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lunes, 2 de junio de 2014

DESEMPRENDER

Este es el único término que me faltaba por acuñar en el proceloso mundo del emprendimiento.

Estoy especialmente orgulloso de haber dado cuerpo a la palabra ‘emprendesario’ o al vocablo ‘emperdedor’ pero ninguno de ellos tiene tanta carga de profundidad en estos momentos como ‘desemprender’ o su variante ‘desemprendedor’.

Desemprender es nadar contra corriente, es ir en contra de la moda que nos envuelve de que todo el mundo puede montar un negocio o crear su propia empresa.

Desemprender es enarbolar un discurso realista y echarse a un lado cuando uno conoce sus limitaciones y sabe que el autoempleo no es lo suyo.

Desemprender es ser coherente incluso antes de haberlo intentado, es reconocerse a uno mismo en el espejo de un hipotético fracaso y apartar la mirada. 

Se puede y se debe estar muy orgulloso de ser un desemprendedor, lo mismo que cuando se es emprendedor, porque no intentar ciertas cosas en la vida en ningún caso supone fracasar o ser menos que nadie, más bien al contrario, puede suponer un síntoma de inteligencia que acabe marcando la diferencia entre nuestro éxito o nuestro fracaso como personas.

Me consta que hay mucho desemprendedor que no se atreve a “salir del armario” y disimula cada día haciéndose pasar por lo que no es. Sé que no es fácil cambiar cuando estás literalmente atrapado por un remolino de compromisos, de necesidades, de deudas, pero también sé que nunca vas a ser feliz si aquello que te ocupa más de la mitad de tu existencia diaria no es aquello que deseas.

Quiero, me gustaría, prometo que me empeñaré en ello todo lo que haga falta, ayudarte a romper tus cadenas de pseudoemprendedor y lograr que reconozcas (primero a ti mismo) que, en realidad, aspiras a desemprender y que lo vas a hacer cuanto antes, que no vas a permitir que sea demasiado tarde.

Tú no aspiras a las escasas satisfacciones que tiene el autoempleo, tú quieres vivir tranquilo y prefieres que las decisiones las tomen otros, especialmente aquellas que pueden tener consecuencias irrevocablemente negativas.

Tú quieres vivir en paz, comprometido en desarrollar lo mejor posible una actividad útil para otros, un trabajo que te reporte lo suficiente para comer y dar de comer a los tuyos (metafórica comida que nos sirve para definir aquellas necesidades básicas de la vida que, una vez cubiertas, nos permiten ser un poquito felices).

Si eres emprendedor de los de verdad, la vida está ahí para comértela a mordiscos, aunque te muerdan, las oportunidades sólo esperan a que tú las descubras, y las utilices, el fracaso apenas son siete letras que asustan menos si las ordenas de nuevo como ‘cosfara’ y te imaginas que se refieren a una exótica comida. 

Si eres emprendedor estás dispuesto a empezar de nuevo aunque sepas que el árbitro está a punto de pitar el final del partido, aunque sólo sea porque no podrías permitirte vivir con la sensación de duda que genera “el qué hubiera pasado si…”

Te lo pido por favor, no te engañes a ti mismo, no quieras ser lo que no eres, no intentes ser lo que otros quieren que seas, no emprendas sino eres emprendedor, y si ya lo has hecho: desemprende, cuanto antes, ya, hoy mismo, no esperes a que la telaraña te atrape un poco más en cada movimiento desesperado, en cada huida hacia delante, en cada suspiro por todo lo que nunca fuiste.

Un desemprendedor vivo es mucho mejor que un casi-emprendedor muerto. Y a ti te queremos vivo, sano, feliz, fuerte, optimista. Los que somos emprendedores de verdad te necesitamos para que nos ayudes, sin ti nuestras empresas sólo serían un solitario y aburrido lugar donde ir a trabajar, una ficción compuesta por nosotros mismos y nadie más.   

La actitud proviene de la esencia de tu ser, de lo más profundo de las emociones, y nunca tendrás actitud emprendedora si tu corazón no late en clave de asumir el riesgo inherente a la libertad de ser el verdadero dueño de tu destino.

domingo, 27 de octubre de 2013

APRENDER Y DEJARSE ENSEÑAR

Hace unos días, en una entrevista que me hicieron en RTVE, tuve la ocasión, una vez más, de insistir en la importancia de aprender del fracaso y en la necesidad que todo emprendedor tiene de contar con un mentor que haya fracasado y haya hecho lo propio.
Si emprendes tienes un 90% de posibilidades de fracasar, tu éxito será fracasar rápido y barato. La victoria radica en quedar levemente herido para poder levantarte e intentarlo de nuevo.
Si emprendes de la mano de un mentor que haya emprendido, que haya fracasado y, sobre todo, que haya aprendido de todo lo anterior, tus probabilidades de fracaso bajarán hasta el 50%.
Autoestima emprendedora toda, soberbia ninguna. Los que más saben más se dan cuenta de que les falta todo por aprender. Déjate acompañar una parte del camino y, si puedes, incluso permite que, antes de salir a caminar, alguien que tenga las suelas de sus zapatos desgastadas prepare contigo el viaje.    

http://www.rtve.es/alacarta/audios/la-lanzadera/lanzadera-17-10-13/2071442/

viernes, 21 de junio de 2013

Hablando en RTVE de Emprendimiento Responsable

Querían a alguien que hablase en primera persona de la parte 'oculta' de emprender y encontraron mi libro.
Muchas gracias a Armando López , Director de "La Lanzadera" en Radio Exterior de España por haber tenido la paciencia de buscarme y de leerme.

http://media3.rtve.es/resources/TE_SLANZAD/mp3/9/1/1371796225019.mp3

jueves, 23 de mayo de 2013

¡UP!




Hace unos días un buen amigo me decía “Desengáñate Manolo, actualmente sólo hay dos tipos de pequeños empresarios en España, los que no tienen dinero y los que todavía no se atreven a decir que no lo tienen”

Y lo grave es que mi querido amigo no va muy desencaminado en su reflexión.

El pequeño empresario de este país ha tenido que adaptarse a una nueva realidad para la que no estaba preparado, una tormenta perfecta en la que no hay crédito y no hay consumo suficiente para que todos los negocios sobrevivan. Algunos han asumido la nueva situación con dignidad, reduciendo costes, abaratando precios, perdiendo margen, renunciando a su bienestar personal, mientras que otros todavía no se atreven a decirle al mundo que ya no son los de antes, que ya no disponen de liquidez suficiente, aunque se pasen el día disimulando de forma algo patética, resistiéndose a enfrentar su nueva condición de empresarios pobres.

Creo que, unos y otros, están obligados a no pronunciar nunca más ese chascarrillo de “te juro que es la primera vez que me pasa” y, si hace falta -que estoy seguro de que a muchos les hará mucha falta- tendrán que echar mano de toda la ayuda externa que puedan encontrar para seguir erguidos, incluso en forma de píldoras, sean del color que sean.

Ante este panorama para los que ya están metidos en la “carrera de la rata” se contrapone la situación de aquellos que todavía no han dado el salto pero que están pensando en emprender micro negocios. Estos sí que tienen suerte: saltarán a la piscina sabiendo que no tiene agua y, en los tiempos que corren, esto es una gran ventaja.

Por qué digo sin ningún tipo de ironía que “es una gran ventaja”, porque aunque la Ley de Murphy nos diga lo contrario, creo sinceramente que, para el micro emprendedor, las cosas no pueden ponerse más difíciles de lo que están. Y me van a permitir que explique tan arriesgada profecía.

En primer lugar, creo que la información sobre la situación económica de nuestro país es clara y meridiana: está hecha unos zorros. Con esa perspectiva, ningún emprendedor de un pequeño negocio en su sano juicio aspirará a obtener rendimientos superiores a los de la pura supervivencia y, sinceramente, ese objetivo todavía me parece alcanzable en la España de hoy.

En segundo lugar el emprendedor al que nos referimos, al que llamaré a partir de este momento “E-lean” en su acepción anglosajona, donde la E es por Entrepreneur (emprendedor-empresario) y lean por ser un adjetivo que significa ‘austero’, goza de un gran privilegio: no tiene gastos excesivos ni compromisos previamente adquiridos para su negocio que le lastren, es alguien que puede incluso permitirse el lujo de empezar, ver como responde el mercado, hacer las adaptaciones oportunas si puede y, si su negocio no funciona, cerrarlo sin demasiadas consecuencias.

En tercer lugar, y mientras no se le reblandezca la memoria, si logra salir adelante, siempre actuará con ese principio de austeridad (especialmente en la deuda) con lo que tendrá más posibilidades de sobrevivir a largo plazo que cualquier empresario de hoy que haya montado su negocio en la pretérita época de bonanza crediticia y de consumo.      

Con todo, un “E-lean” no está libre de cometer errores, del acoso de la administración, del azote de la competencia, de la falta de recursos, de los bajones anímicos, etc… por eso, aunque viaje ligero de equipaje y pueda cambiar de dirección buscando vientos más favorables, estoy seguro de que algún día también necesitará tomar alguna píldora para mantenerse firme, lo que no le quitará mérito alguno a su hazaña de emprender.

En resumen, si hay una oportunidad para emprender en este país sin duda es para el valiente “E-lean”, y si usted tiene una idea de negocio piense en las ventajas que supone llevarla adelante sin demasiados riesgos aunque el resultado económico no sea para entrar en la lista de la revista Forbes.

Es como volar en una compañía low cost frente a una tradicional, la primera le permite llegar a lugares no muy lejanos, a un bajísimo precio si sólo viaja con una simple maleta de mano, la segunda le llevaría al fin del mundo con todo el equipaje que usted desee pero, simplemente, usted no puede pagar el billete. Mi elección es obvia: yo quiero volar (emprender) y no ver desde la sala de espera (paro) como otros despegan (trabajan). Si usted piensa lo mismo que yo sólo me queda una palabra por decirle:  ¡UP! 

lunes, 13 de mayo de 2013

ESPAÑOLADAS


Sin duda Don Alfredo Landa lo consiguió: nació llorando entre las sonrisas de los suyos y murió feliz, sonriendo al recordar su vida, entre las lágrimas de los muchos que le querían.

Parece que con su muerte nos atrevemos a reconciliarnos con muchas de sus películas, especialmente aquellas en las que nos hacía soñar con una España orgullosa de serlo, con muchos defectos eso sí, pero también con muchas ganas de superarlos con la vista puesta en una modernidad que acabaría llegando sin renunciar a nuestro propio ser.

Sin embargo, hasta hace muy poco, esa comedia llena de testosterona ibérica, de argumentos sencillos y de grandes dosis de sociología, se consideraba un género menor, puro entretenimiento para la tarde de los sábados de una España con sólo dos cadenas de televisión.

¿Y si asumiésemos de una vez la realidad de lo que somos como país y nos pusiésemos a la tarea de fabricar un nuevo futuro para España desde ese punto?

¿Qué pasa si de verdad somos parte de una “españolada” y tenemos que construir desde ahí? Absolutamente nada.

Tenemos las libertades suficientes, el marco jurídico necesario y los ciudadanos adecuados para, usando aquellas sin traspasar los límites de éste, asumir la nueva realidad de reconquistar sentimientos olvidados que siempre nos han caracterizado, en especial el del sentido del humor o, más bien, la capacidad de reirnos de nosotros mismos.

Bajitos y cabreados, puede que sí, pues nos sobran motivos para lo último y parece que  no hay manera de crecer por culpa del fardo de deuda que cargamos en la espalda. Y parece que sin esos centímetros de altura que nos faltan no somos capaces de decirles a los demás países que esta realidad española es antinatural, que no queremos ser Alemaña o Espamania y que, de seguir así, nos enterrarán en un cementerio de intereses   en donde seremos zombis para siempre, pero de los malos, e iremos a por ellos y acabaremos todos en una Europa de muertos vivientes.

Mientras tanto seguimos escondidos detrás de la soflama, de la indignación ineficiente y de mucha demagogia. Somos otra vez las dos Españas que se miran, una desde el “esto no va conmigo” mientras se hace más y más pobre cada día y otra desde el “hay que recuperar lo que nos han robado” que sigue sin darse cuenta de que lo robado ha desaparecido irremisiblemente. Y en el medio, los de siempre, apoltronados en su condición natural del “ande yo caliente…” al margen de la ley.

Ante este panorama yo he decidido dejar de ver este país como una gran multitud de gente cabreada y empezar a mirarlo a través de los ojos de cada una de las personas que viven en él. Y desde que he empezado me he topado con miradas ilusionadas, con ojos que han decidido no derramar más lágrimas, con pupilas que se dilatan si les hablas de esperanza, con pestañeos nerviosos llenos de ganas de comerse el mundo, con miopías que ya no lo son tanto, en definitiva, con personas que ya no tienen ‘vendas en los ojos’ y están dispuestos a luchar por ellos mismos y, de paso, por esa nueva España sea ésta como sea.

Es cierto que muchas de esas miradas eran de emprendedores, de personas que ya han tomado la decisión de ser dueños y responsables de su destino, importándoles cada día menos lo que otros digan de ellos y de esa ‘locura’ que están a punto de cometer. Sus ojos me dicen que están absolutamente convencidos de su éxito, tanto o más que el propio Señor Landa cuando se trataba de ligar suecas y, no nos engañemos, eso es lo único que importa para empezar.

No sé si el “landismo”, en esa parte de sentido del humor y alta autoestima que rebosa,  podría ser un ejemplo perfecto para un emprendedor, pero sí que es una buena referencia para hacerle mirar hacia delante sin preocuparse del qué dirán. Algún día ese emprendedor podrá reírse de aquellos que llamaban “españolada” a su proyecto y ahora lo consideran digno de recibir un Goya.   

martes, 7 de mayo de 2013

CALLE DEL TRABAJO




SEPE es el acrónimo de Servicio Público de Empleo Estatal, no lo digo yo, lo dice la página web del Ministerio de Empleo y Seguridad Social. Y lo primero que me llama la atención es que a ese acrónimo le faltan letras o, sencillamente, las tiene mal colocadas.

Si fuese SPEE estaría bien, porque sería casi como una droga de diseño, si fuese SEPUEMES tampoco estaría mal porque recordaría al mantra más repetido en estos tiempos “Sí se-puemes”, en cualquier caso para mí será siempre el INEM (Individuos Nunca EMpleados), un lugar donde te apuntabas cuando ya habías conseguido un trabajo, sólo porque era obligatorio que te expidieran un certificado para que la empresa que te había seleccionado pudiese formalizar contigo el contrato laboral.

Durante muchos años como empresario realicé contrataciones y jamás conseguí que el INEM me aportase ni uno solo de los trabajadores que yo demandaba, eso sí, cuando  seleccionaba a un trabajador éste tenía que pasar obligatoriamente por allí, afortunadamente hacía una cola diferente a los que estaban ‘sellando la cartilla del paro’ y perdía muy poco tiempo.

Esta reflexión me lleva a proponer la eliminación del SEPE. Que el Ministerio de Empleo se encargue de todo lo que tenga que ver con las prestaciones a desempleados y que la búsqueda de empleo pase a ser de ámbito puramente privado (agencias de empleo, ETTs, etc…). Un gasto menos.
  
A lo mejor estoy interpretando mal lo que significa ser un Servicio Público de Empleo Estatal y su verdadera función es dar Empleo Público en un Servicio más del Estado, es decir, a quienes hayan aprobado una oposición o hayan sido contratados por la administración. En este caso me reafirmo en lo dicho: es un organismo que sobra.

Si una empresa necesita un trabajador no duden ustedes de que lo encontrará sin necesidad de la intermediación de ninguna oficina pública, el problema ahora es otro totalmente distinto, en España no hay trabajo porque no se crean empresas suficientes  para que haya demanda de nuevos trabajadores y, además, en las empresas ya existentes a veces no hay negocio suficiente para mantenerse a flote y, mucho menos, para aumentar su plantilla teniendo que asumir los altísimos costes sociales que eso supondría.

Podemos caer en la tentación de valorar positivamente que a principios del mes de mayo de 2013 en España sólo haya 5 MM de parados apuntados en el INEM en relación a los más de 6,2 MM de ‘activos sin actividad’ que refleja la Encuesta de Población Activa, pero sólo estaríamos aplastando con cifras la cruda realidad de muchas familias que no trabajan, que no perciben ayudas del Estado y que, desgraciadamente, es muy fácil que ya formen parte para siempre de los excluidos sociales (los también conocidos como  pobres cuando no usamos eufemismos).

Entonces ¿qué hacemos? Lo primero ponernos de acuerdo en que, para que nuestro país siga siendo un lugar donde merezca la pena vivir, tendremos que dar trabajo, al menos, a 4 MM de personas en apenas dos años (asumiendo todavía un desempleo cercano al 10% de la población activa que en otros lugares sería una cifra insostenible).

Si estamos de acuerdo lo siguiente que deberíamos de hacer es eliminar las cotizaciones sociales de todos los autónomos y de todos los contratados por esos autónomos y por pequeñas empresas durante, al menos, esos dos años. En compensación, nadie de los que se acoja a estas exenciones computará ese período para su pensión o para su prestación por desempleo.

Por último deberíamos bajar los impuestos, especialmente los indirectos como el IVA para poner más liquidez en manos de los consumidores, a la vez que deberíamos lograr que fluya el crédito a través de un banco público que relaje los criterios de riesgo que actualmente la banca comercial está aplicando a particulares y empresas.

Si a todo lo anterior le sumamos el desmantelamiento de la macroestructura de las diferentes administraciones y mejoramos en eficacia e independencia nuestra justicia, entonces no habrá quien nos pare.

¿Fácil? Nada en la vida es fácil. ¿Urgente? Muy urgente. ¿Importante? Muy importante. 

Pasemos hoy mismo a la acción si no queremos que en el único sitio de nuestras ciudades donde haya trabajo sea en el nombre de una calle.

martes, 30 de abril de 2013

Sr. Radical


En España hay unos 70.000 presos y unos 14.000 monjes contemplativos, estos son los únicos colectivos que no tienen que preocuparse de nada. Tienen comida y techo garantizado sin tener que realizar un trabajo remunerado.

Puestos a elegir, la alternativa carcelaria te ofrece mayor contacto con el mundo exterior (visita dominguera) y relaciones sociales más amplias (paseo por el patio), a su vez, la clausura monacal te garantiza una total tranquilidad interior y una vida sin mayores sobresaltos (ya se sabe que hablar está sobrevalorado).

Si no te convencen ninguna de estas dos opciones, siento decirte que ubicarse en alguno de los grupos que contempla la última Encuesta de Población Activa no te asegura nada, incluso la opción de ser empleado público está en entredicho, ya que en cualquier momento empezarán a rebajarles el sueldo hasta límites sólo conocidos por los antiguos funcionarios de la ex Unión Soviética.

Dejando al margen los criterios para definir lo que es una persona ‘Activa’ para la EPA (las amas de casa no lo son), en España somos 47 millones de ciudadanos (bajando) y sólo a 22,8 millones se nos considera ‘Activos’. De ellos, tan sólo 16, 6 millones ejercen como tales.

No voy a comentar lo obvio, la insostenibilidad del estado de bienestar que conocemos  cuando sólo un 35% de la población está ocupada, me temo –permítanme la digresión-  que tendremos que inventar otro modelo y calificarlo como ‘de bienestar’ aunque no se parezca ni ‘por el forro’ al que habíamos alcanzado. Sin embargo sí voy a realizar un análisis microscópico de los datos, enfocando mi lente en la distribución de esas personas ‘Ocupadas’.

Grosso modo, de los más de 16 millones de personas ocupadas, 10 millones y medio lo son por cuenta ajena, 3 millones  por cuenta propia y casi otros 3 millones serían empleados públicos.

Hace un tiempo, desde las asociaciones de autónomos y pymes se decía aquello de que “si cada uno contratase un trabajador, se acabaría con el paro” parece que ahora van a tener que contratarse al menos dos… O quizá también se podría doblar el número de autónomos y que los 6 millones resultantes contratasen a los 3 millones de parados que quedarían, ‘et voilà’, pleno empleo en España.

Sobre el papel todo resulta fácil, pero la realidad es que no se puede montar un negocio o hacerse autónomo cuando no hay mercado objetivo para tu producto o servicio. Y, desgraciadamente, en España, no hay consumo suficiente para tanto potencial autoempleado. Tengamos en cuenta que más de 5 millones de personas de las ocupadas no llegan a ganar 1.000 € mensuales lo que, tras el gasto de subsistencia (vivienda, comida, salud) poco les queda para hacerse consumidores de otros servicios (sector éste, el de servicios, en el que la mayoría de los autoempleados recalan cuando deciden montar su propio negocio).   

Por tanto, cuando los políticos enarbolan la bandera del ¡Hágase emprendedor! ¡Monte su propio negocio! deberían ser conscientes de que ofrecer este tipo de sacrificios a los dioses de la economía no sólo no va a solucionar nada sino, más bien, todo lo contrario.

Otras soluciones típicas que también se proponen para mejorar los resultados de la EPA, acaban pasando siempre por la internacionalización, y no me refiero a fabricar productos en nuestro país para exportarlos (apenas tenemos industria) me refiero a lo que antes se conocía vulgarmente por ‘emigración’ ya que, si buscas trabajo, quizá lo encuentres fuera de España y nos arregles un poco la estadística.

Nos queda el reparto del trabajo, pero como ya hemos visto, si ganas menos de 1.000 € es poco probable que puedas trabajar la mitad, cobrar 500 € y sostener a tu familia. Aunque es verdad que tendrías mucho más tiempo para estar con los tuyos, no en todos los casos esto es tan maravilloso como lo pintan ¿verdad?

Por tanto nos abocamos al sistema ‘Robin Hood’, debemos robar a los ricos para dárselo a los pobres. Esta es una metáfora válida para el principio lógico de redistribución de rentas que cualquier democracia esgrime en su esencia pero que, como vemos todos los días, no se cumple.

Entonces ¿qué hacemos?  Lo primero dejar de engañarnos a nosotros mismos y asumir la cruda realidad.

Viviremos más pero viviremos peor. Dispondremos de menos dinero y tendremos menos servicios públicos gratuitos. La mayoría no podremos jubilarnos porque alcanzar una pensión digna será imposible, no habremos cotizado los años necesarios ni la cantidad adecuada. Probablemente no tendremos una vivienda en propiedad porque, incluso tras acabar de pagar la hipoteca, los impuestos sobre ella la convertirán en una carga imposible de aguantar y prefiramos venderla (eso sí, a un precio muy por debajo de lo que nos costó). Nuestros padres no nos podrán ayudar y nuestros hijos mucho menos y, lo peor, nosotros no podremos ayudar ni a nuestros padres ni a nuestros hijos.

Una vez que nos hemos quitado la venda de los ojos sólo nos queda proponer alternativas radicales si queremos lograr otro futuro diferente al que hemos descrito en el párrafo anterior.

A mí se me ocurren varias cosas radicales, la primera dejar el aparato del Estado en su mínima expresión (aunque eso suponga a corto plazo otro millón más de parados y acabar con las autonomías), lo segundo dejar de pagar la deuda pública renegociando con nuestros acreedores nuevos plazos de amortización y abono de intereses (y, por tanto, dejar de emitir deuda nueva), lo tercero negociar nuestra posición en el club que llamamos Unión Europea (si no les gustan las nuevas reglas que les vamos a proponer, nos marchamos), lo cuarto, en función de lo anterior, mandar el euro a tomar viento y volver a la peseta, lo quinto dedicar los recursos del país a crear o relanzar sectores estratégicos de futuro (energías renovables, sector primario, investigación, tecnología, etc…) y lo sexto, hacer que el máximo número de personas del mundo sigan creyendo que, a pesar de todo lo radicales que nos hayamos vuelto, somos un magnífico lugar para venir a visitar e, incluso, para invertir o quedarse a vivir.

Seguro que si cada uno de nosotros, detrás de nuestro nombre de pila, nos ponemos a modo de apellido el adjetivo RADICAL (que según el diccionario de la RAE significa  “Partidario de reformas extremas, especialmente en sentido democrático.”) podremos imaginar soluciones que nos saquen de este berenjenal donde nos hemos metido sin necesidad de tener que optar entre el hábito o el traje a rayas.

sábado, 27 de abril de 2013

UN PAÍS PARA... REÍRSE



Allan Stewart Königsberg dijo “La última vez que estuve dentro de una mujer fue cuando visité la Estatua de la Libertad”

Claro que, cuando pronunció esa frase, ya era conocido como Woody Allen.

Sólo nos queda el Sentido del Humor como arma y la Poesía como refugio, digo yo.

La tragicomedia en la que estamos inmersos en España nos está quitando las ganas de reír. No sé por qué.

Acaso no es gracioso ver como los medios de comunicación se congratulan de cada una de las emisiones de deuda pública que somos capaces de colocar. Por ejemplo, el pasado 7 de marzo, el Tesoro Público colocó 2.435 Millones de euros a 10 años a un tipo de interés del 4,615%. Esto significa que habrá que devolver ese dinero algún día con sus más de 120 Millones de euros de intereses cada año (sí, más de 1.200 Millones de euros, casi la mitad de lo que nos han prestado) y lo más gracioso es que, muy probablemente, el dinero captado se haya destinado íntegramente a pagar intereses o amortización de deuda antigua ya vencida.

Y acaso no es muy gracioso que muchas de Sus Señorías, aprovechando que el Congreso con sus leones está a sólo dos pasitos del Hotel Palace, decidan ir a degustar allí ‘el menú del día’ a costa de nuestros impuestos.

Y no es motivo de risa que en aras del bien común y para “hacer país” un famoso Diputado de las Cortes catalanas de larga raigambre política se interese por un asunto tan importante para la seguridad de las personas como las inspecciones técnicas de los vehículos.

Acaso no es para desternillarse que alguien pueda verse inmerso en un expediente de regulación de empleo de una empresa no habiendo trabajado nunca en esa empresa (o incluso no habiendo trabajado nunca). 

No me negarán que hay motivos más que de sobra para la carcajada en España. A mí, de hecho, se me saltan las lágrimas cuando veo el telediario, escuchando noticias sobre juicios tipo “Saqueo 2” y pensando que se roba tanto en este país que hasta los procesos judiciales necesitan secuelas.

Si el que no se ríe en esta España nuestra es porque no quiere, miren ustedes que hasta tenemos humor gráfico de primer nivel, fotografías con protagonistas que navegan y viajan juntos pero que no se conocen realmente de nada. Fotografías de elefantes, pseudo princesas, árabes en el golfo y golfos que quieren irse con los árabes. Total, un cachondeo de país.

“Eso es así” que dirían Rafa y Fali con sus “sevillanas maneras”. Un “fistro” de país lleno de “pecadores de la pradera” que se nos está quedando ‘Chiquito’ de tanto que lo están robando.

A lo mejor es sólo sensación mía, pero hace no pocos años, día sí, día también, cuando te encontrabas con un amigo por la calle no era extraño que en la conversación contases o te contasen un chiste. Hoy, el único chiste es tu propia cara de gilipollas, la que se nos está quedando a todos viendo lo que están haciendo con nosotros.

En fin, me aplicaré la innata sabiduría del señor Stewart y, como a veces me resulta difícil esbozar siquiera una sonrisa, seguiré su teoría según la cual “el sexo es lo más divertido que se puede hacer sin reírse” y, de paso, aprovecho para recordarle a nuestros gobernantes que practicar sexo nada tiene que ver con ‘andar jodiendo’. Ja, ja, ja…

miércoles, 10 de abril de 2013

Y usted ¿practica el AHC?


Durante muchos años, casi 20, mi vida profesional estuvo totalmente vinculada al mundo hipotecario. Probablemente habré gestionado hipotecas, o bien yo directamente o bien a través de mi organización, por más de 200.000 Millones de pesetas (1.250 Millones de los actuales euros).

Esto significa que más de 10.000 familias confiaron, a lo largo de esos años, en mi capacidad profesional o en la de mi equipo, y que dejaron en nuestras manos “la inversión más importante de sus vidas” como ellos mismos decían, ya que, principalmente, nuestros clientes querían comprar su primera vivienda con esa hipoteca que les conseguíamos.

Pero esto no es todo, teniendo en cuenta que no todos los que se acercaban a nosotros a recibir asesoramiento necesariamente acababan formalizando dicha hipoteca a través de nuestra empresa, es muy probable que hayamos dado información sobre lo que implicaba contratar un buen préstamo hipotecario a más de 50.000 personas en “aquellos maravillosos años”.

No tengo la certeza absoluta, y sin duda me resultaría imposible investigarlo, saber cuantos de esos clientes ‘hipotecados’ gracias a nuestra intervención no han podido hacer frente a sus pagos y, mucho menos, saber cuantos han sido desahuciados, pero me atrevería a afirmar que muy pocos y que, probablemente, la cuantía de estos últimos, de los que hayan podido sufrir un ‘lanzamiento’, no llegue al 0,1% del total (menos de 10 familias).

¿En qué me baso para atreverme a hacer tal afirmación? Principalmente en dos premisas, la primera de ellas es que muchas de las hipotecas gestionadas habrían llegado a su fin, o tendrían saldos pendientes de amortizar muy exiguos, en el momento en que se recrudecía la crisis económica (a partir de 2010) y empezaba la desaforada escalada del desempleo (factor determinante para el impago) y la segunda premisa es que nuestras actuaciones y consejos profesionales estaban basados en un código ético auto impuesto cuya máxima principal decía “Nunca gestionaremos una hipoteca a alguien que, objetivamente, no pueda pagarla”.

Y aunque la palabra “objetivamente” se puede tornar en algo subjetivo con facilidad, los controles de calidad y de riesgo que establecíamos detectaban de forma rápida cualquier desviación de su verdadero significado que pudiese resultar potencialmente peligrosa.

Y, si ustedes han llegado hasta aquí, se estarán preguntando a qué viene este ‘rollo’ que les estoy contando, el porqué de esta ‘batallita’ grandilocuente cuando todos sabemos que “agua pasada no mueve molino”; pues simplemente para tener una base creíble que me permita esbozar una teoría o, mejor dicho, una reivindicación: volvamos a la ética de las cosas bien hechas, volvamos a ponernos límites a nosotros mismos, no hagamos las cosas porque sean obligatorias o dejemos de hacerlas sólo porque estén prohibidas.


Si cada uno de nosotros actuáramos pensando en si lo que hacemos será positivo o negativo para el conjunto de la sociedad, probablemente dejaríamos de hacer muchas cosas e intentaríamos hacer muchas otras de forma diferente.

Afortunadamente yo hoy puedo dormir tranquilo, porque a las miles de personas que, alguna vez, confiaron en mí, podría mirarles a la cara y decirles que hice lo correcto, aunque más tarde las circunstancias de la vida o causas de fuerza mayor les hubiesen podido llevar a un lugar en el que nadie querría estar.

Probablemente, si yo hubiese actuado de otro modo, hoy tendría una situación económica aceptable y no la propia de una persona arruinada (situación, por cierto, nada recomendable y que, como usted ya sabe, querido lector, he plasmado en mi libro “No hay huevos. La locura de ser emprendedor en España” para intentar evitar que otros corran mi misma ‘suerte’), aunque también creo que probablemente no dormiría tan tranquilo.

En resumen, tanto en momentos expansivos como en momentos muy difíciles, deberíamos practicar el AHC “El Arte de Hacer lo Correcto” Y deberíamos practicarlo sin frustración porque, como cualquier ‘arte’, requiere mucho tesón y mucha práctica, además de una definición clara y sin ángulos sobre lo que verdaderamente significa “hacer lo correcto”.

Yo propongo una definición si ustedes me lo permiten: “Hacer lo correcto es actuar de tal modo que te beneficies sin perjudicar a los demás”

La utopía será intentar conseguir beneficios para todos pero, si tan sólo lográsemos no perjudicar a otros cuando actuamos, estoy totalmente convencido de que estaríamos logrando mucho.

Yo practico el AHC ¿y usted?    

martes, 2 de abril de 2013

LECCIONES DISNEY PARA EMPRENDESARIOS: DUMBO

Dumbo, como todos ustedes recordarán, es la historia de un elefante con un gran ‘defecto’ físico. Es la historia de alguien que nunca supo quién era su padre, de un elefante del que sus propios congéneres se burlaban con saña. Es la historia de alguien cuya madre acaba en la cárcel por su culpa, de alguien que odia su trabajo y que, además, tiene un jefe que le humilla.

Dumbo es la historia de alguien que tiene un único amigo al que, en condiciones normales, nunca elegiría como tal, un amigo que, además, le introduce en el mundo del alcohol y, no contento con eso, le convence de que, aún estando sobrio y por muy elefante que sea, puede volar si se agarra con fuerza a una pluma ‘mágica’ que le han dado unos expertos.

Dumbo es la historia de una estrella fugaz que, cuando por fin sabe hacer algo que la gente valora, se da cuenta de que debe ‘hacer caja’ rápidamente porque, en muy pocos años, ni siquiera sus enormes orejas serán capaces de elevar un palmo del suelo los  7.000 Kg que acabará pesando durante los más de 50 años que durará su vida.
Dumbo podría ser ¡por qué no! la historia de muchos emprendesarios españoles. De muchas personas que tienen el enorme defecto de querer llevar adelante un proyecto de vida profesional diferente, de hacerlo crecer, de alcanzar un sueño.
Por supuesto que la historia de muchos emprendesarios también tiene el barniz de la humillación constante por parte de la sociedad y el tinte de ponerse en riesgo a sí mismos y a sus familias cada día. La historia es la de muchos que a veces ahogarían sus penas en alcohol si no tuviesen claro que intentar volar vale la pena, emprendesarios que se aferran a la única pluma ‘mágica’ que tienen: la confianza en sí mismos (y su gran capacidad de trabajo).
Una historia, la del emprendesario, que casi nunca llega a hacer Historia, fundamentalmente porque, a lo largo de su vida, no serán uno, sino varios, los proyectos empresariales que intentará con mayor o menor suerte (si le dejan).
En fin, Dumbo, la historia de una pluma ‘mágica’ y de dos grandes pabellones auriculares que, en perfecta combinación, hicieron volar a un pequeño elefante. ¿Ficción? Ni mucho menos, lo que sí me parece ficción es que todavía existan personas en este país que estén dispuestas a ser emprendesarios. Para ellas, como homenaje y por si les vale de algo, les regalo mi pluma mágica (con la que, un día, logré escribir el ‘palabro’ que mejor las define).   

* Muy pronto, en “Lecciones Disney para Emprendesarios” : Bambi

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sábado, 16 de marzo de 2013

HABEMUS PAPAM


Mi colaboración para ASCEGA (escrita el 9 de marzo de 2013)




A las 16:30 h del martes 12 de marzo dará comienzo el cónclave que deberá decidir quién gobierna la iglesia católica en el futuro próximo.

Para muchos católicos la persona elegida les resultará indiferente, al cabo de unos días la aceptarán como cabeza de su organización y se olvidarán del pasado que haya tenido.

Es la aceptación de un liderazgo inherente a la esencia del cargo: una vez que hayas sido elegido Papa ya eres la persona adecuada.

Esta forma de liderazgo es la que se creen nuestros políticos que pueden ostentar por el simple hecho de haber ganado unas elecciones. ¡Qué lejos están de la realidad!  

Tendrán el poder pero han perdido su autoridad. El poder te lo otorga el cargo pero sólo puedes estar investido de autoridad cuando los que te siguen (o los que gobiernas) te respetan y consideran que sabes a dónde vas.

En España, el destino de nuestros gobernantes es únicamente ‘permanecer’. Permanecer en la política o sus adyacentes, extraer rentas de aquella y malinterpretar los versos de Góngora “Ándeme yo caliente y ríase la gente”  

Hecha la crítica (aprovechando acontecimientos vaticanos presentes) se impone un cambio de tercio en este artículo. O casi.
  
Los que hemos tenido la suerte de contemplar los frescos que Miguel Ángel pintó hace más de 500 años en la Capilla Sixtina, indefectiblemente, tras forzar nuestro cuello al máximo o incluso tras adoptar la postura decúbito supino en el centro de dicha capilla (con el riesgo de que nos pisoteen o de que nos boten), hemos detenido nuestra mirada en ‘La creación de Adán’ y, con un poco más de esfuerzo visual, en el maravilloso y evocador detalle que nos ofrecen las manos de Adán y de Dios, quizá a punto de tocarse o quizá después de haberlo hecho.

No sé exactamente lo que Miguel Ángel quiso representar con este apunte pictórico ínfimo respecto a la magnificencia de toda la obra, pero le agradezco que me permita utilizarlo como metáfora para crear mi propia teoría sobre la necesidad de transmitir a otros lo poco o mucho que algunos hemos aprendido de la vida.    

Dejando a un lado cuestiones bíblicas, quizá Dios fue un día Adán  y éste tendrá que ser algún día Dios. Está claro que es el dedo índice de Dios quién parece estirarse al máximo para transmitir el conocimiento, pero también parece que la mano laxa de Adán no favorece la recepción de esa enseñanza.

Es la vida, tú quieres compartir algo que para ti es crucial y, sin embargo, aquél que debe recibir tu experiencia o sabiduría no muestra la actitud adecuada para ello, incluso su lenguaje no verbal nos devuelve una figura displicente, alguien que nos está queriendo decir que le importa muy poco eso que estamos intentando transmitirle.

En el mundo empresarial sucede lo mismo, la autosuficiencia del emprendedor hace muy difícil que además de oírte te escuche. Si es joven, por la inconsciencia que otorga creer que se tiene toda la vida por delante, y si es mayor, por la importante dificultad para desaprender y dejar espacio a nuevos enfoques  “Hay otros mundos pero están en éste” dijo el poeta Paul Éluard.     

Creo básico el esfuerzo de ‘predicar’ aunque sea en ‘el desierto’, y mucho más en los tiempos que corren en España donde no podemos permitirnos errores empresariales, sobre todo aquellos que podrían evitarse si hacemos ver a los que deciden iniciar una pequeña-gran aventura de negocio por dónde no deberían ir.

Alertémosles sobre los ‘cantos de sirena’ de nuestros gobernantes y sospechemos cuando esos mismos gobernantes se travistan de adalides del emprendimiento. No nos dejemos engañar jamás por el anestésico halo de los cargos que ostenten, tupido velo que esconde su nula o mediocre experiencia en temas relacionados con los autónomos y las pequeñas y medianas empresas.
  
“Los caminos del Señor son inescrutables” pensó el hasta ahora Cardenal mientras recibía los abrazos y felicitaciones de sus colegas. Y su mente se trasladó muy lejos de ese momento y de ese lugar, a la pequeña parroquia de barrio en donde aprendió que lo importante son los ‘muchos pocos’ y que más vale pelear para que muchos pequeños alcancen sus objetivos que favorecer el que sólo unos pocos grandes cumplan los suyos.

Y volviendo al presente se prometió a sí mismo que no sólo no olvidaría esta lección, sino que haría todo lo posible para llevarla a cabo.

Pidió a todos los presentes que le permitiesen estar un momento a solas en la capilla donde había tenido lugar la votación y, una vez que todas las puertas se cerraron, con cierta indecisión se dirigió al centro de la misma, se agachó, apoyó las manos sobre la tarima de madera que habían puesto para esa ocasión tan especial y se arrodilló, a continuación, dejó que el resto de su cuerpo fuese lentamente al encuentro de ese mismo suelo.

Yacente miró hacia arriba y, en voz apenas audible, rezó. Buscaba una señal, algo que le diese las fuerzas necesarias para acometer con éxito tamaña empresa. Al cabo, mientras todavía oraba, sus ojos se dieron cuenta de que algo había cambiado en la escena pictórica que le había tenido fascinado toda su vida: el dedo índice de la mano izquierda de Adán se había estirado y tocaba, por fin, el dedo de Dios. La señal había sido dada.

Se incorporó con cuidado, se arregló el hábito y, sonriendo, salió de la Capilla Sixtina mientras, a lo lejos, le pareció oír como el protodiácono, ante lo que parecía el murmullo de una gran multitud congregada en la explanada de San Pedro, leía con una voz profunda pero muy emocionada:                  

“ Annuntio vobis gaudium magnum: Habemus Papam”

miércoles, 6 de marzo de 2013

90" - 180º by D. Westry


Sólo te harán falta 90 segundos para reconciliarte con la esperanza.
No se trata de inventar lo que ya está inventado, se trata de ‘darle la vuelta’ a las cosas, de proponer diferencias que sorprendan.
Somos tan grandes como queramos llegar a ser.
España es un gran país, aunque todavía no somos capaces de imaginar el país que seremos. Quizá debamos asumir que nada tendrá que ver con el que hemos conocido, pero eso no significa necesariamente que sea peor.
No debemos resignarnos a que sólo haya dos tipos de españoles: los ‘Españoles por el mundo’ y los españoles de ‘Callejeros’.
Sin embargo, por el momento, como dice bien claro el aforismo “debemos preocuparnos del presente porque es donde vamos a vivir más tiempo”.
Desde nuestra condición de emprendesarios, lideremos hoy la evolución hacia ese país donde nuestros hijos tendrán su presente, huyamos de revoluciones que siempre implican ‘sangre’, elijamos ‘veranos’ en vez de ‘primaveras’ e indignémonos en positivo cada vez que en el mercado surja alguien nuevo capaz de hacer las cosas un poco mejor de lo que nosotros las hacemos.
Siempre habrá alguien capaz de mostrarnos que la respuesta ha estado delante de nuestros ojos todo el tiempo. 
Quizá sólo tengamos que hacer girar 180 grados nuestra realidad para descubrir en qué nos vamos a convertir.

sábado, 2 de marzo de 2013

¡QUIETO TODO EL MUNDO!

¿Cuándo se dará cuenta nuestro gobierno de que sólo se trata de dejar que nazcan pequeñas empresas sostenibles económicamente? ¿Cuándo se enterarán los que gobiernan de que el empleo es la consecuencia del nacimiento y supervivencia de muchas de esas empresas? Y ¿cuándo se convencerán de que para animar a alguien a crear una empresa hace falta mucho más que el caramelito de unas mínimas bonificaciones surrealistas en las cuotas de la Seguridad Social?

Lee mi artículo completo escrito para ASCEGA pinchando aquí      ¡Quieto todo el mundo!

martes, 12 de febrero de 2013

¡ES LA GUERRA!



Mi última colaboración para ASCEGA y ¡con sorpresa!
¡Es la guerra!

sábado, 2 de febrero de 2013

TÚ (Acróstico)


Emprendes cada día con la misma ilusión que el día que emprendiste por primera vez.

Miras al futuro sabiendo que, para tu negocio, el presente es lo único que importa.

Pides comprensión a todos los afectados por tus errores, en especial a ti mismo.

Recuerdas a los que un día te dijeron que no lo lograrías y sonríes.

Esperas, trabajando, que todo mejore y, sin darte cuenta, tú lo estás haciendo posible.

Navegas en un océano de incertidumbre pero sabes gobernar tus miedos.

Descubres que has elegido la ocupación más difícil pero, sin duda,  la más apasionante.

Entiendes que tropezar no es sinónimo de abandonar y sigues adelante.

Sabes que no hay metas ni medallas, tan sólo una gran carrera en la que competir.   

Asumes que volver a la casilla de salida es una nueva oportunidad para jugar y ganar.

Ríes satisfecho al ver la imagen orgullosa que cada mañana te devuelve el espejo.

Imaginas el día en que ser empresario signifique para la sociedad lo mismo que para ti.

Observas que, en vertical, sumas lo mejor de ser emprendedor y  de ser empresario.


Mi artículo del 28 de enero  para www.ascega.es

martes, 15 de enero de 2013

'EMPERDEDORES'




Los que me conocen saben de mi curiosa afición por acuñar ‘palabros’. De hecho, en la ‘esquina de los habladores de ASCEGA’, ha visto la luz un término del que me siento especialmente orgulloso: ‘Emprendesario’.

Desgraciadamente, adelantándome a lo que se atisba en el horizonte, me veo obligado a inventar un nuevo vocablo: ‘Emperdedores’.

Los ‘emperdedores’ van a ser todos aquellos que en este año 2013 intentarán “La locura de emprender en España” y se pegarán la mayor hostia de su vida.

¿Cuál será el perfil de estos ‘emperdedores’?  Generalmente personas de mediana edad bienintencionadas que han perdido su trabajo por cuenta ajena y que, tras darse de bruces una y otra vez con la cruda realidad española del “no hay trabajo para una persona como usted”, han tomado la decisión de invertir la mayoría (sino todos) sus ahorros en montar un ‘negocio’.

El problema es que nadie les ha explicado que montar un negocio es como enamorarse y que, cuando pasa la fase inicial de pasión provocada por la química, donde cualquier esfuerzo, cualquier adaptación y cualquier sacrificio se hacen con una sonrisa, tendrán que seguir alimentando la relación y haciéndola evolucionar para que no se muera. Y eso cuesta mucho ¡vaya si cuesta!

Cuando una persona ha trabajado por cuenta ajena durante la mayor parte de su vida y, además, su reloj biológico roza los 50, no está preparada, ni física ni psicológicamente, para el sacrificio que implica montar un pequeño negocio en el que, siempre, la delgada línea que existe entre sobrevivir o fracasar la marca él mismo, porque su negocio dependerá casi exclusivamente de él.

Estoy seguro de que personas con el perfil mencionado anteriormente, seguramente muy cualificadas y con amplia experiencia en un sector, podrían ser muy válidas para participar en un pequeño proyecto empresarial pero, sinceramente, no creo que puedan ni deban liderarlo.

Cuando no tienes el suficiente capital para ser inversor o rentista, las indemnizaciones por despido, la capitalización del paro, los ahorros de toda una vida o el dinero que puedas pedir prestado suelen ser cantidades insuficientes para ‘vivir de rentas’ aunque sí son válidas para lanzar un pequeño negocio de autoempleo, por lo que esa suele ser la única solución que el ‘bienintencionado emprendedor’ atisba en el horizonte para orientar su vida profesional. 

El problema es que él no ve las cosas de este modo, todo lo contrario, se ve capaz de sacar su proyecto adelante y se lanza a la piscina aturdido por las feromonas y la adrenalina que le provoca este enamoramiento de su nueva vida. Y lo hace, la mayoría de las veces, sin escuchar ni dejarse asesorar por nadie con criterio y, casi siempre, sin plan B o red de seguridad alguna.

Lo más grave es que, siguiendo el principio popular de que “no hay peor ciego que el que no quiere ver” no considera las nefastas consecuencias vitales y profesionales de un error de cálculo, devastadoras sin duda para cualquier empresario pero mucho más para perfiles como el suyo.

Cuando has sido empresario toda tu vida y has ‘fracasado’, pero asumes las consecuencias porque sabías que las reglas del juego eran las que eran y que otros jugaban con cartas ‘marcadas’, tienes una posibilidad de levantarte, mirar hacia delante y, si le echas muchos huevos, volver a intentarlo (tengas la edad que tengas).

Cuando tropiezas en el único intento de autoempleo de tu vida laboral y ves como se van por el sumidero todos tus ahorros, y no sabes lo que va a ser de tu vida a partir de ahora, generalmente no te cuestionas el porqué, más bien te preguntas ¿y ahora qué? (a veces mirando fijamente al bote de pastillas).

Has despertado de un sueño romántico y te has dado de bruces con una realidad muy desagradable, una realidad que hace que te lamentes tarde, muy tarde, de no haber pedido ayuda, de no haberte dejado asesorar, de no haber contemplado la posibilidad de  permitir que sea otro el que lidere tu proyecto o, simplemente, de no haber invertido tu dinero en el proyecto de otro a cambio de un puesto de trabajo.

Estoy convencido que el verdadero futuro en España para los muchos que van a necesitar ‘comprar’ su puesto de trabajo, pasa por acercarse a los que sabemos lo que es crear una empresa y conocemos los riesgos que supone hacerla sobrevivir día a día en un momento tan complicado como el que atravesamos y que, por mucho que nos digan desde el gobierno, va para largo, para muy largo.

Hay muchas formas de buscar trabajo, pero sólo una es válida actualmente en nuestro país para los mayores de 45 años que siempre han sido empleados por cuenta ajena: ponerse en manos de los que sí somos ‘emprendesarios’ y permitirnos que les ‘fabriquemos’ un puesto de trabajo a medida de sus necesidades.

Usted decide: ‘comprar’ un trabajo a su medida con alguna posibilidad de futuro o postularse para que, en poco tiempo, le admitan en el, nada exclusivo y sí muy numeroso, club de los ‘emperdedores’.

Llámeme, le ayudaré a tomar esa decisión.

(Artículo publicado en www.ascega.es  el 15 de enero)     

P.S. Pisar la luna. Épico, sí, pero... ¿rentable?


domingo, 23 de diciembre de 2012

TODOS SOMOS MUY IGNORANTES



"Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas."

Esta frase la dijo el señor con más plumas de la foto (segundo por la izquierda por si te quedaban dudas), al que también le gustaba disfrazarse (según podemos observar).

Si en 2013, en España, nuestros gobernantes fuesen capaces de reconocer que lo ignoran casi todo sobre el emprendimiento y se dejasen aconsejar por los que sabemos 'un poco' del tema, habría alguna esperanza de sacar este país adelante.

Mientras tanto, os propongo que actuemos como si eso no fuese a suceder nunca. A lo Juan Palomo "Yo me lo guiso, yo me lo como"

Esto no quiere decir que seamos 'llaneros solitarios' (a la mayoría de esos se les cayó el pelo en manos de algunos individuos parecidos a los de la foto) más bien todo lo contrario: completemos los huecos de nuestra ignorancia con las experiencias ajenas, apoyémonos en otros que tengan características personales y profesionales que les sirvan para entendernos.

De emprendesario a emprendedor te hago una propuesta: antes de iniciar una aventura empresarial (o dar un giro a la que ya tienes en marcha) ponte en contacto conmigo. 

Me comprometo a darte mi opinión de forma absolutamente confidencial y totalmente gratuita ¿por qué? pues, fundamentalmente, para que no 'la cagues'.

La experiencia es un grado, y si has aprendido y reflexionado de forma autocrítica sobre los errores cometidos (como yo he hecho) te garantizo que será la única manera de dar tu opinión a otros, sin duda sabes de lo que hablas.

"Teorizar sobre emprendimiento es magnífico pero llevarlo a la práctica y convertirlo en empresa lo hace sublime" (la frase es mía).    

Me gustaría ayudarte a que puedas 'hacerte las preguntas' más adecuadas, sólo así encontrarás por ti mismo las respuestas. 

Y si fracasas, cosa totalmente posible, no te agobies, porque como dijo el señor de las plumas,

 "Quien nunca ha cometido un error nunca ha probado algo nuevo."

Mi email es manueldafontecatoira@gmail.com y te estoy esperando. Gracias por intentarlo.

  

martes, 18 de diciembre de 2012

EMPRENDESARIOS

Emprendedor + Empresario = Emprendesario

Mi nuevo artículo en el Speaker's Corner de ASCEGA

EMPRENDESARIOS