Vistas de página en total

martes, 3 de mayo de 2016

EL 'JUEGO' DE EMPRENDER

Hace unos días un desconocido se acercó a mí y, en voz muy tenue, me dijo "Platón tenía razón, se aprende más de un individuo en una hora de juego que en un año de conversación. Ha sido un placer conocerte"

Habíamos acabado una sesión de "El 'Juego' de Emprender", el último proyecto en el que estoy metido desde hace unos meses.

Tras muchas charlas sobre emprendimiento (escuchadas e impartidas) se me ocurrió que tendría que existir una fórmula diferente, divertida y más participativa para divulgar lo que, de verdad, significa emprender en España.

Y me acordé de que había sido niño. Y me acordé de lo que me gustaba jugar. 

Desde esos recuerdos sólo era cuestión de tiempo que me encontrase con la oca y el parchís como juegos de mesa determinantes en mi infancia. Juegos que me enseñaron a ganar y a perder, que me enseñaron lo que significa 'hacer trampas' y lo que es la 'suerte'.

¿Por qué no? Por qué no iba a poder adaptar uno de esos juegos a mi tarea habitual de hacer que los demás no cometan los mismos errores que yo. 

Y ya estamos aquí. Jugando a una 'oca' muy especial. Una en donde se dice que "De Reto a Reto y tiro porque me arriesgo". Una en donde el azar nos va obligando a dar nuestra opinión sobre muchos temas que conforman el emprendimiento.

El 'Juego' de Emprender. Un camino. Una metáfora. Podríamos pasarnos horas y horas jugando y siempre aprenderíamos algo nuevo, porque emprender es, en esencia, estar empezando siempre, estar aprendiendo a cada paso.

El camino no ha sido fácil. Crear un juego de mesa basado en la tradicional 'oca' fue todo menos sencillo. Se trataba de no perder de vista el poder de lo simple sin que eso estuviese reñido con una esencia compleja como es la del emprendimiento.

Desde que escribí mi libro "No hay huevos. La locura de ser emprendedor en España" hace más de 4 años, desgraciadamente, las cosas en nuestro país no han cambiado mucho y, por eso, 'jugar' a emprender no es una opción. Estamos hablando de algo muy serio. 

Como dicen los anglosajones esto es un "Serious Game".

Y eso es lo que he creado: un juego muy serio pero muy divertido. Un juego donde todos enseñan y todos aprenden. Un juego donde emerge la esencia de cada participante en su competitividad, en sus dudas, en sus sentencias. 

Ahora tengo una herramienta más en mis manos, especialmente para aquellos que prefieren jugar a  leer sobre emprendimiento,  una herramienta que pongo a disposición de todos aquellos que quieran usarla para lo mismo que yo: divulgar el verdadero emprendimiento que puede llevarse a cabo hoy en España.

Si quieres que te enseñe como utilizar El 'Juego' de Emprender sólo tienes que llamarme.

www.eljuegodeemprender.com






viernes, 15 de enero de 2016

ÉPICA EMPRENDEDORA

El pasado mes de agosto, un sudanés de 40 años cruzó a pie los 50 kilómetros del Eurotúnel. 

A oscuras. Solo. 

Abdul culminaba así una travesía de más de 7.000 Km que había iniciado en su africano país natal hacía más de dos años.

Cuando vio la luz del ‘brillante’ sol inglés, que tanto había soñado, fue convenientemente detenido por ‘obstruir’ la circulación ferroviaria.

Metáfora del emprendedor: travesías épicas con finales inciertos.

Emprender es ponerse en marcha movido por una ilusión. 

Abdul se puso en marcha soñando con una vida mejor. Una vida que empezaría de nuevo en un lugar del que sabía mucho menos de lo que imaginaba.

Emprender es caminar sin parar, desviarse para sortear obstáculos aunque ello te aleje del objetivo y te obligue a recorrer mucha más distancia y a gastar muchos más recursos de los inicialmente previstos.

Abdul no dejó de caminar por desiertos y carreteras infinitas, pero también tuvo que nadar, escalar, esconderse… sólo le faltó volar.

Emprender es saber que, en los momentos de máxima oscuridad, estarás solo, aferrado a la poca esperanza que todavía guardas en tu corazón y que te dice que es mejor seguir que abandonar, aunque tu cerebro piense lo contrario.

Abdul es negro. Dentro del Eurotúnel. 
No sabe cuántos kilómetros ha recorrido ni los que todavía le quedan por recorrer. Siente bajo sus pies intensos temblores y sobre su cabeza una gran presión. Confunde alguna gota de su propio sudor con algo que le aterroriza, sabe muy bien lo que hay unos cientos de metros más arriba.

El emprendedor, invisible. Mimetizado con el entorno para sobrevivir. Angustiado por lo inestable de su situación, presionado por las miles de normas y leyes que debe cumplir sin ni siquiera conocerlas, espadas de Damocles con hojas bien afiladas. También suda.

Abdul se adhiere a la pared del túnel. De pronto todo se ilumina. Siente como si algo o alguien quisiera succionarlo y llevarlo consigo. Hacia el final. 
Otro tren ha pasado. Sabe que nadie le ha visto. Se despega y sigue caminando.

El emprendedor siempre en la cuerda floja. Un mínimo tropiezo y todo acaba. Trágicamente. Salvando puntos de partido, siempre de forma heroica. Muy cansado de un entorno hostil, una realidad no hecha para él. Con ganas, muchas más de las que sería capaz de reconocer públicamente, de que todo acabe.

Abdul abre los ojos. Despierta lentamente de una negra pesadilla. En realidad siempre los tuvo bien abiertos y la pesadilla no acaba nada más que de empezar. La luz del día en Inglaterra es casi oscuridad. Se escabulle alejándose de lo que pudo ser su tumba y corre hacia el que cree que será su hogar.

El emprendedor y sus momentos de esperanza. Insignificantes alegrías de las que nutrirse. 

Abdul es libre. Por unos instantes.
La policía británica comprueba que su rostro casi coincide con el que grabaron las cámaras de seguridad ubicadas en el acceso francés del Eurotúnel hace unos días, y que coincide exactamente con el que facilitaron las cámaras del lado británico. Un rostro de miedo y determinación frente a otro de cansancio y alegría. Ambos de Abdul.

El emprendedor cree muchas veces que lo ha conseguido. Más tarde se da cuenta de que no.
Su objetivo cambia, se minimiza, se empequeñece con los años. Al principio el mundo era su meta, no había límites. Hoy su meta es sobrevivir. La travesía en la oscuridad ha sido muy larga. Nada que reprocharle.

Abdul comparecerá ante un tribunal británico. Con suerte y con la ayuda de alguna ONG no será deportado. Ya se ha dado cuenta de que su sueño no coincide con su realidad. Es lo que hay. En el lugar de donde procede no te imputan, te matan. Aquí, por lo menos, mueres por tus propios medios.

Emprender es creer que no hay otra forma mejor de ganarse la vida. Se trata de ponerse en camino hacia un destino ilusionante que, cual horizonte, se aleja más y más según caminas. 

Emprender es realizar imposibles, hacerte amigo de la oscuridad, amanecer en lugares desconocidos, sobrevivir en vez de ‘supervivir’. 

Hay que tener poderosas razones para cruzar andando y en plena oscuridad un túnel de más de 50 kilómetros excavado bajo el mar. 

Y también para emprender, aunque en este último caso, la necesidad por si sola nunca será suficiente razón, sólo la pasión te podrá salvar de los muchos ‘trenes’ que intentarán atropellarte. Si no la tienes, no cruces.

martes, 22 de diciembre de 2015

¡AMANECE 2016! Y es mucho...

Se acabó. El 2015. Y vaya final de año. “Vive momentos interesantes” decía un oriental muy famoso hace muchos años.

Probablemente mirarás atrás estos días y buscarás entre la bruma de tus ojos a personas que ya no están. 

Recordarás, muy difuminado, el principio de un año que se presentaba ilusionante y que, tocando a su fin, quizá no lo fue tanto.

Ya estarás mirando hacia el 2016 dando por terminado el tiempo de descuento en el que se mece el 2015 tras el sorteo de la lotería.

Buscarás excusas para justificar lo injustificable y te apuntarás éxitos que, lo más probable, no fueron más que un golpe de suerte.

Seguirás cabreado con el sistema aunque hayas votado para cambiarlo. Te rondarán ideas revolucionarias que podrían rozar principios de acción anarquistas. Nunca las llevarás a cabo.

Y después de oler el incienso, de seguir preguntándote ¿qué es la mirra? y de no ver el ‘oro’ por ningún lado, seguirás caminando hacia la idea de que el año que empieza (esta vez sí) será tu año.

Estás vivo, a pesar del gobierno. Eres como el conejito (autónomo) del anuncio al que no se le agotaban las pilas o, al menos, duraban hasta que el resto de sus congéneres (empleados y funcionarios) caían rendidos (cansados) a sus pies.

Y por muchos momentos de zozobra que sabes que tendrás, estás dispuesto a luchar por alcanzar este nuevo año el espejismo de un oasis que hace mucho tiempo comprendiste que, no sólo no tiene agua, sino que ni siquiera guarda su reflejo.

Eres mucho más importante de lo que imaginas. Regocíjate (nunca una palabra significó tanto como su compleja grafía), la humanidad depende de ti. No es broma. Sin tu esfuerzo y tu lucha callada en formato ‘open 24 hours’ la tierra dejaría de girar.

De nada te servirá pedir a los magos de oriente que te traigan una cuota de autónomos proporcional a lo que facturas, un verdadero IVA de caja, un plazo de cobro de facturas que se cumpla, financiación sin pactos con el diablo, segundas oportunidades, menos leyes y más reconocimientos, será mejor que les pidas “que la fuerza te acompañe” porque si dejas de ‘pedalear’ incluso la bici estática que cabalgas se irá al suelo.

Acabas el 2015  “… que no es poco” y ¡Amanece el 2016! “… que es mucho”

2016: un arco iris sin gobierno, un invierno enquistado en la primavera, un dólar de mentira, sirios como troyanos, el petróleo barato pero proscrito por sus gases, Fidel más cerca de Florida, Obama más lejos de Guantánamo, Putin equidistante de sí mismo, santas las guerras de únicos soldados, catástrofe natural (que ya toca), grandes hermanos actuando para grandes primos y, en medio de todo lo anterior: tú. Náufrago aferrado a la endeble tabla de tu ilusión, la de no morir ahogado por las deudas que todavía no has contraído.

Cuéntame tu vida que no me la creeré… Nadie puede sobrevivir a tantas penurias y llevar puesta la sonrisa en la cara.

Escuchas música de futuro y, rápidamente, tus pies se ponen en movimiento hacia la pista de baile. A gastar batería (es tu sino de conejito). 

Oigo algo. ¿Lo oyes tú también? Es la música del amanecer. Prepárate para danzar. Prepárate porque el año próximo creo que es Requiem Rock lo que estará de moda. 

Ocaso o Alba, da igual, que el próximo año te coja bailando.  “Que es mucho”

jueves, 17 de diciembre de 2015

THELMA Y LOUISE

Aunque el 2015 no podrá ser analizado en toda su dimensión histórica hasta después del 20 de diciembre, la realidad es que, como se dice popularmente “está todo el pescado vendido”.

En lo que se refiere a los buenos -y malos- propósitos que cada uno se hubiera hecho cuando iba tomando las uvas hace casi doce meses, tiempo es de reconocer que, muy probablemente, no se han cumplido.

No importa, en unos días, se podrán formular de nuevo y, año tras año, volveremos a tener la ocasión de incumplirlos y de reformularlos una y otra vez.

En lo personal. Porque en lo empresarial, muy probablemente, si los objetivos mínimos no se han cumplido, no volverán a sonar campanadas que nos permitan empezar de nuevo.

Tampoco pasa nada, es tiempo de cambio y, muy probablemente, el 2016 será tiempo de neoemprendedores a la fuerza, de subida de cuota de autónomos, de ver alejarse todavía más cualquier atisbo de jubilación pagada, tiempo de copagos y, sobre todo, tiempo de agotamiento.

El 2015 nos ha dejado exhaustos, sin fuerzas para procrear y con ganas de morir (lo dice el INE, España -y Galicia más- pierde población a marchas forzadas). 

Estamos agotados de emprender. Y por eso somos optimistas: cada día, al abrir la verja de nuestros negocios, sonreímos porque sabemos que nos queda un día menos para acabar con este calvario.

Vivimos en una eterna mentira, aferrados a la ilusión de ‘esto va mejorando’, deglutiendo libros de autoayuda, charlas de gurús de medio pelo y pastillas (no siempre azules). 

Y pasa la vida. Rápido. 

Miramos atrás y nuestra mala memoria incluso es capaz de fabricar ‘buenos recuerdos’ de esos momentos de ilusión en los que empezábamos con un proyecto que nos iba a hacer ‘ricos’.

Echamos la culpa a factores externos, hacemos autocrítica (menos) y buscamos una razón para nuestro desencanto: nunca llegaremos a ningún sitio ni remotamente parecido al que nos habíamos imaginado.

Pero estamos atrapados. Autónomos atrapados. ¡Qué poco autónomos somos!

No hay libertad sin capacidad económica para tomar decisiones. Sólo pedaleamos. En una bicicleta sin ruedines. Una diabólica bicicleta que consume todas nuestras fuerzas porque siempre pedaleamos cuesta arriba y sabiendo que, si paramos de pedalear, la caída es real, inexorable y  dura, muy dura, por definitiva.

Nuestros placebos son la familia, los amigos, la pareja, el amor, los paisajes, la religión, la lluvia, un buen cocido o una cerveza. 

Nuestro refugio es el presente, del que ni siquiera somos conscientes. Un lugar en donde podríamos ser felices y que desaparece ante nosotros al instante.

Entonces ¿qué sustancia adictiva contiene esto del emprendimiento para que sigamos enganchados?

¿Por qué no podemos desintoxicarnos?

Pues porque la voluntad de hacerlo es inferior a la necesidad de conseguirlo.

Nada iguala la sensación de ser dueño de tu destino, aunque sea sólo por un segundo. 


Ser feliz intentándolo sólo cabe en la cabeza de unos locos que, cual Thelma proponiendo a  Louise que arranque el coche o Louise acelerando mientras coge a Thelma de la mano, saben el final de la historia de antemano y, aún así, prefieren seguir viajando.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

COMPRAR EXPERIENCIA

Roger Schank, considerado uno de los pedagogos más influyentes del mundo y autor del concepto “Aprender es hacer” afirma que “…la experiencia es el mejor motor del aprendizaje” y, estando de acuerdo con él, yo voy más allá, y digo que, cuando no tienes experiencia, el mejor camino hacia el éxito es ‘comprar’ la experiencia ajena.

Tras muchos años como empresario he atesorado esa experiencia necesaria que me cualifica como Asesor de Emprendedores, mi ocupación actual. 

Un Asesor de Emprendedores, metafóricamente, es una persona que ha ido a la guerra, ha luchado en suficientes batallas como para saber que no todas se ganan, ha sido herido de mayor o menor gravedad y, cuando decide pasar a la reserva, es capaz y desea transmitir su experiencia bélica real a otros que, como él, son tan valientes (o tan locos) como para querer pelear en nuevas guerras.

A veces, los nuevos soldados no quieren escuchar, ya sea por el impulso de la juventud o porque algunos, tras años en otras ocupaciones ajenas al ejército, se han visto obligados a alistarse creyendo que sus conocimientos teóricos o la experiencia sobre otras materias les garantizarán la supervivencia, lo cierto es que en muchos casos “comprar experiencia emprendedora ajena” les parece un gasto inútil.

Por supuesto que alguno de estos últimos sobrevivirá, incluso será condecorado, pero muchos de ellos, viéndose años después en un espejo que les devuelve llenos de cicatrices, seguro que se arrepentirán de no haber invertido un poco de su presupuesto en ‘comprar experiencia’ y evitar tanto dolor.

Soberbia emprendedora, la que todos, por una u otra razón, tuvimos alguna vez. Soberbia que de no transformarse rápidamente en humildad socrática (sólo sé que no se nada) merma nuestras posibilidades de sobrevivir en la guerra empresarial actual.

Un Asesor de Emprendedores no es un coach, no es un mentor, no es un… es algo diferente, se parece más a un Ayudador, a un Compañero (en su acepción trashumante), alguien que te entiende porque ha estado igual que tú estás ahora, alguien que no ha perdido la ilusión pero sí ha dejado de ser iluso, alguien capaz de andar a tu lado una vez que ha visto coherente tu objetivo (aunque éste no sea necesariamente alcanzable en términos absolutos) y que ve posible en el mapa la ruta que pretendes recorrer (aunque sepa con certeza que mapa y territorio no son sinónimos).

A veces sólo preparará contigo el viaje, a veces caminaréis juntos los primeros tramos cual ciego y lazarillo, pero jamás decidirá por ti, sólo te dará su opinión -fundada pero subjetiva- y, cuando menos te lo esperes, estarás caminando solo, aunque extrañamente, notarás que siempre, de un modo u otro, él está a tu lado.

Inversión o gasto, ambos imprescindibles en cualquier proyecto emprendedor, la clave es que sean oportunos y posibles. Si ‘comprar experiencia emprendedora’ es una u otra cosa no importa, lo importante es que el ‘género’ sea de la mejor calidad y que tú puedas pagarlo.

Dentro de menos años de los que te imaginas, tú podrías volver de una guerra infinita, herido pero vivo, con el firme convencimiento de que la experiencia y las cicatrices han valido la pena y que merecen ser contadas. 

Dentro de pocos años otros te mirarán a los ojos y verán en ti algo que tienen mucho valor: el haber estado allí y haber aprendido. 

Ahora sólo se trata de ponerle precio a esa mirada…