Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta emprendedor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta emprendedor. Mostrar todas las entradas

miércoles, 14 de febrero de 2018

Comedia y Tragedia 'emprendedora'

Nos estamos disfrazando de ‘idiotas’ y nos va a costar quitarnos la máscara después del carnaval.

Dicen que la crisis ya ha pasado y a mí me da la sensación de que sí, de que ‘nos ha pasado por encima’ y nos ha dejado ‘atontados’ a la mayoría.

Pongamos en contexto estas reflexiones: “la gente habla de la feria como le va en ella” y yo, hablando con unos y con otros, al único que veo que le va bien en esta ‘feria’ es a Roche Farma,  la multinacional farmacéutica fabricante del Lexatin.

El optimismo obligado, siempre fingido, está pasando factura (y fractura) a los autónomos y pequeños empresarios. Hay que mentir a diestro y siniestro sobre la verdadera situación financiera de nuestros negocios y, lo que es peor, sobre nuestro equilibrio emocional y sobre el nivel de ilusión que tenemos puesto en lo que estamos haciendo (en muchos casos ninguna, ya que no sabemos ni nosotros mismos ¡qué cojones hacemos haciendo lo que hacemos!).

Sería cómico si no fuese trágico: nos mentimos a nosotros mismos ¡qué es todavía peor! Y lo hacemos sólo por miedo, el de reconocer que nuestro negocio no funciona, que nosotros no estamos haciendo las cosas como el mercado demanda, que el mercado ya no es el que era y que sólo estamos en posición de sobrevivir hasta que alguien nos rescate (un trabajo de m…, una pensión de m…, un ataque al corazón… cojonudo).

Nos hemos metido tal cantidad de ansiolíticos en el cuerpo estos últimos años en formas tan variopintas (autoayuda, gurús, cursillos varios) que nos han afectado al cerebro, ya no tenemos criterio empresarial, nos hemos vuelto adictos a la peor de las drogas: la esperanza.

Y la esperanza es lo único a lo que jamás debe ‘engancharse’ un autónomo. 

El único asidero de un pequeño empresario (si éste lo es de verdad) es ‘ingresar siempre más de lo que gasta’. El resto ¡m… !  

Pero nos da vergüenza reconocer que la mayoría de nosotros, los emprendedores, de nuestro negocio, stricto sensu, apenas obtenemos un dinerito mensual, limpio de polvo y paja, similar al salario mínimo (si es que llegamos a eso).

Por eso vivimos chapoteando en un magma que ya no se llama crisis pero al que nadie se atreve a llamarlo por su verdadero nombre: ¡m…!

Tragedia y Comedia, dos caras del emprendimiento. 

Tragedia si nos paramos a pensar en la cantidad ingente de autónomos, profesionales, pequeños empresarios y buscavidas que viven autoengañados en la pasión del arranque, atrapados en la jaula de las obligaciones contraídas o adormilados en el hastío de un negocio que ya no lo es (si es que algún día lo fue) esperando (de esperanza) no se sabe qué o a quién.

Comedia si observamos el falso orgullo con el que vendemos a los demás un negocio que parece ballena y sólo es sardina, y más comedia si nos fijamos en la sonrisa forzada que acompañamos a los argumentos que otros parecen querer comerse y que suelen escupir en cuanto nos damos la vuelta.

Mentiras verdaderas que nos hubiera gustado conocer antes de ‘liarnos la manta a la cabeza’ como emprendedores y que, desafortunadamente, descubrimos la mayoría de las veces demasiado tarde.

La recuperación económica es para unos pocos y la precariedad para la mayoría, y justo esos ‘precarios’ son tus clientes ¿qué le vendes a quién no puede comprar?

Hasta aquí, quinientas sesenta y siete palabras para denunciar una situación ¿y ahora qué? ¿Hay algo que podamos hacer?

1-Ser realista: si vas a probar esto del ‘emprendimiento’, lo primero, no te engañes a ti mismo. 

No te vas a hacer rico, y vas a tener que trabajar tanto que, si divides lo que ganas entre el número de horas que trabajas, comprobarás que apenas cobras 3 € la hora ¡Ups!. Nunca emprendas sólo por dinero, hazlo por realizar una actividad que te permita, la mayoría del tiempo, disfrutar mientras la llevas a cabo.

2-Ser práctico: aprende a nadar en la m… , en el magma quería decir, cuanto antes.

Tápate la nariz hasta que lo fétido te parezca perfume, porque las cosas no van a oler mejor a corto plazo, quizá todo lo contrario, y muévete mucho y constantemente, chapotea sin parar, recuerda que en la m… no se hace pie.

3-Ser humilde: los que están en la m… tienen mucho que enseñarte, escúchales.

Seguro que lo sabes todo de casi todo, pero para sobrevivir en esta nueva situación más te vale ‘soltar lastre’, desaprender y dejar hueco a nuevas competencias y habilidades, si la m… huele tan mal es también debido a la putrefacción de muchos ‘Masters del Universo’ que en ella se ahogaron llevándose con ellos todo eso que sabían.

Parece fácil ¿verdad?. Total, sólo hay que recordar tres cositas de nada. 

Pues no lo es. De hecho, son muchos los emprendedores que creen que se van a ‘forrar’ y además, trabajando más o menos las mismas horas que un empleado, y que se van a quedar con el mercado en un santiamén, y algunos, incluso, creen que van a ser capaces de ‘dar lecciones’ a los que llevan metidos en la m… un cierto tiempo.


La comedia y la tragedia de emprender: dos caras de la misma moneda que, cuando la tiramos al aire, esperando que el azar nos sea favorable, siempre acaba cayendo en el mismo lugar, ese lugar de m…



jueves, 3 de noviembre de 2016

LA ESCALERA MECÁNICA

Emprender es como intentar subir por una larga escalera mecánica que está bajando. Si te paras en algún momento, muy pronto estás de nuevo en el punto de partida. Si tu ritmo de subida es el mismo que tiene la escalera al bajar, nunca llegarás al ‘piso de arriba’ y quedarás atrapado en la escalera hasta que tus fuerzas fallen y acabes de nuevo en el principio.

Sólo si tu ritmo de recursos, trabajo, equipo, suerte, etc… es más potente que el de la escalera, podrás llegar al siguiente nivel. Y ahí, vuelta a empezar, porque la primera escalera mecánica da paso a la segunda, y ésta a una tercera, y así sucesivamente…

En conclusión, enamórate de la escalera y tu emprendimiento siempre será apasionante y exitoso.

En ASCEGA sabemos mucho de ‘escaleras’ y de cómo ayudar a los emprendedores a intentar subirlas, pero nos preocupa que haya personas que se arriesguen a intentar subir por la escalera  mecánica (la que baja) pensando en que su proyecto de negocio será capaz de superar todos los obstáculos, en vez de optar por no emprender y coger el ascensor: menos apasionante el viaje,  sin duda, pero mucho más seguro para quienes prefieren que les digan lo que se espera de ellos laboralmente.

Los coruñeses más viejos todavía recuerdan como en Barros o en El Pote muchas personas iban por las tardes sólo para probar aquellos artilugios que, con peldaños como fauces, parecían querer devorarte justo al llegar al piso de arriba. 

¡Aquellos si que eran emprendedores arriesgados!

Otros muchos, sin embargo, viendo al ‘monstruo’ preferían subir en los ascensores que, por lo menos, eran ‘pilotados’ por un señor uniformado y te dejaban sano y salvo en la planta de deportes o de música.

Unos no eran mejores que los otros. Y, desde luego, los de las escaleras mecánicas no necesariamente llegaban más rápido ni más alto a la planta elegida, sin embargo algo los hacía especiales, incluso admirables.

Más tarde todo se normalizó. Al ver que los dientes mecánicos no mordían, más gente se animó a subir por esa alfombra gris de acero estriado y más de uno, al llegar al piso de arriba, se cayó al suelo y se hizo bastante daño (pura estadística: aumentan los ‘valientes’ aumentan los ‘heridos’).

En ASCEGA nos preocupa -hoy más que nunca- que muchos de nosotros, especialmente los mayores de cincuenta, no seamos capaces de encontrar ese ‘ascensor’, simplemente porque ya no está, porque lo han quitado, y que sólo nos quede la famosa escalera mecánica de bajada donde nos vemos abocados a ‘emprender’ sí o sí.

Y cuando afirmamos con rotundidad que no todo el mundo debería ser emprendedor (porque no siempre «querer es poder») también nos preguntamos con preocupación ¿qué podemos hacer por aquellos a los que la vida no les deja hoy más opción que emprender aunque no quieran? 

Por eso queremos decirle a los coruñeses que estén pensando en emprender por ‘necesidad’ que vengan a ASCEGA, que no somos una asociación de empresarios al uso, que nuestra misión es  ayudarles a no cometer los mismos errores que nosotros y que somos personas que les vamos a entender porque, no hace mucho, estuvimos en situaciones muy parecidas a las suyas.

Y si al final no les quedase más remedio que ‘subir por la escalera’, decirles que también podemos enseñarles a ir ‘enamorándose’ poco a poco de la muy… ‘emprendedora’.

martes, 18 de octubre de 2016

DOÑA MARÍA Y LA MAGIA DE EMPRENDER

Doña María era una señora de edad indefinida o, mejor dicho, de edad infinita, porque el día que nos visitó podría haber superado ya los cien años, aunque en su mirada seguía alojada la curiosidad de una niña. 

Precisamente fue esa curiosidad la que un día, hace ya unos meses, le hizo pararse delante de la puerta de la asociación de emprendedores e intentar entrar empujándola, al no encontrar un timbre donde pudiera poner uno de sus larguísimos dedos.

Su siguiente reacción, al ver que la puerta no se abría, fue la de pegar su cara al cristal utilizando su mano derecha a modo de visera y comprobar que yo estaba dentro, momento que aprovechó para dar unos pequeños golpecitos con la otra mano que me hicieron levantar la vista de la pantalla del ordenador y descubrirla. 

Rápidamente me levanté y fui a abrir la puerta haciéndola pasar, fuera hacía bastante frío y me pareció tan frágil que pensé que si se quedaba un minuto más en la calle una ráfaga de viento no muy fuerte la depositaría en la playa del Orzán.

Ella entró, pasó esa mirada curiosa por todos y cada uno de los rincones de la sede y, sin darme tiempo a abrir la boca me dijo: «Me llamo María y yo, hace mucho tiempo, también fui emprendedora, aquí, en Coruña»

Y empezó a contarme como, hace muchos, muchísimos años (tantos que creo que aún los españoles no nos habíamos empezado a matar entre nosotros), en una época de miseria para muchos, emigración para algunos y privilegios para casi nadie, ella era una rapaciña de poco más de quince años que vivía en un pequeño bajo con su madre y sus tres hermanos pequeños, muy cerca de la torre de Hércules, y que, como ella mismo me dijo «Éramos una familia que teníamos todo de nada».

El caso es que algo me decía que no la interrumpiera, que ella sola me contaría lo que había venido a contar. Y así fue.

«Yo iba a todas las ferias que había en Coruña y en los pueblos cercanos, incluso alguna vez llegué hasta Betanzos»

No me hizo falta preguntarle que es lo que vendía en las ferias, y tampoco hubiera estado acertado con esa pregunta, porque vender, lo que se dice vender, doña María (Mariquiña en aquella época) no vendía ningún producto.

«Mi madre guardaba un caldero de cobre bastante grande que apenas usábamos porque no teníamos lareira como mis abuelos y yo, sin que ella me viese, el día de feria antes de que amaneciese, lo llenaba de algo de leña que iba recogiendo a lo largo de la semana donde podía y salía de casa andando y cargando con él en la cabeza. Pesaba bastante, pero yo era fuerte y me animaba a mí misma pensando que, a la vuelta, vendría vacío. Además, en un pequeña bolsa de tela llevaba los fósforos, las cuerdas y los anzuelos grandes»

Esto último de los anzuelos acabó por descolocarme y ahí estuve a punto de interrumpirla, pero ella fue más rápida y siguió hablando.

«Cuando llegaba a la feria, normalmente antes del mediodía, escogía el mejor sitio posible, en un lugar cubierto, protegido del viento y muy visible desde los puestos y tenderetes donde pasaba más gente, y era allí donde sacaba la leña del caldero de cobre, me acercaba con él a la fuente más cercana y lo llenaba de agua, no sin cierta dificultad, lo depositaba encima de la leña y, metiendo la mano con mucho cuidado en mi bolsa de tela, sacaba las cuerdas y los anzuelos atados al final de cada una de ellas. Una a una, introducía las cuerdas en el agua del caldero dejando que el anzuelo se sumergiese hasta tocar el fondo y procurando dejar también un buen trozo de cuerda colgando fuera, pero sin que ésta llegase a entrar en contacto con el fuego que, inmediatamente, yo encendía con uno o dos fósforos y un poco de papel»

Yo seguía embobado con el relato de doña María y le pedía, sin necesidad de pronunciar palabra, por favor que siguiese. Y así lo hizo.

«Y el momento mágico tenía lugar. Poco a poco la gente se iba acercando con sus trozos de carne en la mano (de gallina, de ternera, de conejo, pero especialmente de cerdo) y, entonces, cada persona señalaba una cuerda, yo la agarraba y, sacando el anzuelo del agua caliente, ensartaba en él la pieza que me daba dejándola caer de nuevo hasta el fondo del caldero, hacía uno o varios nudos en el extremo de la cuerda para que el dueño de cada trozo de carne pudiese identificar cuál era la suya. El fuego, el agua y el tiempo hacían el resto. Cuando yo sabía que la carne ya estaba cocida, tiraba de nuevo de la cuerda, avisaba a su dueño, que normalmente me daba una perra chica, y ya tenía libre la cuerda para otro cliente»

Y Mariquiña volvió a ser doña María. Y tal como había llegado se fue. Farfulló algo así como que su nieto mayor la estaba esperando, se levantó de la silla, ella misma abrió la puerta de cristal y, cuando me quise dar cuenta, salí a la calle y ni a derecha ni izquierda fui capaz de atisbar su menuda figura.

Desde ese día la asociación está más abierta que nunca a todos los emprendedores, vengan de donde vengan, tengan la edad que tengan y hagan lo que hagan. Porque un emprendedor es todo aquel que quiere ganarse la vida por sí mismo, sin depender nada más que de su ingenio y de su esfuerzo, como doña María, que en tiempos mucho más difíciles que los actuales consiguió ‘hacer magia’. 

martes, 31 de mayo de 2016

ANGER AND HUNGER

Los ingleses, poéticamente, utilizaban esta expresión para identificar las dos causas que provocaron la revolución francesa: indignación y hambre. 

Los mismos ingredientes se están cociendo a fuego lento en la caldera social española. 

Muchos españoles dentro del recipiente, algunos fuera avivando el fuego y los menos aportando la leña necesaria para que ese fuego no se apague nunca.

Si observamos desde arriba esa marmita inmensa, vemos que no todos los hambrientos e indignados se cuecen por igual. Si nos fijamos con detalle, pareciese que algunos, los más enrojecidos, nadasen.

Es el espejismo autónomo. Una suerte de visión que, a los ojos de un no iniciado, puede parecer lo que no es. 

El colectivo más damnificado por la crisis, quemándose vivo en una mezcla de sudor y sangre, pero todavía con ganas de moverse. Nada extraño, es lo que les ha enseñado su larga experiencia: si no te mueves te mueres.

Al contrario que el resto de los ocupantes del caldero mutado ya en caldera, los autónomos creen que su piel es calorífuga y la mayoría padecen el síndrome de la rana hervida que tan bien fabuló Olivier Clerc hace muy pocos años.

Si echamos un autónomo en una olla con agua fría y, muy lentamente, vamos calentando ese agua hasta que hierva, el autónomo seguirá intentando nadar en ella hasta morir cocido. 

Esto es así porque un autónomo es lo suficientemente inteligente para no tirarse a una piscina de agua hirviendo y suficientemente ingenuo para pensar que si el agua de esa misma piscina está fresca nadie será capaz de hacerla hervir.

Y mientras tanto unos pocos enriqueciéndose con la leña y otros pensando que se libran de acabar cocidos porque son instrumentos necesarios para mantener vivas las llamas. ¡Ingenuos! no saben que algún día serán tan combustibles como el último de los troncos que hayan colocado bajo el caldero.

En la olla española de inmensa hambre y no menos cabreo ya no sirve comerse a los que flotan inermes, ahora hay que matar para alimentarse y esto empieza a resultar desagradable.

¡Tomemos la Bastilla! Aunque dentro no haya más que presos simbólicos.

¡Rompamos el caldero! Qué el agua hirviendo también apague fuegos.

La revolución tiene que ser 'Autónoma'. Son los únicos que pueden respirar bajo la ciénaga de hambrientos e indignados en que se ha convertido el sistema. Los únicos capaces de abrir grietas  para que ese cocedero putrefacto acabe estallando y salve a todos los que allí esperan atrapados una muerte ciudadana.

Metáfora. Sí. Pero más real que la realidad misma. Fuego, leña, caldero, sangre, hambre, indignación ¿qué es sino una revolución más que intentar lograr la mitad de la mitad de una utopía?   


Si lo conseguimos, y el líquido ardiente apaga las llamas, por favor, que alguien no muy escaldado se ocupe de los de la leña.

martes, 3 de mayo de 2016

EL 'JUEGO' DE EMPRENDER

Hace unos días un desconocido se acercó a mí y, en voz muy tenue, me dijo "Platón tenía razón, se aprende más de un individuo en una hora de juego que en un año de conversación. Ha sido un placer conocerte"

Habíamos acabado una sesión de "El 'Juego' de Emprender", el último proyecto en el que estoy metido desde hace unos meses.

Tras muchas charlas sobre emprendimiento (escuchadas e impartidas) se me ocurrió que tendría que existir una fórmula diferente, divertida y más participativa para divulgar lo que, de verdad, significa emprender en España.

Y me acordé de que había sido niño. Y me acordé de lo que me gustaba jugar. 

Desde esos recuerdos sólo era cuestión de tiempo que me encontrase con la oca y el parchís como juegos de mesa determinantes en mi infancia. Juegos que me enseñaron a ganar y a perder, que me enseñaron lo que significa 'hacer trampas' y lo que es la 'suerte'.

¿Por qué no? Por qué no iba a poder adaptar uno de esos juegos a mi tarea habitual de hacer que los demás no cometan los mismos errores que yo. 

Y ya estamos aquí. Jugando a una 'oca' muy especial. Una en donde se dice que "De Reto a Reto y tiro porque me arriesgo". Una en donde el azar nos va obligando a dar nuestra opinión sobre muchos temas que conforman el emprendimiento.

El 'Juego' de Emprender. Un camino. Una metáfora. Podríamos pasarnos horas y horas jugando y siempre aprenderíamos algo nuevo, porque emprender es, en esencia, estar empezando siempre, estar aprendiendo a cada paso.

El camino no ha sido fácil. Crear un juego de mesa basado en la tradicional 'oca' fue todo menos sencillo. Se trataba de no perder de vista el poder de lo simple sin que eso estuviese reñido con una esencia compleja como es la del emprendimiento.

Desde que escribí mi libro "No hay huevos. La locura de ser emprendedor en España" hace más de 4 años, desgraciadamente, las cosas en nuestro país no han cambiado mucho y, por eso, 'jugar' a emprender no es una opción. Estamos hablando de algo muy serio. 

Como dicen los anglosajones esto es un "Serious Game".

Y eso es lo que he creado: un juego muy serio pero muy divertido. Un juego donde todos enseñan y todos aprenden. Un juego donde emerge la esencia de cada participante en su competitividad, en sus dudas, en sus sentencias. 

Ahora tengo una herramienta más en mis manos, especialmente para aquellos que prefieren jugar a  leer sobre emprendimiento,  una herramienta que pongo a disposición de todos aquellos que quieran usarla para lo mismo que yo: divulgar el verdadero emprendimiento que puede llevarse a cabo hoy en España.

Si quieres que te enseñe como utilizar El 'Juego' de Emprender sólo tienes que llamarme.

www.eljuegodeemprender.com






viernes, 15 de enero de 2016

ÉPICA EMPRENDEDORA

El pasado mes de agosto, un sudanés de 40 años cruzó a pie los 50 kilómetros del Eurotúnel. 

A oscuras. Solo. 

Abdul culminaba así una travesía de más de 7.000 Km que había iniciado en su africano país natal hacía más de dos años.

Cuando vio la luz del ‘brillante’ sol inglés, que tanto había soñado, fue convenientemente detenido por ‘obstruir’ la circulación ferroviaria.

Metáfora del emprendedor: travesías épicas con finales inciertos.

Emprender es ponerse en marcha movido por una ilusión. 

Abdul se puso en marcha soñando con una vida mejor. Una vida que empezaría de nuevo en un lugar del que sabía mucho menos de lo que imaginaba.

Emprender es caminar sin parar, desviarse para sortear obstáculos aunque ello te aleje del objetivo y te obligue a recorrer mucha más distancia y a gastar muchos más recursos de los inicialmente previstos.

Abdul no dejó de caminar por desiertos y carreteras infinitas, pero también tuvo que nadar, escalar, esconderse… sólo le faltó volar.

Emprender es saber que, en los momentos de máxima oscuridad, estarás solo, aferrado a la poca esperanza que todavía guardas en tu corazón y que te dice que es mejor seguir que abandonar, aunque tu cerebro piense lo contrario.

Abdul es negro. Dentro del Eurotúnel. 
No sabe cuántos kilómetros ha recorrido ni los que todavía le quedan por recorrer. Siente bajo sus pies intensos temblores y sobre su cabeza una gran presión. Confunde alguna gota de su propio sudor con algo que le aterroriza, sabe muy bien lo que hay unos cientos de metros más arriba.

El emprendedor, invisible. Mimetizado con el entorno para sobrevivir. Angustiado por lo inestable de su situación, presionado por las miles de normas y leyes que debe cumplir sin ni siquiera conocerlas, espadas de Damocles con hojas bien afiladas. También suda.

Abdul se adhiere a la pared del túnel. De pronto todo se ilumina. Siente como si algo o alguien quisiera succionarlo y llevarlo consigo. Hacia el final. 
Otro tren ha pasado. Sabe que nadie le ha visto. Se despega y sigue caminando.

El emprendedor siempre en la cuerda floja. Un mínimo tropiezo y todo acaba. Trágicamente. Salvando puntos de partido, siempre de forma heroica. Muy cansado de un entorno hostil, una realidad no hecha para él. Con ganas, muchas más de las que sería capaz de reconocer públicamente, de que todo acabe.

Abdul abre los ojos. Despierta lentamente de una negra pesadilla. En realidad siempre los tuvo bien abiertos y la pesadilla no acaba nada más que de empezar. La luz del día en Inglaterra es casi oscuridad. Se escabulle alejándose de lo que pudo ser su tumba y corre hacia el que cree que será su hogar.

El emprendedor y sus momentos de esperanza. Insignificantes alegrías de las que nutrirse. 

Abdul es libre. Por unos instantes.
La policía británica comprueba que su rostro casi coincide con el que grabaron las cámaras de seguridad ubicadas en el acceso francés del Eurotúnel hace unos días, y que coincide exactamente con el que facilitaron las cámaras del lado británico. Un rostro de miedo y determinación frente a otro de cansancio y alegría. Ambos de Abdul.

El emprendedor cree muchas veces que lo ha conseguido. Más tarde se da cuenta de que no.
Su objetivo cambia, se minimiza, se empequeñece con los años. Al principio el mundo era su meta, no había límites. Hoy su meta es sobrevivir. La travesía en la oscuridad ha sido muy larga. Nada que reprocharle.

Abdul comparecerá ante un tribunal británico. Con suerte y con la ayuda de alguna ONG no será deportado. Ya se ha dado cuenta de que su sueño no coincide con su realidad. Es lo que hay. En el lugar de donde procede no te imputan, te matan. Aquí, por lo menos, mueres por tus propios medios.

Emprender es creer que no hay otra forma mejor de ganarse la vida. Se trata de ponerse en camino hacia un destino ilusionante que, cual horizonte, se aleja más y más según caminas. 

Emprender es realizar imposibles, hacerte amigo de la oscuridad, amanecer en lugares desconocidos, sobrevivir en vez de ‘supervivir’. 

Hay que tener poderosas razones para cruzar andando y en plena oscuridad un túnel de más de 50 kilómetros excavado bajo el mar. 

Y también para emprender, aunque en este último caso, la necesidad por si sola nunca será suficiente razón, sólo la pasión te podrá salvar de los muchos ‘trenes’ que intentarán atropellarte. Si no la tienes, no cruces.

jueves, 17 de diciembre de 2015

THELMA Y LOUISE

Aunque el 2015 no podrá ser analizado en toda su dimensión histórica hasta después del 20 de diciembre, la realidad es que, como se dice popularmente “está todo el pescado vendido”.

En lo que se refiere a los buenos -y malos- propósitos que cada uno se hubiera hecho cuando iba tomando las uvas hace casi doce meses, tiempo es de reconocer que, muy probablemente, no se han cumplido.

No importa, en unos días, se podrán formular de nuevo y, año tras año, volveremos a tener la ocasión de incumplirlos y de reformularlos una y otra vez.

En lo personal. Porque en lo empresarial, muy probablemente, si los objetivos mínimos no se han cumplido, no volverán a sonar campanadas que nos permitan empezar de nuevo.

Tampoco pasa nada, es tiempo de cambio y, muy probablemente, el 2016 será tiempo de neoemprendedores a la fuerza, de subida de cuota de autónomos, de ver alejarse todavía más cualquier atisbo de jubilación pagada, tiempo de copagos y, sobre todo, tiempo de agotamiento.

El 2015 nos ha dejado exhaustos, sin fuerzas para procrear y con ganas de morir (lo dice el INE, España -y Galicia más- pierde población a marchas forzadas). 

Estamos agotados de emprender. Y por eso somos optimistas: cada día, al abrir la verja de nuestros negocios, sonreímos porque sabemos que nos queda un día menos para acabar con este calvario.

Vivimos en una eterna mentira, aferrados a la ilusión de ‘esto va mejorando’, deglutiendo libros de autoayuda, charlas de gurús de medio pelo y pastillas (no siempre azules). 

Y pasa la vida. Rápido. 

Miramos atrás y nuestra mala memoria incluso es capaz de fabricar ‘buenos recuerdos’ de esos momentos de ilusión en los que empezábamos con un proyecto que nos iba a hacer ‘ricos’.

Echamos la culpa a factores externos, hacemos autocrítica (menos) y buscamos una razón para nuestro desencanto: nunca llegaremos a ningún sitio ni remotamente parecido al que nos habíamos imaginado.

Pero estamos atrapados. Autónomos atrapados. ¡Qué poco autónomos somos!

No hay libertad sin capacidad económica para tomar decisiones. Sólo pedaleamos. En una bicicleta sin ruedines. Una diabólica bicicleta que consume todas nuestras fuerzas porque siempre pedaleamos cuesta arriba y sabiendo que, si paramos de pedalear, la caída es real, inexorable y  dura, muy dura, por definitiva.

Nuestros placebos son la familia, los amigos, la pareja, el amor, los paisajes, la religión, la lluvia, un buen cocido o una cerveza. 

Nuestro refugio es el presente, del que ni siquiera somos conscientes. Un lugar en donde podríamos ser felices y que desaparece ante nosotros al instante.

Entonces ¿qué sustancia adictiva contiene esto del emprendimiento para que sigamos enganchados?

¿Por qué no podemos desintoxicarnos?

Pues porque la voluntad de hacerlo es inferior a la necesidad de conseguirlo.

Nada iguala la sensación de ser dueño de tu destino, aunque sea sólo por un segundo. 


Ser feliz intentándolo sólo cabe en la cabeza de unos locos que, cual Thelma proponiendo a  Louise que arranque el coche o Louise acelerando mientras coge a Thelma de la mano, saben el final de la historia de antemano y, aún así, prefieren seguir viajando.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

COMPRAR EXPERIENCIA

Roger Schank, considerado uno de los pedagogos más influyentes del mundo y autor del concepto “Aprender es hacer” afirma que “…la experiencia es el mejor motor del aprendizaje” y, estando de acuerdo con él, yo voy más allá, y digo que, cuando no tienes experiencia, el mejor camino hacia el éxito es ‘comprar’ la experiencia ajena.

Tras muchos años como empresario he atesorado esa experiencia necesaria que me cualifica como Asesor de Emprendedores, mi ocupación actual. 

Un Asesor de Emprendedores, metafóricamente, es una persona que ha ido a la guerra, ha luchado en suficientes batallas como para saber que no todas se ganan, ha sido herido de mayor o menor gravedad y, cuando decide pasar a la reserva, es capaz y desea transmitir su experiencia bélica real a otros que, como él, son tan valientes (o tan locos) como para querer pelear en nuevas guerras.

A veces, los nuevos soldados no quieren escuchar, ya sea por el impulso de la juventud o porque algunos, tras años en otras ocupaciones ajenas al ejército, se han visto obligados a alistarse creyendo que sus conocimientos teóricos o la experiencia sobre otras materias les garantizarán la supervivencia, lo cierto es que en muchos casos “comprar experiencia emprendedora ajena” les parece un gasto inútil.

Por supuesto que alguno de estos últimos sobrevivirá, incluso será condecorado, pero muchos de ellos, viéndose años después en un espejo que les devuelve llenos de cicatrices, seguro que se arrepentirán de no haber invertido un poco de su presupuesto en ‘comprar experiencia’ y evitar tanto dolor.

Soberbia emprendedora, la que todos, por una u otra razón, tuvimos alguna vez. Soberbia que de no transformarse rápidamente en humildad socrática (sólo sé que no se nada) merma nuestras posibilidades de sobrevivir en la guerra empresarial actual.

Un Asesor de Emprendedores no es un coach, no es un mentor, no es un… es algo diferente, se parece más a un Ayudador, a un Compañero (en su acepción trashumante), alguien que te entiende porque ha estado igual que tú estás ahora, alguien que no ha perdido la ilusión pero sí ha dejado de ser iluso, alguien capaz de andar a tu lado una vez que ha visto coherente tu objetivo (aunque éste no sea necesariamente alcanzable en términos absolutos) y que ve posible en el mapa la ruta que pretendes recorrer (aunque sepa con certeza que mapa y territorio no son sinónimos).

A veces sólo preparará contigo el viaje, a veces caminaréis juntos los primeros tramos cual ciego y lazarillo, pero jamás decidirá por ti, sólo te dará su opinión -fundada pero subjetiva- y, cuando menos te lo esperes, estarás caminando solo, aunque extrañamente, notarás que siempre, de un modo u otro, él está a tu lado.

Inversión o gasto, ambos imprescindibles en cualquier proyecto emprendedor, la clave es que sean oportunos y posibles. Si ‘comprar experiencia emprendedora’ es una u otra cosa no importa, lo importante es que el ‘género’ sea de la mejor calidad y que tú puedas pagarlo.

Dentro de menos años de los que te imaginas, tú podrías volver de una guerra infinita, herido pero vivo, con el firme convencimiento de que la experiencia y las cicatrices han valido la pena y que merecen ser contadas. 

Dentro de pocos años otros te mirarán a los ojos y verán en ti algo que tienen mucho valor: el haber estado allí y haber aprendido. 

Ahora sólo se trata de ponerle precio a esa mirada…  

domingo, 28 de septiembre de 2014

I+D, PUTAS Y COCAÍNA

“Hijo mío, si quieres robar mucho, pero mucho, estudia contabilidad”

Como si decidiésemos rebuscar en los bolsillos de un viejo abrigo, los españoles nos hemos encontrado con 26.193 millones de 2013 que ni siquiera sabíamos que estaban allí.

La paradoja es que no encontramos los billetes. Aparentemente, cuando miramos dentro de esos  bolsillos, estos parecen estar llenos de dinero, pero cuando metemos la mano para cogerlos no logramos agarrar ni un mísero ‘bin Laden’ .

Lo bueno es que, ahora que llega el invierno, podemos ponernos de nuevo el abrigo y dirigirnos a cualquier banco donde veremos como, de forma casi milagrosa, nuestra capacidad de endeudamiento ha aumentado sin razón aparente.

Somos los mismos pobres de siempre pero vestidos con un viejo abrigo lleno de un montón de dinero que se puede ver pero que no se puede tocar y, sin embargo, sólo por eso, el director de nuestra sucursal bancaria que hace un año nos miraba con asco, hoy nos abre las puertas de la caja de seguridad del banco para que cojamos prestada la cantidad que queramos.

O sea, que, a partir de ahora, todo ‘trapicheo’ confesable entiendo que formará parte de la contabilidad nacional, de la contabilidad “A” me refiero, ya que, se me ocurre, la contabilidad “B”  seguirá existiendo para asesinatos de estado, pago de rescates de cooperantes y, sobre todo, financiación de partidos y acopio suizo de sus dirigentes.

Me preocupa, no obstante, que estos cambios en la forma de computar el PIB inciten al ministro de Hacienda a darle una vuelta de tuerca más al tornillo que aprisiona el cuello de los autónomos en el garrote vil en el que él mismo los ha sentado.

Y digo esto porque no me parece que a los llamados “agentes sociales” se les vayan a unir muy pronto los representantes de las putas y los narcos para negociar con el gobierno mejoras fiscales o laborales para estos colectivos que, desde hoy, ya representan oficialmente el 1% de nuestra facturación anual como país.

Por tanto, sino hay intención de que los masajes con final feliz lleven IVA y de que los ‘camellos’ se integren en la seguridad social como ‘representantes de comercio’, me temo que seguiremos siendo los de siempre los que nos pongamos ‘mirando a Cuenca’ y, además, habiendo tenido que pagar de nuestro bolsillo la vaselina.

Y ya puestos a elucubrar, espero que esa ‘contabilidad creativa’ no nos traiga cierta laxitud policial en aras de lograr una cifra del PIB mayor cada año. ¡Ahora sí que vamos a tener fiestón en Magaluf!

En definitiva ¡qué bueno es poder cambiar las reglas de juego cuando vas perdiendo el partido! Por eso animo a todos a estudiar contabilidad creativa, al acabar el curso te dan un kit que, además de calculadora, incluye: balanza de precisión, condones de colores, un manual sobre I+D y una pistola. Esta última es para los que aún no os veáis capaces de robar un banco (o un país) a lo grande, desde dentro, y os conforméis con probar el sistema tradicional.
Manuel Dafonte

“El tráfico de drogas, la prostitución o el gasto en I+D+i y militar elevan en 26.193 millones el Producto Interior Bruto (PIB) de España. Así, a cierre de 2013, suma 1,049 billones con el nuevo cálculo del INE para medir la economía, y que incluye actividades no contabilizadas hasta ahora”  Fuente: El Mundo 25 de septiembre de 2014.

     

miércoles, 30 de octubre de 2013

PUTÓNOMAS

El otro día, caminando por la calle Montera de Madrid, a escasos metros de la Puerta del Sol, en una tarde noche abarrotada de paseantes, turistas, arribistas y demás fauna de diverso pelaje, me vino a la mente el despropósito de nuestro régimen especial de los trabajadores autónomos donde la mayoría de los emprendedores estamos porque no nos queda más remedio y donde a las prostitutas que, en ese y en otros muchos lugares de España, prestan, sin ningún interés, por cierto, sus servicios sexuales a todo aquél que esté dispuesto a pagar el precio que piden, no les dejan entrar.

Sórdido mundo el de la prostitución, como el del autónomo, sin protección ante los desmanes, siempre pendiendo de un hilo, regateando con clientes que si la ocasión lo permitiese nunca serían tales, en riesgo de exclusión, carne de cañón de enfermedades de todo tipo y sin garantía de que en un futuro no muy lejano exista algún tipo de protección social o pensión que haga su decrepitud más llevadera. Y lo mismo le pasa a las putas. 

El modelo de las putas independientes o “putónomas” como las llamaré a partir de este momento es, sin duda, la mejor lección de gestión empresarial que cualquier emprendedor puede recibir en estos duros días de necesidad si está pensando en autoemplearse, mucho mejor que cualquier master si uno tiene la paciencia suficiente y se para a observarlas un poquito.

Haga frío o calor, estén bien o mal de salud, ellas tienen que salir a vender(se), des-vistiendo sus mejores galas, sonriendo y lidiando con una segmentación de clientes impuesta por como sople el viento ese día. La competencia es brutal, las ofertas son del tipo “yo no soy tonto” y cada día las nuevas tecnologías hacen mella en su negocio (el e-commerce de la autosatisfacción se impone por inmediatez y por precio). La administración  no les pide licencia de ‘apertura’ pero impone cada vez más peajes a sus clientes, acosándolos para que se refugien en otros vicios de mayor carga impositiva.

El emprendimiento llevado a su máxima expresión. El crudo y real emprendimiento que apenas da para calentar el lugar donde se trabaja, una horizontalidad de vuelta y vuelta que te hace sentir usado y despreciado por aquellos que te compran un pedacito de tiempo sin IVA. Lo mismo que también les sucede a las putas.

Si esto sigue así todos acabaremos siendo putónomos o putónomas. Fuera del sistema, porque el sistema nos expulsa con sus costes imposibles de pagar, levantándonos cada mañana sin perder la dignidad que a la mayoría nos viene de serie, como el coraje, luchando por nuestros hijos, por nuestros padres pero, sobre todo, luchando por nosotros mismos para hacer frente al largo invierno que todavía nos queda hasta que un día decidamos dejarlo o, simplemente, nuestra mala salud o la impaciente fiereza de la lozana juventud nos saque del mercado y nos arroje a la cuneta.

Mientras tanto, no nos queda más remedio, trabajemos a destajo pero con la conciencia muy tranquila, incluso cuando la factura de nuestros servicios de supervivencia brille por su ausencia,  y por encima de todo no nos engañemos a nosotros mismos con las manidas cantinelas de “yo lo puedo dejar cuando quiera” o “esto es temporal hasta que encuentre algo mejor” porque quizá no nos dejen salir de este agujero o quizá nunca haya nada mejor fuera de él.

Igual que Edward Lewis pudo rescatar a Vivian Ward en Pretty Woman, quizá sólo nos quede soñar, como se sueña en Hollywood, que alguna gran empresa nos saque de nuestra calle Montera particular en donde ejercemos cada día el negocio de sobrevivir y quizá nos haga ricos para siempre. 

Quizá pueda sucedernos a alguno de nosotros pero si es a ti al que le pasa, no te olvides nunca de todos los que nos quedamos atrás, arropados por la tenue luz de una farola parpadeante que alarga las sombras casi tanto como nuestra miseria.      

domingo, 27 de octubre de 2013

APRENDER Y DEJARSE ENSEÑAR

Hace unos días, en una entrevista que me hicieron en RTVE, tuve la ocasión, una vez más, de insistir en la importancia de aprender del fracaso y en la necesidad que todo emprendedor tiene de contar con un mentor que haya fracasado y haya hecho lo propio.
Si emprendes tienes un 90% de posibilidades de fracasar, tu éxito será fracasar rápido y barato. La victoria radica en quedar levemente herido para poder levantarte e intentarlo de nuevo.
Si emprendes de la mano de un mentor que haya emprendido, que haya fracasado y, sobre todo, que haya aprendido de todo lo anterior, tus probabilidades de fracaso bajarán hasta el 50%.
Autoestima emprendedora toda, soberbia ninguna. Los que más saben más se dan cuenta de que les falta todo por aprender. Déjate acompañar una parte del camino y, si puedes, incluso permite que, antes de salir a caminar, alguien que tenga las suelas de sus zapatos desgastadas prepare contigo el viaje.    

http://www.rtve.es/alacarta/audios/la-lanzadera/lanzadera-17-10-13/2071442/

viernes, 6 de septiembre de 2013

LA SOMBRA DEL DESTINO


Lo peor que te puede pasar en la vida es no ser el protagonista de tu propia existencia. O quizá todavía haya algo peor: haber sido protagonista y ahora estar al otro lado del espejo, en un mundo paralelo con apariencia de mundo real.

Mi amigo Moisés Durán en su libro "La sombra del destino" hace un reconocimiento a los héroes silenciosos y me elige a mí (que no soy ningún héroe ni, por supuesto, me gusta estar callado) como hilo conductor de sus metáforas.

Justo antes del Epílogo, una frase entrecomillada avisa a navegantes "Las revoluciones comienzan cuando los amotinados ya no tienen nada que perder" Y yo quiero liderar la revolución en el País de Los que no existen, porque creo que tengo mucho que ganar y porque, habiendo perdido todo lo material, me queda lo verdaderamente importante para iniciar revoluciones: el amor, los sueños, la ilusión para ir a por ellos, la capacidad de aprender y la de enseñar a otros a no cometer mis mismos errores.

Agradezco a Moisés la gran oportunidad que ofrece a mis hijos con su libro para el día en que estos sean mayores: la oportunidad de que puedan conocer otra versión de su padre, una contada por alguien que podría haber hecho libro la vida de muchos otros pero que decidió que yo podía representar una serie de valores más o menos necesarios en el mundo de hoy.

Recuerdo como en el entierro de mi padre pude completar la esencia de su verdadera personalidad que, si bien intuía excepcional, cuando algunos de sus amigos que habían estado con él, en una época en la que yo ni siquiera había nacido, me contaron lo que pensaban y recordaban de su persona, ya no tuve duda alguna de quién había sido.

Gracias a "La sombra del destino" y a Moisés, mis hijos no velarán mi cadáver sin saber que el padre que veían al otro lado del espejo no se metió allí para alejarse de ellos. Sólo confío en no tener que obligarles a pagar mi entierro, porque ya bastante tendrán en ese luctuoso momento con repudiar mi herencia material cargada de deudas.

Mientras tanto, como decía la canción, seguiré viviendo 'a mi manera', en un carpe diem maravilloso que, por lo vivido hasta hoy, siempre ha alimentado mi pasado de buenos recuerdos y de mejores amigos. Amigos como Moisés con los que será un orgullo compartir un trocito de mi 'revolución'  a cambio de poder seguir disfrutando de su amistad y de su gran sentido del humor.  




    

lunes, 1 de julio de 2013

GALATEA *

El mito del emprendedor, la mitología del emprendimiento.

No se trata de crear nuestra Galatea, pero sí de encontrar algo que se le parezca lo máximo posible, varias veces, las veces que haga falta.

El emprendedor, cual Pigmalión, sueña con una empresa capaz de hacerle feliz, un lugar en el que el éxito económico y el placer de trabajar se combinen el máximo tiempo posible.

La realidad que suele encontrarse es otra: si emprende algo que le hace feliz puede que no sea sostenible a largo plazo o que, simplemente, no satisfaga sus expectativas de beneficio económico razonable. Si es muy rentable a corto puede que no tenga nada que ver con su felicidad y que, a medio plazo, cuando el negocio deje de serlo, al emprendedor no le quede nada a lo que agarrarse.

Muy pocas veces los ‘dioses’ se apiadan del emprendedor concediéndole cumplir su sueño y haciéndole ganar mucho dinero en un negocio que sea fuente de felicidad duradera.

El enfoque emprendedor deberá ser otro, deberá alejarse del mito a largo plazo porque lo único que conseguirá es enamorarse de una estatua que nunca cobrará vida por mucho que sueñe.

Se trata de ‘esculpir’ una Galatea tras otra, sin enamorarse de ninguna de ellas, se trata de crear una empresa equilibrada, donde felicidad y rentabilidad estén presentes en dosis aceptables, se trata de dejar marchar a una Galatea cuando notemos los primeros signos de agotamiento, se trata de prepararnos para recibir a una nueva Galatea que nos lleve de la mano hasta la siguiente.

Seremos emprendedores sucesivos por necesidad, capaces de reinventarnos para sobrevivir a nosotros mismos, a la desidia,  a la displicencia,  al hastío. No dispondremos de grandes cantidades de dinero con las que podamos comprar el derecho a llamarnos inversores, nuestro tiempo estará limitado a 86.400 segundos diarios con los que, por mucho que lo intentemos, no lograremos trabajar con éxito en más de dos proyectos empresariales al mismo tiempo y, por eso, nunca seremos multiemprendedores aquí y ahora.

Seremos monógamos sucesivos por necesidad, observaremos la poligamia emprendedora instalados, si cabe, en un concubinato ocasional con algún negocio al que no podremos atender como “manda la ley”, y deberemos estar preparados para asumir  todo ello.

Viviremos más y deberemos trabajar mucho más tiempo, seamos emprendedores precoces o tardíos tendremos que adaptarnos, cambiar de Galatea las veces que haga falta, aprender a gestionar el fracaso (probablemente un hecho objetivo mucho más recurrente en nuestra larga vida empresarial que la fútil sensación de éxito).

Empecemos por tanto hoy mismo a esculpir nuestra próxima Galatea, enamorémonos de cada golpe de cincel y del polvillo que se fundirá con el sudor de nuestro rostro. Disfrutemos con la  imperfección de la obra y hagamos que el mercado valore cuanto antes sus atributos y su belleza intrínseca aún sin pulir.

Emprendamos sin que la incertidumbre sea un lastre, al fin y al cabo ya sabemos que, tarde o temprano, tendremos que emprender de nuevo.

Enamorémonos mucho más de la idea de emprender que del sueño de un emprendimiento perfecto que nunca existirá, o que, por etéreo, apenas podremos disfrutarlo un leve instante antes de ver como se volatiliza ante nuestros ojos inundados de lágrimas y mitología. 

                                                  
*Pigmalión, rey de Chipre, buscó durante muchísimo tiempo a una mujer con la cual casarse. Pero con una condición: debía ser la mujer perfecta. Frustrado en su búsqueda, decidió no casarse y dedicar su tiempo a crear esculturas preciosas para compensar la ausencia. Una de estas, Galatea, era tan bella que Pigmalión se enamoró de la estatua.
Mediante la intervención de Afrodita, Pigmalión soñó que Galatea cobraba vida. En la obra Las metamorfosis, de Ovidio, se relata así el mito:
Pigmalión se dirigió a la estatua y, al tocarla, le pareció que estaba caliente, que el marfil se ablandaba y que, deponiendo su dureza, cedía a los dedos suavemente, como la cera del monte Himeto se ablanda a los rayos del Sol y se deja manejar con los dedos, tomando varias figuras y haciéndose más dócil y blanda con el manejo. Al verlo, Pigmalión se llena de un gran gozo mezclado de temor, creyendo que se engañaba. Volvió a tocar la estatua otra vez y se cercioró de que era un cuerpo flexible y que las venas daban sus pulsaciones al explorarlas con los dedos.
Al despertar, Pigmalión se encontró con Afrodita, quien, conmovida por el deseo del rey, le dijo "mereces la felicidad, una felicidad que tú mismo has plasmado. Aquí tienes a la reina que has buscado. Ámala y defiéndela del mal". Y así fue como Galatea se convirtió en humana.

                                               Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Pigmali%C3%B3n