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domingo, 27 de octubre de 2013

APRENDER Y DEJARSE ENSEÑAR

Hace unos días, en una entrevista que me hicieron en RTVE, tuve la ocasión, una vez más, de insistir en la importancia de aprender del fracaso y en la necesidad que todo emprendedor tiene de contar con un mentor que haya fracasado y haya hecho lo propio.
Si emprendes tienes un 90% de posibilidades de fracasar, tu éxito será fracasar rápido y barato. La victoria radica en quedar levemente herido para poder levantarte e intentarlo de nuevo.
Si emprendes de la mano de un mentor que haya emprendido, que haya fracasado y, sobre todo, que haya aprendido de todo lo anterior, tus probabilidades de fracaso bajarán hasta el 50%.
Autoestima emprendedora toda, soberbia ninguna. Los que más saben más se dan cuenta de que les falta todo por aprender. Déjate acompañar una parte del camino y, si puedes, incluso permite que, antes de salir a caminar, alguien que tenga las suelas de sus zapatos desgastadas prepare contigo el viaje.    

http://www.rtve.es/alacarta/audios/la-lanzadera/lanzadera-17-10-13/2071442/

lunes, 23 de septiembre de 2013

VÍDEO: EN LA VIDA HAY QUE ESTAR SIEMPRE DISPUESTO A EMPEZAR DE NUEVO

Este pasado mes de julio, en la Universidad de Vigo, tuve la oportunidad de participar en la sesión de los talleres INCUVI  titulada "Cómo fracasar y no morir en el intento" organizada por Juan José Romero y Roberto Pérez  de la empresa Suma Importancia compartiendo ponencia también con Pablo Conde. Como estas sesiones se graban en vídeo con calidad, me gustaría compartir con vosotros mis reflexiones en el siguiente enlace https://www.youtube.com/watch?v=_iFcuvwmPyw


Y como siempre, si lo consideráis conveniente, difundidlo y compartidlo las veces que queráis.
Muchas gracias por dedicar 30 minutos de vuestro tiempo a escuchar una historia demoledora contada con cierto desparpajo.

viernes, 21 de junio de 2013

Hablando en RTVE de Emprendimiento Responsable

Querían a alguien que hablase en primera persona de la parte 'oculta' de emprender y encontraron mi libro.
Muchas gracias a Armando López , Director de "La Lanzadera" en Radio Exterior de España por haber tenido la paciencia de buscarme y de leerme.

http://media3.rtve.es/resources/TE_SLANZAD/mp3/9/1/1371796225019.mp3

martes, 30 de abril de 2013

Sr. Radical


En España hay unos 70.000 presos y unos 14.000 monjes contemplativos, estos son los únicos colectivos que no tienen que preocuparse de nada. Tienen comida y techo garantizado sin tener que realizar un trabajo remunerado.

Puestos a elegir, la alternativa carcelaria te ofrece mayor contacto con el mundo exterior (visita dominguera) y relaciones sociales más amplias (paseo por el patio), a su vez, la clausura monacal te garantiza una total tranquilidad interior y una vida sin mayores sobresaltos (ya se sabe que hablar está sobrevalorado).

Si no te convencen ninguna de estas dos opciones, siento decirte que ubicarse en alguno de los grupos que contempla la última Encuesta de Población Activa no te asegura nada, incluso la opción de ser empleado público está en entredicho, ya que en cualquier momento empezarán a rebajarles el sueldo hasta límites sólo conocidos por los antiguos funcionarios de la ex Unión Soviética.

Dejando al margen los criterios para definir lo que es una persona ‘Activa’ para la EPA (las amas de casa no lo son), en España somos 47 millones de ciudadanos (bajando) y sólo a 22,8 millones se nos considera ‘Activos’. De ellos, tan sólo 16, 6 millones ejercen como tales.

No voy a comentar lo obvio, la insostenibilidad del estado de bienestar que conocemos  cuando sólo un 35% de la población está ocupada, me temo –permítanme la digresión-  que tendremos que inventar otro modelo y calificarlo como ‘de bienestar’ aunque no se parezca ni ‘por el forro’ al que habíamos alcanzado. Sin embargo sí voy a realizar un análisis microscópico de los datos, enfocando mi lente en la distribución de esas personas ‘Ocupadas’.

Grosso modo, de los más de 16 millones de personas ocupadas, 10 millones y medio lo son por cuenta ajena, 3 millones  por cuenta propia y casi otros 3 millones serían empleados públicos.

Hace un tiempo, desde las asociaciones de autónomos y pymes se decía aquello de que “si cada uno contratase un trabajador, se acabaría con el paro” parece que ahora van a tener que contratarse al menos dos… O quizá también se podría doblar el número de autónomos y que los 6 millones resultantes contratasen a los 3 millones de parados que quedarían, ‘et voilà’, pleno empleo en España.

Sobre el papel todo resulta fácil, pero la realidad es que no se puede montar un negocio o hacerse autónomo cuando no hay mercado objetivo para tu producto o servicio. Y, desgraciadamente, en España, no hay consumo suficiente para tanto potencial autoempleado. Tengamos en cuenta que más de 5 millones de personas de las ocupadas no llegan a ganar 1.000 € mensuales lo que, tras el gasto de subsistencia (vivienda, comida, salud) poco les queda para hacerse consumidores de otros servicios (sector éste, el de servicios, en el que la mayoría de los autoempleados recalan cuando deciden montar su propio negocio).   

Por tanto, cuando los políticos enarbolan la bandera del ¡Hágase emprendedor! ¡Monte su propio negocio! deberían ser conscientes de que ofrecer este tipo de sacrificios a los dioses de la economía no sólo no va a solucionar nada sino, más bien, todo lo contrario.

Otras soluciones típicas que también se proponen para mejorar los resultados de la EPA, acaban pasando siempre por la internacionalización, y no me refiero a fabricar productos en nuestro país para exportarlos (apenas tenemos industria) me refiero a lo que antes se conocía vulgarmente por ‘emigración’ ya que, si buscas trabajo, quizá lo encuentres fuera de España y nos arregles un poco la estadística.

Nos queda el reparto del trabajo, pero como ya hemos visto, si ganas menos de 1.000 € es poco probable que puedas trabajar la mitad, cobrar 500 € y sostener a tu familia. Aunque es verdad que tendrías mucho más tiempo para estar con los tuyos, no en todos los casos esto es tan maravilloso como lo pintan ¿verdad?

Por tanto nos abocamos al sistema ‘Robin Hood’, debemos robar a los ricos para dárselo a los pobres. Esta es una metáfora válida para el principio lógico de redistribución de rentas que cualquier democracia esgrime en su esencia pero que, como vemos todos los días, no se cumple.

Entonces ¿qué hacemos?  Lo primero dejar de engañarnos a nosotros mismos y asumir la cruda realidad.

Viviremos más pero viviremos peor. Dispondremos de menos dinero y tendremos menos servicios públicos gratuitos. La mayoría no podremos jubilarnos porque alcanzar una pensión digna será imposible, no habremos cotizado los años necesarios ni la cantidad adecuada. Probablemente no tendremos una vivienda en propiedad porque, incluso tras acabar de pagar la hipoteca, los impuestos sobre ella la convertirán en una carga imposible de aguantar y prefiramos venderla (eso sí, a un precio muy por debajo de lo que nos costó). Nuestros padres no nos podrán ayudar y nuestros hijos mucho menos y, lo peor, nosotros no podremos ayudar ni a nuestros padres ni a nuestros hijos.

Una vez que nos hemos quitado la venda de los ojos sólo nos queda proponer alternativas radicales si queremos lograr otro futuro diferente al que hemos descrito en el párrafo anterior.

A mí se me ocurren varias cosas radicales, la primera dejar el aparato del Estado en su mínima expresión (aunque eso suponga a corto plazo otro millón más de parados y acabar con las autonomías), lo segundo dejar de pagar la deuda pública renegociando con nuestros acreedores nuevos plazos de amortización y abono de intereses (y, por tanto, dejar de emitir deuda nueva), lo tercero negociar nuestra posición en el club que llamamos Unión Europea (si no les gustan las nuevas reglas que les vamos a proponer, nos marchamos), lo cuarto, en función de lo anterior, mandar el euro a tomar viento y volver a la peseta, lo quinto dedicar los recursos del país a crear o relanzar sectores estratégicos de futuro (energías renovables, sector primario, investigación, tecnología, etc…) y lo sexto, hacer que el máximo número de personas del mundo sigan creyendo que, a pesar de todo lo radicales que nos hayamos vuelto, somos un magnífico lugar para venir a visitar e, incluso, para invertir o quedarse a vivir.

Seguro que si cada uno de nosotros, detrás de nuestro nombre de pila, nos ponemos a modo de apellido el adjetivo RADICAL (que según el diccionario de la RAE significa  “Partidario de reformas extremas, especialmente en sentido democrático.”) podremos imaginar soluciones que nos saquen de este berenjenal donde nos hemos metido sin necesidad de tener que optar entre el hábito o el traje a rayas.

martes, 15 de enero de 2013

'EMPERDEDORES'




Los que me conocen saben de mi curiosa afición por acuñar ‘palabros’. De hecho, en la ‘esquina de los habladores de ASCEGA’, ha visto la luz un término del que me siento especialmente orgulloso: ‘Emprendesario’.

Desgraciadamente, adelantándome a lo que se atisba en el horizonte, me veo obligado a inventar un nuevo vocablo: ‘Emperdedores’.

Los ‘emperdedores’ van a ser todos aquellos que en este año 2013 intentarán “La locura de emprender en España” y se pegarán la mayor hostia de su vida.

¿Cuál será el perfil de estos ‘emperdedores’?  Generalmente personas de mediana edad bienintencionadas que han perdido su trabajo por cuenta ajena y que, tras darse de bruces una y otra vez con la cruda realidad española del “no hay trabajo para una persona como usted”, han tomado la decisión de invertir la mayoría (sino todos) sus ahorros en montar un ‘negocio’.

El problema es que nadie les ha explicado que montar un negocio es como enamorarse y que, cuando pasa la fase inicial de pasión provocada por la química, donde cualquier esfuerzo, cualquier adaptación y cualquier sacrificio se hacen con una sonrisa, tendrán que seguir alimentando la relación y haciéndola evolucionar para que no se muera. Y eso cuesta mucho ¡vaya si cuesta!

Cuando una persona ha trabajado por cuenta ajena durante la mayor parte de su vida y, además, su reloj biológico roza los 50, no está preparada, ni física ni psicológicamente, para el sacrificio que implica montar un pequeño negocio en el que, siempre, la delgada línea que existe entre sobrevivir o fracasar la marca él mismo, porque su negocio dependerá casi exclusivamente de él.

Estoy seguro de que personas con el perfil mencionado anteriormente, seguramente muy cualificadas y con amplia experiencia en un sector, podrían ser muy válidas para participar en un pequeño proyecto empresarial pero, sinceramente, no creo que puedan ni deban liderarlo.

Cuando no tienes el suficiente capital para ser inversor o rentista, las indemnizaciones por despido, la capitalización del paro, los ahorros de toda una vida o el dinero que puedas pedir prestado suelen ser cantidades insuficientes para ‘vivir de rentas’ aunque sí son válidas para lanzar un pequeño negocio de autoempleo, por lo que esa suele ser la única solución que el ‘bienintencionado emprendedor’ atisba en el horizonte para orientar su vida profesional. 

El problema es que él no ve las cosas de este modo, todo lo contrario, se ve capaz de sacar su proyecto adelante y se lanza a la piscina aturdido por las feromonas y la adrenalina que le provoca este enamoramiento de su nueva vida. Y lo hace, la mayoría de las veces, sin escuchar ni dejarse asesorar por nadie con criterio y, casi siempre, sin plan B o red de seguridad alguna.

Lo más grave es que, siguiendo el principio popular de que “no hay peor ciego que el que no quiere ver” no considera las nefastas consecuencias vitales y profesionales de un error de cálculo, devastadoras sin duda para cualquier empresario pero mucho más para perfiles como el suyo.

Cuando has sido empresario toda tu vida y has ‘fracasado’, pero asumes las consecuencias porque sabías que las reglas del juego eran las que eran y que otros jugaban con cartas ‘marcadas’, tienes una posibilidad de levantarte, mirar hacia delante y, si le echas muchos huevos, volver a intentarlo (tengas la edad que tengas).

Cuando tropiezas en el único intento de autoempleo de tu vida laboral y ves como se van por el sumidero todos tus ahorros, y no sabes lo que va a ser de tu vida a partir de ahora, generalmente no te cuestionas el porqué, más bien te preguntas ¿y ahora qué? (a veces mirando fijamente al bote de pastillas).

Has despertado de un sueño romántico y te has dado de bruces con una realidad muy desagradable, una realidad que hace que te lamentes tarde, muy tarde, de no haber pedido ayuda, de no haberte dejado asesorar, de no haber contemplado la posibilidad de  permitir que sea otro el que lidere tu proyecto o, simplemente, de no haber invertido tu dinero en el proyecto de otro a cambio de un puesto de trabajo.

Estoy convencido que el verdadero futuro en España para los muchos que van a necesitar ‘comprar’ su puesto de trabajo, pasa por acercarse a los que sabemos lo que es crear una empresa y conocemos los riesgos que supone hacerla sobrevivir día a día en un momento tan complicado como el que atravesamos y que, por mucho que nos digan desde el gobierno, va para largo, para muy largo.

Hay muchas formas de buscar trabajo, pero sólo una es válida actualmente en nuestro país para los mayores de 45 años que siempre han sido empleados por cuenta ajena: ponerse en manos de los que sí somos ‘emprendesarios’ y permitirnos que les ‘fabriquemos’ un puesto de trabajo a medida de sus necesidades.

Usted decide: ‘comprar’ un trabajo a su medida con alguna posibilidad de futuro o postularse para que, en poco tiempo, le admitan en el, nada exclusivo y sí muy numeroso, club de los ‘emperdedores’.

Llámeme, le ayudaré a tomar esa decisión.

(Artículo publicado en www.ascega.es  el 15 de enero)     

P.S. Pisar la luna. Épico, sí, pero... ¿rentable?