hagamos que el mercado valore cuanto antes sus atributos y su belleza intrínseca aún sin pulir.

Emprendamos sin que la incertidumbre sea un lastre, al fin y al cabo ya sabemos que, tarde o temprano, tendremos que emprender de nuevo.

Enamorémonos mucho más de la idea de emprender que del sueño de un emprendimiento perfecto que nunca existirá, o que, por etéreo, apenas podremos disfrutarlo un leve instante antes de ver como se volatiliza ante nuestros ojos inundados de lágrimas y mitología. 

                                                  
*Pigmalión, rey de Chipre, buscó durante muchísimo tiempo a una mujer con la cual casarse. Pero con una condición: debía ser la mujer perfecta. Frustrado en su búsqueda, decidió no casarse y dedicar su tiempo a crear esculturas preciosas para compensar la ausencia. Una de estas, Galatea, era tan bella que Pigmalión se enamoró de la estatua.
Mediante la intervención de Afrodita, Pigmalión soñó que Galatea cobraba vida. En la obra Las metamorfosis, de Ovidio, se relata así el mito:
Pigmalión se dirigió a la estatua y, al tocarla, le pareció que estaba caliente, que el marfil se ablandaba y que, deponiendo su dureza, cedía a los dedos suavemente, como la cera del monte Himeto se ablanda a los rayos del Sol y se deja manejar con los dedos, tomando varias figuras y haciéndose más dócil y blanda con el manejo. Al verlo, Pigmalión se llena de un gran gozo mezclado de temor, creyendo que se engañaba. Volvió a tocar la estatua otra vez y se cercioró de que era un cuerpo flexible y que las venas daban sus pulsaciones al explorarlas con los dedos.
Al despertar, Pigmalión se encontró con Afrodita, quien, conmovida por el deseo del rey, le dijo "mereces la felicidad, una felicidad que tú mismo has plasmado. Aquí tienes a la reina que has buscado. Ámala y defiéndela del mal". Y así fue como Galatea se convirtió en humana.

                                               Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Pigmali%C3%B3n

sábado, 16 de marzo de 2013

HABEMUS PAPAM


Mi colaboración para ASCEGA (escrita el 9 de marzo de 2013)




A las 16:30 h del martes 12 de marzo dará comienzo el cónclave que deberá decidir quién gobierna la iglesia católica en el futuro próximo.

Para muchos católicos la persona elegida les resultará indiferente, al cabo de unos días la aceptarán como cabeza de su organización y se olvidarán del pasado que haya tenido.

Es la aceptación de un liderazgo inherente a la esencia del cargo: una vez que hayas sido elegido Papa ya eres la persona adecuada.

Esta forma de liderazgo es la que se creen nuestros políticos que pueden ostentar por el simple hecho de haber ganado unas elecciones. ¡Qué lejos están de la realidad!  

Tendrán el poder pero han perdido su autoridad. El poder te lo otorga el cargo pero sólo puedes estar investido de autoridad cuando los que te siguen (o los que gobiernas) te respetan y consideran que sabes a dónde vas.

En España, el destino de nuestros gobernantes es únicamente ‘permanecer’. Permanecer en la política o sus adyacentes, extraer rentas de aquella y malinterpretar los versos de Góngora “Ándeme yo caliente y ríase la gente”  

Hecha la crítica (aprovechando acontecimientos vaticanos presentes) se impone un cambio de tercio en este artículo. O casi.
  
Los que hemos tenido la suerte de contemplar los frescos que Miguel Ángel pintó hace más de 500 años en la Capilla Sixtina, indefectiblemente, tras forzar nuestro cuello al máximo o incluso tras adoptar la postura decúbito supino en el centro de dicha capilla (con el riesgo de que nos pisoteen o de que nos boten), hemos detenido nuestra mirada en ‘La creación de Adán’ y, con un poco más de esfuerzo visual, en el maravilloso y evocador detalle que nos ofrecen las manos de Adán y de Dios, quizá a punto de tocarse o quizá después de haberlo hecho.

No sé exactamente lo que Miguel Ángel quiso representar con este apunte pictórico ínfimo respecto a la magnificencia de toda la obra, pero le agradezco que me permita utilizarlo como metáfora para crear mi propia teoría sobre la necesidad de transmitir a otros lo poco o mucho que algunos hemos aprendido de la vida.    

Dejando a un lado cuestiones bíblicas, quizá Dios fue un día Adán  y éste tendrá que ser algún día Dios. Está claro que es el dedo índice de Dios quién parece estirarse al máximo para transmitir el conocimiento, pero también parece que la mano laxa de Adán no favorece la recepción de esa enseñanza.

Es la vida, tú quieres compartir algo que para ti es crucial y, sin embargo, aquél que debe recibir tu experiencia o sabiduría no muestra la actitud adecuada para ello, incluso su lenguaje no verbal nos devuelve una figura displicente, alguien que nos está queriendo decir que le importa muy poco eso que estamos intentando transmitirle.

En el mundo empresarial sucede lo mismo, la autosuficiencia del emprendedor hace muy difícil que además de oírte te escuche. Si es joven, por la inconsciencia que otorga creer que se tiene toda la vida por delante, y si es mayor, por la importante dificultad para desaprender y dejar espacio a nuevos enfoques  “Hay otros mundos pero están en éste” dijo el poeta Paul Éluard.     

Creo básico el esfuerzo de ‘predicar’ aunque sea en ‘el desierto’, y mucho más en los tiempos que corren en España donde no podemos permitirnos errores empresariales, sobre todo aquellos que podrían evitarse si hacemos ver a los que deciden iniciar una pequeña-gran aventura de negocio por dónde no deberían ir.

Alertémosles sobre los ‘cantos de sirena’ de nuestros gobernantes y sospechemos cuando esos mismos gobernantes se travistan de adalides del emprendimiento. No nos dejemos engañar jamás por el anestésico halo de los cargos que ostenten, tupido velo que esconde su nula o mediocre experiencia en temas relacionados con los autónomos y las pequeñas y medianas empresas.
  
“Los caminos del Señor son inescrutables” pensó el hasta ahora Cardenal mientras recibía los abrazos y felicitaciones de sus colegas. Y su mente se trasladó muy lejos de ese momento y de ese lugar, a la pequeña parroquia de barrio en donde aprendió que lo importante son los ‘muchos pocos’ y que más vale pelear para que muchos pequeños alcancen sus objetivos que favorecer el que sólo unos pocos grandes cumplan los suyos.

Y volviendo al presente se prometió a sí mismo que no sólo no olvidaría esta lección, sino que haría todo lo posible para llevarla a cabo.

Pidió a todos los presentes que le permitiesen estar un momento a solas en la capilla donde había tenido lugar la votación y, una vez que todas las puertas se cerraron, con cierta indecisión se dirigió al centro de la misma, se agachó, apoyó las manos sobre la tarima de madera que habían puesto para esa ocasión tan especial y se arrodilló, a continuación, dejó que el resto de su cuerpo fuese lentamente al encuentro de ese mismo suelo.

Yacente miró hacia arriba y, en voz apenas audible, rezó. Buscaba una señal, algo que le diese las fuerzas necesarias para acometer con éxito tamaña empresa. Al cabo, mientras todavía oraba, sus ojos se dieron cuenta de que algo había cambiado en la escena pictórica que le había tenido fascinado toda su vida: el dedo índice de la mano izquierda de Adán se había estirado y tocaba, por fin, el dedo de Dios. La señal había sido dada.

Se incorporó con cuidado, se arregló el hábito y, sonriendo, salió de la Capilla Sixtina mientras, a lo lejos, le pareció oír como el protodiácono, ante lo que parecía el murmullo de una gran multitud congregada en la explanada de San Pedro, leía con una voz profunda pero muy emocionada:                  

“ Annuntio vobis gaudium magnum: Habemus Papam”

martes, 23 de octubre de 2012

tweets o ¿twits?

Llevo callado mucho tiempo. Escuchando. Y todo me lleva a concluir que, desgraciadamente para España, hay mucho twit  y pocos tweets. Al menos en el mundo del emprendimiento y la creación de empresas.


'tweet' also found in these Oxford entries:
Spanish: piar - pío

'twit' also found in these Oxford entries:
Spanish: lila - soplagaitas - bobalicón - gili - mamerto - percebe - tontorrón




Emprendedores 'Monopoly'

Huid de los emprendedores 'Monopoly', aquellos que creen que las empresas son un juego y que se van a hacer ricos sin invertir, a golpe de dados.
Para montar una empresa sostenible económicamente necesitas una visión a medio y largo plazo y también la inversión que debes comprometer será a medio y largo plazo. Si no dispones de la misma no montes ninguna empresa.
Una estrategia empresarial  X  no puede tener un presupuesto X - 1.  No funcionará.
Si ya la incertidumbre es inherente al lanzamiento de cualquier negocio, aderezarla con un presupuesto irreal la convierte en verdugo para ese negocio.


viernes, 4 de mayo de 2012

Consejos a un emprendedor del 2009 ¿Valen todavía hoy?


A principios de 2009 me pidieron desde la Asociación de Jóvenes Empresarios de Galicia que participase en lo que luego se llamó "Guía de Experiencias", sin duda una iniciativa muy útil para los que estaban interesados en montar una empresa o ya tenían una en marcha.
La utilidad de esa Guía estribaba en que, quienes hablaban en ella, eran empresarios y profesionales que lo hacían desde la experiencia real.
No sé por qué pero hoy la he vuelto a releer, y me he sorprendido gratamente al encontrarme con afirmaciones mías que no han sido erosionadas por el paso de los años y, por eso, me animo a compartirlas de forma literal en este post, espero que hoy, en este crítico 2012, a alguien le sirvan para algo.  

GUÍA DE EXPERIENCIAS AJE GALICIA
Manuel Dafonte Catoira


SECCIÓN 7: CONSEJOS AL EMPRENDEDOR


32 ¿Cuáles son los consejos que le darías a un emprendedor que empieza su aventura empresarial?


Vive cada día de tu negocio como si fuese el último. Disfruta y aprende de cada acción que lleves a cabo.


Gana todo lo que puedas a corto plazo sin estropear las fuentes que te harán ganar en el futuro pero reflexiona sobre lo que dijo Einstein “Me preocupo poco del futuro porque llega demasiado rápido”


No te enamores de tu empresa, la pasión te nublará el sentido y, si tu negocio ya no es negocio, no te darás cuenta.


Aprende que una empresa es un tránsito: nace, crece, cambia y muere. (Y recuerda que las escuelas de negocio no enseñan como hacer que tu empresa muera del mejor modo).


Alíate, comparte, pide ayuda. No vale la pena el éxito si estás solo.


No te dediques a algo que no sea negocio por mucho que te guste: una empresa necesita ganar dinero para sobrevivir.


Revisa cada cierto tiempo tu concepto de negocio, puede dejar de serlo de un día para otro.


Atrévete a fracasar, recuerda que la experiencia es aquello que conseguimos cuando no conseguimos lo que queremos.


Si no puedes ser único, sé diferente (especial) pero nunca juegues a ser “el más barato” siempre habrá otros “más baratos” que tú.


Permítete momentos de locura empresarial, imagina las cosas más extravagantes que tu empresa podría llevar a cabo y arriésgate de vez en cuando a ponerlas en práctica.


Y, recuerda, al final de la partida de ajedrez, todas las piezas acaban en la misma caja.